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¿Avispa terrible o depredador natural?
Efectivamente la avispa mandarina podría ser un problema para las abejas mieleras de México, pero aún no está presente en el país y podemos detectarla antes de su ingreso para impedir su establecimiento.
Por Ek del Val de Gortari
22 de mayo, 2020
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Los ciclos naturales de los ecosistemas implican que todos los seres vivos estamos intrincados en una red de interacciones, en donde unos se comen a otros, haciendo una regulación de las poblaciones al impedir que una sola especie domine el mundo. Si no hubiera leones, ¿cómo se controlarían las poblaciones de gacelas e impalas en las planicies del Serengueti? El tamaño de las hordas de herbívoros sería de tal magnitud que acabarían con la vegetación, el suelo se erosionaría y el sistema colapsaría.

Lo mismo ocurre con todos los depredadores, grandes y pequeños, incluidos los depredadores insectos como avispas, hormigas y chinches. Así las noticias alarmistas de la llegada de una terrible avispa que acabará con todas las abejas mieleras nos plantea un panorama apocalíptico que debemos analizar con cuidado. Para empezar la “terrible” avispa mandarina (Vespa mandarinia) se encontró el año pasado en Vancouver, Canadá, y en Washington, EUA, a más de 2,000 km de la frontera con México y además fueron pocos individuos de dos colonias que inmediatamente fueron destruidas, por lo tanto no es una amenaza inminente que está en nuestras puertas como lo ha sido el SARS CoV 2. Traigo este virus a colación, porque de no haber sido por la situación anormal que estamos viviendo por la pandemia, la avispa nunca hubiese llegado a los titulares de los diarios mexicanos.

Las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad. Según la última estimación, son el segundo agente de extinción de especies a nivel global. Como seres humanos tenemos la tradición de llevar especies de un lado al otro del planeta; tenemos arraigo por la flora y fauna de un lugar y si nos movemos, queremos llevar un poco de la realidad que teníamos en nuestro antiguo hogar. Así, desde tiempo muy remotos hemos movido plantas y animales entre países y continentes, muchos con fines de alimentación como los cultivos o el ganado, y otros con fines ornamentales como las violetas, los jazmines o los lirios acuáticos. Una gran cantidad de estas especies se mueren al cambiarlas de lugar, pero a otras les va muy bien y logran poblaciones gigantescas que no dependen del cultivo humano. Las especies exitosas son aquellas que dejan atrás a sus depredadores o competidores y que por lo tanto les va muy bien en el nuevo lugar. Así hoy tenemos lirios acuáticos originarios del Amazonas en casi todos los cuerpos de agua de México o gorriones europeos en todas las ciudades.

¿Y todo esto qué tiene que ver con la avispa mandarina si nadie en su sano juicio traería una especie así?

Resulta que otro grupo de especies invasoras se mueve por sus propios medios a través de las rutas comerciales que hemos establecido los humanos, viajan como polizones asociadas a las mercancías que se transportan por el mundo. En México se reconocen 1,100 especies exóticas presentes, de las cuáles 348 son consideradas como problemáticas. Algunos de los daños que ocasionan estas especies son afectaciones a la producción agropecuaria, efectos negativos sobre la salud humana y animal, o sobre la biodiversidad.

La avispa mandarina llegó al continente americano por esta última vía, como polizona desde el lejano oriente probablemente asociada a alguna mercancía china o japonesa. La noticia de su llegada ha causado mucho miedo y consternación porque los hábitos alimenticios de la avispa incluyen a las abejas mieleras. El modo de actuar de la avispa mandarina es muy específico: algunos individuos de la colonia son los exploradores encargados de buscar alimento, cuando encuentran una colonia de abejas la marcan frotando su abdomen y dejando feromonas para que el resto de la colonia de avispas pueda identificarla. En el transcurso de algunas horas las avispas se congregan frente al panal de abejas y atacan en conjunto sometiendo a las abejas. En realidad, las avispas buscan el tesoro más preciado de las abejas que son sus larvas, después de acabar con los adultos, las avispas se llevan a las larvas para alimentar a sus propias crías, de esta forma acaban con toda la colonia de abejas.

En las regiones donde la avispa mandarina es originaria, algunas abejas de la especie Apis cerana (primas de la abeja mielera europea que tenemos en México) son capaces de contrarrestar el ataque de las avispas. Cuando se aproximan los individuos exploradores, las abejas que se encuentran cuidando la colmena, los envuelven formando una esfera a su alrededor. Dentro de la esfera la concentración de bióxido de carbono y la temperatura aumentan muchísimo, alcanzando hasta 47º C y estas condiciones son letales para la avispa. Con este comportamiento de grupo se frena el posible ataque masivo porque la avispa exploradora no marcó a la colonia de abejas.

A la pregunta de cuál sería el efecto de la invasión de la avispa mandarina para México, aún no tenemos respuesta. Obviamente los apicultores están nerviosos por pensar que sus colmenas pueden estar en riesgo, y también los agricultores por la posibilidad de perder a los polinizadores de sus cultivos. Es necesario reforzar las medidas de prevención de la entrada de la avispa en las aduanas de México, realizar estudios sobre la factibilidad climática de que la avispa se establezca en el país y evaluar si es posible que las abejas presentes en México también se defiendan dado su carácter africanizado. En resumen, efectivamente la avispa mandarina podría ser un problema para las abejas mieleras de México, pero aún no está presente en el país y podemos detectarla antes de su ingreso para impedir su establecimiento. Mientras tanto sería muy importante no matar a las avispas que sí son mexicanas por la suposición de que fuesen la avispa mandarina.

* Ek del Val de Gortari es bióloga por la UNAM y doctora en ecología por el Imperial College del Reino Unido. Trabaja en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM en Morelia. Su principal línea de investigación son las interacciones entre plantas e insectos y está muy interesada en la divulgación de la ciencia.

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