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Bananas y la CIA: éxodo de guatemaltecos
Reconocer que hubo genocidio en Guatemala y ofrecer una disculpa al pueblo guatemalteco principalmente indígena sería el principio para sanar las heridas. Es un tema que se debería tomar en cuenta en la reunión de Kamala Harris con el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei.
Por Julio Cisneros
4 de junio, 2021
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Para hacer frente a la raíz de la migración guatemalteca, tenemos que aprender de su historia.

 

Cada vez que veo un racimo de bananas, lo asocio con la Central de Inteligencia Americana (CIA) y la migración. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? A simple vista nada, pero si escudriñamos la década de los cuarenta, encontraremos su relación y además descubriremos crímenes de lesa humanidad.

La vicepresidenta Kamala Harris visitará México y Guatemala el 7 y 8 de junio con el propósito de “hacer frente a la raíz” de la migración. Para desarrollar políticas migratorias y de desarrollo económico eficaces, es crucial entender el origen de la migración guatemalteca, y el papel de Estados Unidos en el mismo. Y para eso, es necesario indagar en el año de 1954.

En 1944 hubo un levantamiento popular contra uno de los dictadores más opresivos de Guatemala. Tras su derrocamiento, surgieron las primeras elecciones democráticas siendo Juan José Arévalo Bermejo quien ganara la presidencia. Arévalo gobernó hasta 1951, año en que nuevas elecciones democráticas llevaron a la presidencia a Jacobo Árbenz.

A finales de 1952, Árbenz llevó a cabo una reforma agraria que implicó la redistribución de más de 160,000 hectáreas de tierra sin cultivar entre 100,000 familias. El 40 por ciento de esas tierras eran propiedad de la United Fruit Company (UFCO) compañía que cultivaba el banano. Árbenz compró esas tierras utilizando las valoraciones que la UFCO había enumerado en sus declaraciones de impuestos. La UFCO tenía las tierras inscritas a bajo costo para evadir impuestos.

Acostumbrada a sobornos y a explotar a los trabajadores, la UFCO acudió al gobierno de Estados Unidos para revertir la medida. El Secretario de Estado, John Foster Dulles había sido abogado de la UFCO y su hermano Allen Dulles era el director de la CIA y además había sido miembro de la Junta Directiva de la UFCO.

Como parte de la Operación PBSuccess y bajo las órdenes del presidente Dwight D. Eisenhower, en 1954 la CIA junto al opositor Carlos Castillo Armas lanzaron una invasión a Guatemala. Árbenz decidió renunciar para evitar una guerra. Estados Unidos instaló como presidente a Castillo Armas cuyo gobierno revirtió la reforma agraria e inició una era de violencia. Sus medidas autoritarias marcaron en 1960 el inicio de la guerrilla guatemalteca, y por consiguiente la raíz del éxodo de guatemaltecos.

En la década de los sesenta 6,700 guatemaltecos abandonaron el país, en los setenta el número alcanzó 56,843 y en los ochenta llegó a 84,897, de acuerdo con el Migration Policy Institute.

La Comisión para el Esclarecimiento Histórico rindió un informe de la guerra civil que documentó más de 200 mil muertes, 500 mil desplazados y 40 mil desaparecidos a manos del ejército de Guatemala.

En 1982, el presidente de facto Efraín Ríos Montt gobernaba Guatemala y fue en ese año cuando el presidente Ronald Reagan, realizó un viaje para promover la democracia e incluso elogió al mandatario diciendo que estaba “totalmente dedicado a la democracia”. Reagan insinuó que apoyaría una reanudación de la ayuda militar estadounidense al gobierno guatemalteco.

Después de décadas de espera, la CIA desclasificó unas 1,400 páginas sobre la Operación PBSUCCESS. En los documentos hay un manual que describe detalladamente la forma de cometer asesinatos y los instrumentos para hacerlo. “Un martillo, un hacha, un destornillador, atizador de fuego o algún objeto duro y pesado será suficiente”, aconseja el manual.

La antropóloga Victoria Sanford estuvo en Guatemala en la década de los noventa realizando exhumaciones de los restos de las víctimas y recopilando testimonios de los testigos de las matanzas y los secuestros y las violaciones de mujeres.

“Cuando hablamos de genocidio en Guatemala, estuvimos presentes (refiriéndose a Estados Unidos), entrenando a los soldados que lo hicieron, les dimos el lenguaje, las herramientas, el conocimiento para masacrar a tanta gente”, relató Sanford.

En 1999 el presidente Bill Clinton se disculpó por el apoyo de Estados Unidos a los gobiernos de Guatemala responsables de la matanza de miles de personas principalmente de la comunidad indígena.

“Si Clinton se disculpó por lo que hizo Estados Unidos en Guatemala, Kamala Harris puede reconocer que hubo genocidio”, señaló Sanford. “Estados Unidos tiene que disculparse por el genocidio en Guatemala, ya que nuestras políticas tuvieron un papel directo”.

La guerra en Guatemala destruyó su infraestructura, dejó corrupción, falta de acceso a servicios de salud, a la educación y como consecuencia la pobreza extrema.

Reconocer que hubo genocidio en Guatemala y ofrecer una disculpa al pueblo guatemalteco principalmente indígena, sería el principio para sanar las heridas. Es un tema que se debería tomar en cuenta en la reunión de Harris con el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei.

Es importante crear un organismo autónomo al gobierno de Guatemala para que administre y documente la distribución de los fondos de la ayuda humanitaria. De lo contrario, esa ayuda iría a parar –como ha ocurrido– a los bolsillos del gobierno. El organismo tendría que ser de alguna institución que sea parte de las Naciones Unidas u otra entidad internacional independiente que demuestre a base de pruebas el destino de la ayuda financiera. Si se empieza a combatir la pobreza, entonces los guatemaltecos no tendrán la necesidad de emigrar.

Esa es la relación entre las bananas y la CIA que trajo como consecuencia la muerte de más de 200 mil personas, y que es la raíz de la migración de guatemaltecos. Es vital no olvidar la historia para evitar que ocurran hechos atroces que causan un efecto dominó de nunca acabar. No es justo, ni correcto declararse un país democrático cuando se ha apoyado y financiado a dictadores responsables de genocidios.

La historia debe abrirnos los ojos para no cometer los mismos errores.

* Julio Cisneros es escritor y profesor de periodismo en la Walter Cronkite School of Journalism and Mass Communication de Arizona State University. Originario de Guatemala, ha publicado dos libros y es ganador de 6 premios Emmy por reportajes transmitidos en cadenas como Telemundo y Univision.

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