#SEDENALeaks: de las filtraciones a la rendición de cuentas
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#SEDENALeaks: de las filtraciones a la rendición de cuentas
Cada vez se le otorgan más facultades y presupuesto a los militares, y cada vez hay un menor control o contrapeso sobre ellos, sobre todo cuando la evidencia nos muestra sus implicaciones en casos de corrupción de alto nivel y de múltiples violaciones a los derechos humanos.
Por Ricardo Reyes Márquez
3 de noviembre, 2022
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El pasado 29 de septiembre se dio a conocer la noticia de la mayor vulneración a la ciberseguridad del gobierno de México en su historia. En específico, a los servidores de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). Se trata de la extracción de más de seis terabytes de información clasificada como seguridad nacional.

Mucho se ha escrito y hablado sobre las múltiples revelaciones que han traído estas filtraciones, que no son pocas: el estado de salud del Presidente; las disputas internas entre miembros de las fuerzas armadas; el espionaje a activistas, periodistas y colectivas feministas; operaciones militares; la agenda del Secretario de la Defensa Nacional y sus encuentros con distintos funcionarios de gobierno; los vínculos de diversos presidentes municipales en el estado de Guerrero con grupos del crimen organizado; casos de abusos sexuales dentro del ejército; los presupuestos multimillonarios solicitados por la SEDENA, así como los casi 25 mil millones solicitados para nuevas responsabilidades de la Guardia Nacional; el ejército como el artífice de reformas legislativas; las múltiples violaciones a derechos humanos ocasionadas por el ejército y un gran número de casos que podríamos seguir señalando.

Dentro de todo lo que estas filtraciones nos han mostrado, pongamos especial énfasis al tema de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Los #SEDENAleaks han develado un enmarañado y complejo caso de corrupción del más alto nivel —cosa que sabíamos desde los primeros días posteriores a la desaparición—, en el que la destreza y el empeño de las autoridades y funcionarios por vender y construir una historia poco a poco se fue desvaneciendo. La encomienda era una sola, defender la “verdad histórica”.

Las filtraciones han mostrado el esfuerzo de los altos mandos militares para exculpar a las fuerzas armadas de la desaparición de los 43. De igual forma, se devela que los militares fueron entrenados para sus declaraciones y que desde las fuerzas armadas se construyó la narrativa de que la desaparición de estos estudiantes no se trató de un crimen de Estado; también, que se entorpecieron las labores que llevó a cabo el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes y desacreditaron a los padres y madres de los desaparecidos, como lo señalan comunicaciones que datan del 2015 desde la Unidad de Asesores del Alto Mando, y dirigidos al Secretario de la Defensa Nacional (entonces Salvador Cienfuegos), el General de División Humberto A. Guillermo Aguilar, quien fue jefe del Estado Mayor.

De no ser por las filtraciones ocurridas ya hace un mes, poco o nada sabríamos a ciencia cierta sobre lo plasmado en los miles de documentos que han salido públicamente, y de los que faltan por venir. Ante ello, las fuerzas armadas no se han molestado en declarar a la ciudadanía sobre lo ocurrido y sobre lo contenido en los documentos. Esto comprueba, una vez más, lo que llevamos tiempo alertando: las fuerzas armadas son una institución opaca. En consecuencia, ha sido el presidente quien ha asumido el “control de daños”, dedicándole algunos minutos al tema en sus conferencias matutinas, minimizando lo acontecido, desacreditándolo, pero no negándolo, defendiendo lo indefendible.

Las reglas de la democracia dotan a la ciudadanía de contrapesos al poder para generar un equilibrio frente a las discrecionalidades y abusos del Estado. Algunas de esas herramientas democráticas son la rendición de cuentas, la transparencia y el acceso a la información.

Un verdadero Estado de derecho llevaría a cabo procesos de rendición de cuentas y acceso a la información vía comparecencia u otras vías democráticas. Contrario a ello, el Secretario de la Defensa se negó a comparecer ante la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados que lo invitó para hablar de la extracción masiva de archivos que sufrió la SEDENA. Su negativa a comparecer es delicada y preocupante, ya que sin rendición de cuentas no hay transparencia. Posterior a este suceso, tanto el Secretario de la Defensa Nacional como el de la Marina se presentaron en un debate llevado a cabo al interior del Senado sobre políticas de seguridad del gobierno, pero ninguno tuvo participación debido a la negativa de la bancada del gobierno en turno y sus aliados. Si bien este debate no representaba una comparecencia oficial, su presencia al menos física sugeriría que en el contexto de las filtraciones tendrían alguna participación dentro del debate, si no ¿qué representó su asistencia a dicho evento?

Si existe una ausencia de estos ejercicios a días de haber sido aprobada la reforma constitucional para extender hasta el 2028 la presencia de los militares en las calles, ¿qué podemos esperar objetivamente en los años por venir? ¿Transparencia y rendición de cuentas? Resultaría ilusorio pensar que sí. Por ello resulta importante resaltar que las filtraciones no representan o significan transparencia, ni mucho menos rendición de cuentas. Las filtraciones solo demuestran lo que por años se ha perdido en la opacidad, y es justo cuando las instituciones deben transitar a la transparencia proactiva, donde a partir de la buena voluntad y en concordancia con sus obligaciones de transparencia, se informa y comunica a la ciudadanía sobre el quehacer gubernamental.

Dicho lo anterior, los riesgos más latentes se encuentran en que cada vez se le otorgan más facultades y presupuesto a los militares, y cada vez hay un menor control o contrapeso sobre ellos, sobre todo cuando la evidencia nos muestra sus implicaciones en casos de corrupción de alto nivel y de múltiples violaciones a los derechos humanos. Ejercicios democráticos como los antes señalados dotan de certeza y garantías a la ciudadanía, para así poder aspirar a un verdadero estado democrático de derecho. Sin estas herramientas, se cede terreno al autoritarismo y a las discrecionalidades.

Los pilares democráticos se están viendo fracturados y minimizados por caprichos que atentan contra una debida gobernanza, y el autoritarismo cada vez cubre más terreno. El riesgo se ha visibilizado y advertido desde el primer día en que el presidente presentó su plan de profundizar la militarización del país y de la creación de una Guardia Nacional que simula ser un cuerpo de seguridad civil, cuando a todas luces es de corte militar y cuyo destino resultó en su incorporación a la Secretaría de la Defensa Nacional. Acciones se han emprendido y se seguirán emprendiendo para defender la democracia, pero ante una negación de la realidad y de la evidencia, el camino es cuesta arriba en una carrera de larga distancia de esta realidad surrealista.

* Ricardo Reyes Márquez (@vegetable0000) es coordinador de Investigación en Elementa DDHH.

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