Mujeres trans en contacto con el sistema penal mexicano
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Intersecta es una organización feminista dedicada a la investigación y a la promoción de polí... Intersecta es una organización feminista dedicada a la investigación y a la promoción de políticas públicas para la igualdad. (Leer más)
Resistiendo en los márgenes: mujeres trans en contacto con el sistema penal mexicano
Además de vivir altos niveles de discriminación, el 72.2% de las mujeres trans privadas de la libertad reporta haber vivido algún tipo de agresión por parte de las autoridades que realizaron su detención. ¿Qué es lo que sabemos acerca de las experiencias de las mujeres trans que entran en contacto con el sistema penal?
Por Adriana E. Ortega y María Fernanda Torres Montañez
18 de mayo, 2022
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De los poquísimos datos estadísticos que existen en México sobre personas trans,1 la Encuesta sobre Discriminación por Motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG) 2018 arroja algunos indicios importantes respecto a las experiencias de vida de las mujeres trans. Desde su familia de origen, un tercio de ellas indican que al momento de hablar por primera vez sobre su identidad de género, la respuesta de su familia fue de rechazo total. Adicionalmente, 25.9% reportó haber vivido agresiones físicas en su contexto familiar durante su adolescencia y 64.9% recibieron comentarios negativos y ofensivos acerca de su identidad de género. Por esta razón, alrededor del 25.2% de ellas dijo haber salido de su hogar antes de cumplir los 18 años. En cuanto a incidentes de discriminación en su vida cotidiana, el 33.2% dijo haber vivido algún incidente en su barrio o comunidad, el 39% dentro de su lugar de trabajo y el 40.8.% ha dicho que en servicios de salud les han humillado o tratado mal.

¿Observamos un patrón acá? La discriminación y exclusión forman parte de la cotidianidad de gran parte de las mujeres trans. Muchas de ellas se quedan sin el apoyo de sus familiares o amistades a la hora de transicionar o de expresar su identidad de género. En el caso de aquellas que viven situaciones de especial vulnerabilidad, la probabilidad de que sean criminalizadas en algún punto de su vida aumenta de forma considerable. La propia ENDOSIG indica que el 35% de las mujeres trans han sido interrogadas por la policía sin motivo aparente y tres de cada diez indican que han vivido agresiones físicas o verbales, así como detenciones arbitrarias por agentes de seguridad.

Con esto en mente, desde Intersecta nos dimos a la tarea de tratar de conocer algunas de las experiencias comunes que viven las mujeres trans al tener contacto con el sistema penal, desde las detenciones hasta la privación de su libertad. Para esto, analizamos la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2021, 2 la cual incluye como variable sociodemográfica la identidad de género de las personas en prisión, siendo la primera encuesta en México de este nivel que contempla este tipo de información. También entrevistamos a la activista Kenya Cuevas, directora de la organización Casa de las Muñecas Tiresias, 3 para que nos contara su propia experiencia como mujer trans exprivada de la libertad, así como las vivencias de las mujeres que acompaña en su día a día.

¿Cómo se realizan las detenciones?

De entrada y de manera general, más de un tercio (36%) de las detenciones son efectuadas por la Policía Estatal Ministerial. En el caso de las mujeres trans, esta proporción es un poco más alta, con casi el 40%; de igual forma, hay mayor registro de detenciones hechas por la Policía Federal Ministerial y la Policía Federal. 4 En su mayoría (82.7%), estos arrestos no se realizan con una orden de detención (82.7%), sino que varios se encuadran en los supuestos de flagrancia (35.5%) o después de que a las personas se les realiza una inspección (9.9%). Al analizar los casos que sucedieron en circunstancias no justificadas legalmente, podemos ver que la mayor parte de la población trans fue detenida sacándola del lugar en donde se encontraba.

A pesar de haber sucedido hace más de 20 años, el testimonio personal de Kenya ilustra este modo de operación de las autoridades. Ella fue detenida por agentes de seguridad federales:

“A mí me detuvieron en un picadero de droga en Tepito donde yo estaba comprando unos puntos de droga con un aspecto de calle, toda demacrada de vivir en la calle, con costras de mugre y con mis dos piedras en la mano; obvio la clica que vendía pues aventó la bolsa al lado mío y pues a mí me acusaron de vender droga”.

Kenya también recuerda que vivió agresiones físicas y psicológicas mientras las autoridades la presionaban para declarar. En este sentido, gracias a la ENPOL también podemos conocer si la población privada de la libertad vivió algún tipo de violencia en el contexto de su arresto. Tal como lo podemos ver en la siguiente gráfica, las mujeres trans son las que mayormente reportan algún incidente de violencia —desde patadas, insultos y amenazas, hasta violaciones— con 72.2%. De manera más detallada, encontramos que, aunque se trate del menor porcentaje de las detenciones, prácticamente todas las mujeres trans que fueron detenidas por el Ejército vivieron algún tipo de agresión, seguido de alguna autoridad federal, con 80%.

Al observar estas agresiones de manera más desagregada, los datos nos indican que los niveles de violencia varían dependiendo del tipo de incidentes. Por ejemplo, el tipo más común es la violencia psicológica y, si bien las mujeres trans son las que reportan mayor incidencia, es donde encontramos menor variación entre identidades de género. Tratándose de violencia física se percibe una diferencia más marcada en el caso de las mujeres trans, ya que, por ejemplo, en comparación con las mujeres cis (38.5%), más de la mitad de ellas vivieron alguna de estas agresiones (51.1%), incluso en mayor medida que los hombres cis (48.8%).

De igual forma, este segmento es el que indica mayor incidencia de violencia sexual, con 37.2%. Específicamente, 6.7% de las mujeres trans vivieron una violación sexual antes de ser puestas a disposición en el MP. Esta proporción se encuentra muy por encima de cualquier otra.

Ahora bien, al abordar el tipo de conductas por las cuales se detuvo a las mujeres trans, el delito más común es el robo, seguido por secuestro. Si bien estos delitos son los más comunes en el caso de las mujeres privadas de la libertad, Kenya nos detalla lo siguiente:

“El fenómeno es el mismo desde todos los años que viví en la cárcel, (cuando) conocí a un transitar de personas trans que también llegaban y se iban. Ahora que voy como activista y también ahora que atiendo varios casos, la gran mayoría va por un robo simple al cliente —en el trabajo sexual—. Ese es como el único, el punto en el que siempre están involucradas y por lo regular, casi todas estas mujeres tienen un consumo de adicciones, ¿no?, un consumo de sustancias psicoactivas desde hace muchos años, que ya es crónico”.

¿Qué pasa al llegar al Ministerio Público?

Otro punto básico que analizamos a partir de los datos fue cómo llegan las personas al ser puestas a disposición. Como podemos ver en la siguiente gráfica, las mujeres trans se encuentran por arriba del promedio, al indicar que llegaron al MP con algún tipo de lesión evidente en su cuerpo. Casi la mitad (47.3%) de las mujeres trans privadas de su libertad reportan que llegaron ante las autoridades con agresiones.

Del total de las mujeres trans que llegaron con lesiones a su puesta a disposición, solamente la mitad de ellas fueron evaluadas por un médico legista. Lo que también significa que gran parte de estas agresiones no son registradas, imposibilitando que la defensa cuestione la validez de la detención. Por otro lado, la proporción de personas privadas de la libertad que recibieron asesoría jurídica se encuentra por debajo del 30%; en el caso de las mujeres trans, tan solo 24.5% de ellas recibieron algún tipo de orientación legal.

Calidad de vida dentro de prisión

Kenya también nos comenta sobre los maltratos dirigidos a las mujeres trans una vez que son privadas de su libertad.

“En los centros penitenciarios no respetan tu identidad de género. Ni la Ciudad de México. Todavía les cortan el cabello, todavía les prohíben maquillajes, todavía les prohíben cosas de mujeres, todavía les prohíben un tratamiento hormonal, todavía hay prohibiciones sobre la (expresión de la) identidad”.

En este sentido, la ENPOL también nos brinda información sobre las características de la vida dentro de la prisión. De entrada, casi la mitad de las mujeres trans dijo no haber recibido visita alguna durante el último año (2020-2021), siendo éste un factor decisivo para contar con alimento, medicinas u otros bienes básicos. De igual forma, tres de cada diez mujeres trans dijeron haberse sentido inseguras dentro de su centro penitenciario, proporción que se encuentra por encima de lo reportado por hombres y mujeres cis.

Todas estas situaciones abonan al desgaste de la salud —tanto física, como mental— de las personas. Y las manifestaciones de este deterioro resultan especialmente preocupantes. Lo que nos dicen los datos es que la población trans privada de su libertad ha pensado en quitarse la vida en mayor proporción —29.8% en el caso de hombres trans y 25.1% en mujeres trans— que los hombres y mujeres cis. De la población que lo consideró, 56% de los hombres trans y 40.5% de las mujeres trans lo han intentado.

Tanto los datos como el testimonio y la experiencia de Kenya nos brindan luz sobre lo que viven las mujeres trans que en algún momento de sus vidas llegan a ser criminalizadas. Si bien sabemos que la gran mayoría de las personas que terminan privadas de la libertad pasaron por algún tipo de abuso de autoridad, en el caso de la población LGBTI+, sobre todo tratándose de la población trans, estos abusos y agresiones se recrudecen.

¿Hay formas de mitigar estos daños?

Después de estudiar estos preocupantes indicadores de violencia y discriminación estatal, nos preguntamos cuál es la ruta a seguir para erradicar estas prácticas. Kenya nos da varias pistas:

  • Prevención y acceso a espacios seguros: con el fin de evitar que la población trans, en este caso, que las mujeres trans sean criminalizadas, Kenya nos comenta que en Casa de las Muñecas Tiresias se fundó la Casa Hogar Paola Buenrostro. Dicho recinto ha servido de refugio para mujeres trans mexicanas y migrantes. Este espacio tiene como objetivo “crear un entorno que apoye a mujeres trans que han sido víctimas de abusos, violencia y discriminación, a través de un programa integral que contempla la educación, la salud física, la salud emocional, el acceso a cultura y el empoderamiento laboral”. Kenya también nos indica que se encuentra en puerta la inauguración de otros siete albergues más en varias entidades del país. Estos no solamente se contemplan para prevenir la criminalización de este segmento de la población, sino que también buscan apoyar en su proceso de reinserción a las mujeres exprivadas de su libertad.
  • Acceso a una defensa efectiva: en lo que respecta a los procesos judiciales, Kenya nos comenta que, si bien desde hace un par de años hay mayor acceso a defensores y defensoras de oficio, en los procesos judiciales ella aún ha presenciado prácticas de corrupción y negligencia. Muchos de los casos, como ya lo mencionamos anteriormente, se dan en contextos de detenciones arbitrarias, plagadas de agresiones y tortura, o bien, se tratan de delitos menores, como robos simples. Si contaran con una defensa adecuada, gran parte de las mujeres trans que entran en contacto con el sistema penal no tendrían por qué ser privadas de su libertad.
  • Medidas alternativas a la prisión: en lo que respecta a las mujeres trans que ya se encuentran en prisión, Kenya nos dice que ha conocido casos en los que se les sentencia por hasta ocho años por incidentes menores, tales como un robo de $200. Estas mujeres, con un apoyo legal adecuado, podrían aprovechar los beneficios preliberacionales correspondientes, estipulados en la Ley Nacional de Ejecución Penal acortando su sentencia. Incluso podrían acceder a los beneficios del procedimiento abreviado.

Si bien hay un largo camino por recorrer, identificar dónde se encuentran los puntos críticos que contribuyen a la vulneración y criminalización de las mujeres trans representa un paso importante para comenzar a abordar el problema. A pesar de todo, ellas aún resisten en los márgenes y, como dice Kenya, su mayor venganza será ser felices.

* María Fernanda Torres Montañez (@Fera_TorresM), es estudiante del octavo semestre de la Licenciatura en Políticas Públicas del CIDE Región Centro. Adriana E. Ortega (@adriananana_) es Coordinadora del Área de Datos en Intersecta.

 

 

1 En este texto usaremos las categorías mujer y hombre cis, así como mujer y hombre trans. Los primeros se refieren a las personas cuya identidad de género y su sexo asignado al nacer son los mismos. En cuanto al término trans, entendemos que es un concepto general en el que la identidad de género y el sexo asignado al nacer son distintos. Asimismo, solo utilizaremos las identidades mujer y hombre trans, así como mujer y hombre cis, dado que la muestra es muy pequeña para analizar otro tipo de identidades.

2 Los guiones y la base de datos con los que se realizó el análisis y la construcción de las gráficas, pueden ser encontrados en este enlace.

3 En Casa de las Muñecas Tiresias, Kenya nos cuenta que principalmente realizan acompañamiento a varios grupos poblacionales en situación de vulnerabilidad extrema: personas privadas y exprivadas de su libertad, trabajadoras sexuales, personas en situación de calle, aquellas que tienen un consumo problemático de sustancias, así como quienes viven con VIH.

4 Si bien actualmente las labores de la Policía Federal fueron sustituidas por la Guardia Nacional, la ENPOL se basa en las experiencias de las personas que se encuentran privadas de la libertad. Sus detenciones pudieron haber sido en años anteriores a la existencia de este cuerpo de seguridad.

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