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Aprendiendo a proteger la biodiversidad
Perder un millón de especies afectará masivamente estos sistemas de apoyo y nos llevará al borde de una catástrofe social.
Por Leah Gerber
10 de julio, 2019
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La biodiversidad puede ser un asunto personal. Yo —más que nadie— debería saberlo: hace catorce años, un delfín en el Golfo de California me dio la noticia de que estaba embarazada de mi hija mayor.

En ese entonces, por mi trabajo como científica marina, me encontraba en esa región con un grupo de estudiantes universitarios de México y Estados Unidos estudiando el comportamiento y la demografía de los leones marinos para entender por qué algunas colonias estaban mermando, mientras que otras prosperaban. En el largo camino de regreso desde la Isla Lobos, nos detuvimos un momento para darnos un chapuzón y, ahí, se nos acercó un delfín demasiado amigable que no me dejaba tranquila. El pescador mexicano que piloteaba el barco dijo en chiste que quizás yo estaba embarazada.

Yo no tenía idea, pero él —y el delfín— tenía razón. Más adelante, volví a pensar en eso: ¿cómo sabía él lo que sabía el delfín?

A decir verdad, la detección del embarazo no es un servicio básico que provee la madre naturaleza, pero debemos reconocer que las bases sobre las que se fundó la civilización —desde la agricultura y la provisión de un suministro suficiente de agua potable hasta el aire limpio y enormes sectores de nuestras economías— sí dependen de la biodiversidad y del completo funcionamiento de esos ecosistemas. Es decir que estamos tan cerca de la naturaleza como ese pescador, incluso si vivimos en una gran metrópolis.

Por eso es tan alarmante pensar que hay alrededor de un millón de especies a nivel mundial que podrían extinguirse en las próximas décadas, de acuerdo con los hallazgos de un estudio reciente de las Naciones Unidas en el que participé sobre el estado global de la biodiversidad y los servicios de ecosistemas. Perder un millón de especies afectará masivamente estos sistemas de apoyo y nos llevará al borde de una catástrofe social. Son pésimas noticias no solo para la naturaleza, sino también para mi hija y para toda la humanidad.

Lo bueno es que todavía nos queda suficiente tiempo —y muchas oportunidades— para trabajar juntos y resolver el problema. Sin embargo, para revertir esta espiral hacia el desastre y alcanzar la sostenibilidad, se necesitarán cambios masivos en la sociedad: no se trata solo de corporaciones y grandes aparatos financieros; los consumidores, los pequeños negocios, los gobiernos locales y nacionales, las ONG y las comunidades también tienen roles fundamentales en esta tarea.

Estos son tres grandes cambios que debemos hacer en la próxima década para devolver al planeta a su curso natural:

En primer lugar, aquellos que podamos afrontar ese costo debemos repensar y reducir nuestros patrones de consumo para minimizar nuestra huella. Eso incluye consumir menos carnes y lácteos, conservar el agua, reducir el uso de papel, usar una botella de agua reutilizable, y reciclar, compartir con otros o reparar las cosas que tenemos que no están en mal estado en lugar de comprar cosas nuevas.

Si bien es vital que se tomen medidas a nivel nacional y global para contrarrestar los desafíos que enfrentan las especies y los ecosistemas, también necesitamos que las personas actúen en masa si queremos salvar al planeta. El cambio no solo debe venir desde arriba, sino que debemos impulsarlo desde abajo para concretar las transformaciones esenciales para lograr un planeta sostenible.

En segundo lugar, los gobiernos locales y las pequeñas empresas también deben ser parte de la solución. Las decisiones relacionadas con el uso de las tierras son uno de los factores más determinantes en la pérdida de especies y, en muchos países, esas decisiones se toman a nivel local y estatal. Muchas leyes, regulaciones y políticas establecidas para mitigar la pérdida de hábitats también operan a escala local. Las leyes de zonificación local pueden determinar si el desarrollo se expande o se concentra en un espacio restringido, si los esfuerzos de generación de energía hidráulica agotarán el caudal del río o dejaran que el río fluya relativamente libre. Tenemos que hacer un cambio rápido y empezar a valorar la preservación de las tierras agrícolas, adoptar medidas impositivas y estrategias de inversión que recompensen la preservación y no la devastación, y administrar los bosques privados para garantizar que sigan en buen estado de aquí a un futuro distante.

Por último, el sector privado debe sumarse al proceso. Este sector finalmente está entendiendo que la sostenibilidad es buena para los resultados empresariales. Cada vez más corporaciones toman medidas inmediatas y a gran escala para hacer frente a desafíos globales como el cambio climático, la contaminación de fuentes no localizadas y la degradación de las tierras, porque consideran que actuar para mitigar estos problemas beneficia no solo su negocio, sino también a sus clientes y a partes interesadas locales.

Sin embargo, el sector privado no está prestando ese mismo nivel de atención a la crisis global de biodiversidad. Las actividades corporativas continúan rediseñando muchos hábitats críticos para la biodiversidad —desde el Amazonas y el bosque boreal canadiense hasta los espacios de pesca en alta mar— de formas que evidencian una falta de comprensión en cuanto a qué nivel dependemos (tanto las empresas mismas como toda la humanidad) de estos recursos naturales irremplazables. La comunidad científica global tiene que hacer un mejor trabajo a la hora de compartir sus datos y análisis con el mundo. Pero, más allá de eso, necesitamos que el sector corporativo y financiero responda ante esta crisis natural al igual que lo está haciendo frente al cambio climático.

Yo soy realmente afortunada: tengo la suerte de poder estudiar la naturaleza de cerca y he visto con mis propios ojos las maravillas que puede hacer. La realidad es que todos nosotros y nuestras familias dependemos de la naturaleza, incluso si no todos tengamos la experiencia de que un delfín nos anticipe la llegada de un nuevo integrante a la familia. Cuando nos sentamos a la mesa para cenar, cuando bebemos un vaso de agua, cuando inhalamos profundo para empezar el día: esas son las maravillas de la naturaleza. Ese es nuestro sistema de apoyo. Y si no hacemos nada para proteger los hábitats y las especies de nuestro planeta, destruiremos esa red de contención que nos protege a nosotros y a nuestras familias y, entonces, no habrá tecnología capaz de arreglarlo.

* Leah Gerber (@LeahLeopold) es profesora de ciencias de la conservación en la Escuela de Ciencias de la Vida y Directora Fundadora del Centro para Resultados de la Biodiversidad en Arizona State University (ASU).

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