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Acuerdo presidencial para la liberación de personas: German Heredia Rebollar, justicia detenida
German Heredia Rebollar fue detenido arbitrariamente el 7 de junio de 2011, cuando tenía 27 años, y torturado para que se inculpara por un secuestro que no cometió. En este texto da su testimonio y pide que se haga justicia a todas las personas que como él están en una situación similar.
Por Blog Invitado
10 de septiembre, 2021
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Por: Grupo de Sobrevivientes de Tortura y Red Nacional de peritos/as y Expertos/as Independientes Contra la Tortura 

En una entrega anterior, en la que hablamos sobre los claroscuros del reciente Acuerdo emitido por el poder ejecutivo que instruye a realizar acciones para gestionar las solicitudes de preliberación de personas sentenciadas, así como para identificar casos tanto de personas en prisión preventiva y de aquellas que hayan sido víctimas de tortura 1, el Grupo de Sobrevivientes de Tortura y la Red Nacional de Peritos/as y Expertos/as Independientes Contra la Tortura mencionamos varios elementos sociales y técnicos que deberían revisarse a la luz del análisis de los miles de casos que existen en México, donde las personas han sido torturadas para obligarles a inculparse de una serie de delitos de alto impacto y han sido privadas de su libertad por varios años -muchas veces sin sentencia-, aun existiendo diversas pruebas a favor de su inocencia.

De cara a esta grave realidad, en esta ocasión toca el turno de conocer, de la voz de las y los propios sobrevivientes de tortura y de sus familias, el largo camino que ha representado para ellos/as demostrar su inocencia y lograr justicia por la tortura a la que fueron sometidos/as, la que en prácticamente todos los casos inició con detenciones arbitrarias, continuó con múltiples momentos de agresiones -tanto físicas, como psíquicas e, incluso, sexuales-, se extiende con la privación de la libertad, procesos jurídicos viciados, contradictorios y omisos, y se consolida con la indiferencia y el olvido social e institucional provocado, a su vez, por diversas estrategias de impunidad, estigmatización y criminalización desplegadas por las propias instituciones y los medios de comunicación hegemónicos.

Estos sistemas de tortura han impactado no sólo a quienes los han experimentado directamente en sus cuerpos, sino que se encarna, también, en todos y todas quienes a lo largo de los años les han acompañado: sus familias. Son estas voces las que tendrían que escuchar las y los impartidores de justicia y la sociedad en general en cada propuesta de combate contra la tortura y la impunidad, y son estas historias reales las que tendrían que interpelarnos para sumarnos a la exigencia de una verdadera justicia.

Comenzamos entonces con la voz de German Heredia Rebollar, un hombre de 37 años -hijo, hermano, esposo y padre-, quien fue detenido arbitrariamente el 7 de junio de 2011 cuando tenía 27 años, en el periodo en que Miguel Ángel Mancera era el Procurador de Justicia del Distrito Federal. Cuando se dio su detención, Germán estaba en su vulcanizadora, en la Ciudad de México; fue abordado por varios hombres que le apuntaron con armas, lo esposaron y golpearon mientras le preguntaban por una mujer secuestrada. Su madre fue detenida con él, fue también agredida y ambos fueron arraigados y reiteradamente amenazados.

Luego de un proceso tremendamente viciado, y aunque su madre salió en libertad, German fue condenado con base a “confesiones” fabricadas bajo tortura a más de 80 años de prisión, en enero de 2013; esta sentencia se redujo tras una apelación ante el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. Hoy German continúa injustamente privado de su libertad, y aun cuando existe una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México y diversos pronunciamientos, su voz y la de sus familiares no ha sido escuchada. Hoy él toma el espacio que se le ha negado durante 10  años.

Mi nombre es German Heredia Rebollar y me encuentro en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, en la Ciudad de México, desde el año 2011.

El 7 de junio del mismo año fui detenido por elementos antisecuestros de la Ciudad de México, que llegaron hasta mi negocio en la colonia Apatlaco, negocio familiar, negocio que llevaba más de 18 años de trabajo y de esfuerzo por parte de mi padre que lo inauguró; con su fallecimiento mi madre le da continuidad, y luego yo me hice cargo. En el momento en que fui detenido me encontraba estudiando una carrera técnica en electrónica.

Estos elementos de la Fiscalía Antisecuestro llegaron de un forma abrupta, sorpresiva, de una forma brusca también, derrapando sus autos y sus camionetas, apuntándome con sus armas largas desde el primer momento, gritando, amenazando, y pidiéndome que me tirara al piso; nunca se presentaron, no mostraron una orden de aprehensión o presentación, cuando llegaron de esa forma yo pensé que me querían robar, que me estaban asaltando, que me querían extorsionar, que me querían secuestrar, pero no, después resultó que era la misma policía que se supone debía estar encargada de cuidar a la ciudadanía, me entero para mi sorpresa eran mis verdugos.

Después de ser sometido, detenido, esposado, junto con personas que estaban acompañándome en mi negocio y mi madre, que también estaba en ese momento conmigo, fui subido a una camioneta donde comenzó la tortura, donde comenzaron horas de terror para mí, donde me tuvieron por seis horas aproximadamente en esa camioneta para llevarme a la Fiscalía, yo calculo que a la ubicada en Azcapotzalco son a lo máximo de dos horas a dos horas y media, aquí se tardaron seis horas. Creo que daban vueltas por la ciudad, no lo sé, no podía ver, fueron muchas horas en la camioneta que siempre estuvo en marcha, golpeándome con las manos, los pies, con sus armas, en todo el cuerpo, sentía su sudor cayéndome por el esfuerzo que ponían en golpearme, cada vez más fuerte, cuando me negaba a darles la información que querían sobre el delito que yo no había cometido.

Se fatigaba uno y cambiaban, iba uno o dos a golpearme, me ponían bolsas de plástico en la cabeza para asfixiarme, me torturaron psicológicamente al mencionarme que a mi madre también le estaban haciendo lo mismo en otra camioneta, me enseñaron fotografías de mi casa y mi familia, me amenazaban con hacerles daño si yo no les daba la información que me pedían, siempre me negué, me preguntaban qué donde estaba la persona secuestra, les decía que no sabía, cosa que los enfurecía y hacía que me golpearan más fuerte.

Hoy sé que la tortura la hacen para abrir una parte de tu mente y poder entrar en ella, y poder hacer que aceptes una situación en la que no has participado. Gracias a Dios nunca acepte la culpa, porque no la tenía.

Cuando llegamos a la Fiscalía, en las caballerizas de ese lugar me siguieron golpeando, cuando vieron que no podían hacerme firmar o aceptar la declaración, me enseñaron a mi madre, destrozada psicológicamente, anímicamente, moralmente, se desvaneció cuando me vio, quise acercarme a ella y no me dejaron. Fui presentado ante medios de comunicación como integrante de una banda de secuestradores, que fue un delito fabricado, cosa que fue terrible para mí y mi familia, porque fuimos señalados, fuimos juzgados por esa situación, es algo que nos ha afectado hasta el día de hoy.

Hemos salido adelante en estos diez años, en este lugar he estado peleando y he estado buscando demostrar mi inocencia, cosa que no debería ser así porque la justicia tendría que demostrar mi culpabilidad y no yo demostrar mi inocencia, pero así es la ley en México.

El primer año y medio fue el proceso en el juzgado 58 penal, donde la juez me sentencio a 85 años; año y medio después, en la apelación, me confirman la sentencia condenatoria, solo que ahí me quitan 59 años y la sentencia queda en 26 años; un año después reponen mi proceso mediante un amparo directo, que se resuelve para efectos, esto es que se investigará y realizará un dictamen médico-psicológico basado en el Protocolo de Estambul a Cristian Rangel Flores, otro hombre detenido porque él, en su ampliación de declaración, menciona que en su declaración inicial me señaló porque también fue objeto de tortura, y la juez del caso no lo había considerado, era su responsabilidad investigar en el momento que Cristian denuncio su tortura.

Esta investigación duro dos años más, demostrando la tortura a la que fue sometido Cristian 2, sin embargo el juez, porque hubo un cambio, vuelve a confirmar la sentencia de 26 años; un año más tarde, en la apelación, llega confirmada. Otro año más tarde, con un nuevo amparo que vuelvo a ganar para efectos, los magistrados vuelven a ordenar que se revise y se consideren los hechos de tortura y el juez vuelve a confirmar la sentencia.

El día de hoy estoy a la espera de que resuelvan el amparo directo, esperando y no perdiendo la esperanza de que se haga justicia, que pronto pueda estar en casa con mi esposa, mis hijas, con mi madre, con mis hermanas, que son víctimas también de esta situación, ellas viven de algún modo el sufrimiento de este delito fabricado hacia mí, su preocupación, parte de su tiempo y su dinero es destinado a mí. Mis hijas no han tenido un padre en casa desde hace diez años, mi hija mayor tenía seis años cuando fui detenido, mi hija pequeña nació veintiún días después de mi arresto, no han tenido un papá en casa, no he tenido la oportunidad de llevarlas a la escuela, de convivir con ellas, como debería de ser un padre en casa, solo han tenido un padre los domingos, en la prisión, y hace un año que no las veo por la pandemia, aunque sigo en comunicación vía telefónica.

Los detalles de mi tortura en esas seis horas y en la Fiscalía están registrados en los diferentes dictámenes médico-psicológicos basados en el Protocolo de Estambul, realizados por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCDMX) y la misma Procuraduría de la Ciudad de México, ambos dan elementos para aportar a la conclusión de que fui torturado; también en la Recomendación emitida por la CDHCDMX 15/2014 3, que fue aceptada en todos sus puntos, uno de ellos es la aceptación para el ejercicio de la acción penal contra los servidores públicos que participaron en mi detención y tortura, solo que la instancia a la que le tocaba investigar resolvió a favor de ellos; podíamos seguir apelando esta situación, pero en familia decidimos no continuar por el desgaste que ya había en nosotros.

Con todo lo que he podido resolver a mi favor y yo mismo comprobar mi tortura, me preguntan y me pregunto, ¿qué hago aquí todavía? Sigo esperando justicia, y espero pronto poder recibirla.

Hoy hago un llamado a las personas que están preparando el mecanismo sobre liberaciones y preliberaciones que anunció el presidente Andrés Manuel López Obrador, y al que se sumó la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y en quienes confío; alzo la voz para que estas personas hagan realmente un trabajo, sobre todo, honesto y justo hacia las personas que hemos sido detenidas y torturadas, encarceladas injustamente; hago un llamado al Presidente para que se me haga justicia a mí y a todas las personas que estamos en una situación similar. De verdad espero que mi caso sirva para que otras personas puedan no ser torturadas y no se sigan fabricando delitos.

German Heredia Rebollar.

El caso de German fue documentado también por Amnistía Internacional, en su informe Fuera de Control: Tortura y Otros Malos Tratos 4, y fue presentado y analizado en la visita del entonces Relator de Tortura de ONU, Juan Méndez, ambos en el 2014.

Escuchemos hoy la voz de Germán, alcemos la voz contra la tortura, y exijamos que los instrumentos creados desde las instituciones sean realmente mecanismos de justicia y no otra simulación más. Hoy queremos a German libre, les invitamos a sumarse a esta exigencia.

* El Grupo de Sobrevivientes de Tortura está conformado por 15 sobrevivientes de tortura liberados, 11 privados de su libertas y por 30 familiares. La Red Nacional de peritos/as y Expertos/as Independientes Contra la Tortura está integrada por psicólogas/os, medicas/os, enfermeras, abogadas/os, con presencia en Chihuahua, Guadalajara, Oaxaca, Chiapas, Ciudad de México. Sus  objetivos, documentar de hechos de tortura a través del Protocolo de Estambul, la defensa de sobrevivientes de tortura y el acompañando psicosocial a sobrevivientes de tortura y a sus familiares. Así como la capacitación, investigación y formación. Su compromiso es aportar su trabajo, conocimiento y experiencia  en la lucha contra la tortura en México. Contacto: [email protected].

 

1 Disponible aquí.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.

4 Disponible aquí

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