Memoria colectiva y medios de comunicación
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Elementa es una organización feminista que apuesta por el uso creativo del derecho para aportar ... Elementa es una organización feminista que apuesta por el uso creativo del derecho para aportar al respeto y garantía de los derechos humanos en Colombia y México. (Leer más)
Necesitamos hablar de memoria colectiva y medios de comunicación
En el caso Ayotzinapa son organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación independientes quienes se han dado a la tarea de contrarrestar la narrativa oficial a través de escuchar a los familiares y amplificar sus mensajes. ¿Y los medios “tradicionales”?
Por Aurora Sánchez
22 de septiembre, 2022
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El poder tiene pánico de recordar. Esa estructura hace un culto de la desmemoria, de la amnesia colectiva. Ama el olvido. Necesita olvidar, porque olvidar es olvidarse de sí mismo, de sus responsabilidades, de su fingida ignorancia, de sus justificaciones absurdas (…)”.

Marcelo Valko, Pedagogía de la Desmemoria.

 

En unos días se cumplen ocho años de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa a manos de agentes del Estado. Ocho largos años en los que familiares y compañeros han emprendido sinuosos caminos en la búsqueda de verdad, justicia y reparación.

Ante hechos atroces como este, que marcan la historia de un país, construir memoria colectiva representa casi una obligación. La demanda suele estar enfocada en exigir al Estado la promoción e implementación de acciones que abonen al esclarecimiento de lo ocurrido y a la lucha contra el olvido, como parte de los esfuerzos por reparar a los familiares y a las víctimas de violaciones a derechos humanos. ¿Y los medios de comunicación? ¿Cómo se insertan en esta dinámica? ¿Cuál es su papel en la construcción de memoria colectiva?

En países latinoamericanos como Colombia y Argentina, hay académicos y medios de comunicación independientes que se han hecho estas preguntas y, como resultado, han puesto la mirada en desarrollar conversaciones y proyectos dirigidos exclusivamente a la memoria colectiva en casos de violaciones a derechos humanos. Ejemplo de esto es el trabajo que realiza Rutas del Conflicto, un medio independiente colombiano, que desde sus inicios se ha dedicado a darle voz a las víctimas del conflicto armado en el país, a través del periodismo de investigación y de datos.

Sin embargo, en México no se le ha dado la suficiente importancia a la relación entre la comunicación y los derechos humanos. Sí, se habla sobre acceso a la información y libertad de expresión —que sin duda son importantes en un país en el que más de 150 periodistas han sido asesinados y se clasifican archivos del trabajo de las Fuerzas Armadas bajo el supuesto de “Secreto de Estado”—, pero se han dejado de lado otros temas que versan sobre procesos de reparación a víctimas y la construcción de memoria colectiva desde medios de comunicación.

Vale la pena recuperar la observación que hace Alberto Padilla, catedrático y periodista argentino, sobre la relación entre la comunicación y los derechos humanos:  “Una perspectiva de comunicación y derechos humanos debe anclar fundamentalmente en la posibilidad de imaginar y establecer vínculos sociales-comunitarios, donde la construcción de sentidos con otros desplace al monopolio de la enunciación y la palabra como estatuto de verdad que legitima la opresión. La perspectiva de comunicación y derechos humanos es, en un sentido amplio pero a la vez estricto, una perspectiva para la emancipación”.

De esta forma, construir memoria colectiva desde los medios de comunicación abonará a la posibilidad de cimentar otros sentidos que desplacen las narrativas oficiales y que pongan en el centro las historias de las víctimas. Podemos estar de acuerdo en que los medios de comunicación, digitales y no digitales, aportan a la construcción del presente, pero ¿qué ocurre con la reconstrucción del pasado?

Y es que los medios de comunicación juegan un rol fundamental dentro de la sociedad, son fuente de información pero al mismo tiempo fungen como un aparato ideológico del Estado. Esto significa que difunden discursos construidos desde el poder con el objetivo de insertar narrativas que resultan convenientes para legitimar acciones e introducir en el imaginario colectivo historias que políticamente le son útiles.

Basta recordar el discurso del entonces Procurador General de Justicia, Jesús Murillo Karam, en el que estableció como “verdad histórica” que los estudiantes habían sido secuestrados, asesinados e incinerados por miembros del crimen organizado. Esta versión fue respaldada por varios medios de comunicación y periodistas con gran alcance nacional, como verdad única e inobjetable para sumar, desde otra trinchera, al olvido del caso y poner fin a la exigencia social que día con día aumentaba.

En el caso Ayotzinapa son organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación independientes quienes se han dado a la tarea de contrarrestar la narrativa oficial a través de escuchar a los familiares y amplificar sus mensajes. ¿Y los medios “tradicionales”? Valdría la pena comenzar a reflexionar sobre la responsabilidad que tienen con la sociedad. Su complicidad con el Estado y la narrativa hegemónica no afecta únicamente en la coyuntura, también trastoca la forma en que se construye la memoria colectiva del país.

Decir que “Fue el Estado” quien desapareció a los 43 normalistas no es únicamente un posicionamiento político, puede ser el inicio de un proceso de construcción de memoria colectiva e histórica que evite olvidar que las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales existen en México, en el que los medios de comunicación tienen un rol importante. Hablemos de ello.

* Aurora Sánchez (@aurobebe) estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en comunicación política en la UNAM. Actualmente se desempeña como Encargada de Comunicación en México de @ElementaDDHH.

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