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Baños desobedientes
Ir al baño se ha convertido, de un asunto íntimo, en un tema público, pues es donde las personas trans viven episodios de discriminación sistemática.
Por Blog Invitado
21 de noviembre, 2019
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¿Te has dado cuenta cómo los baños refuerzan o promueven los estereotipos de género? ¿Por qué en la puerta de los baños públicos se ven únicamente dos figuras: una mujer en vestido y un hombre en pantalón? ¿Acaso esto no encasilla a las personas en roles propios de lo femenino y lo masculino? ¿Qué implicaciones tiene esto para las personas con una expresión de género que se sale de lo tradicional?

Estas preguntas son esenciales para entender que ir al baño se convierte, de un asunto íntimo, en un tema público. En este espacio, aunque es inadvertido para muchas personas, es donde las personas trans viven episodios de discriminación sistemática.1

El 25 de noviembre de 2015 -irónicamente la fecha en la que se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer- una de estas situaciones sucedió en la Ciudad de México, en el centro comercial Reforma 222, ubicado en la Zona Rosa, lugar emblemático para la comunidad LGBTI+. Alessa Flores y yo, Jessica Marjane, fuimos abordadas por el personal de seguridad cuando estábamos por ingresar al baño de mujeres.

Un grupo de guardias de seguridad nos abordó diciéndonos que “no podíamos entrar al baño”, porque “no éramos mujeres”. Mientras discutían con nosotras, llamaron a más elementos de seguridad, quienes, entre otras cosas, mencionaban:

  • “Enséñame tu credencial”.
  • “Ustedes no pueden entrar ahí”.
  • “Ustedes van en el baño de hombres”.
  • “Son hombres…”.

Ante tal injusticia, Alessa nos defendía con el poder de su voz como mujer trans, joven y trabajadora sexual.

Sin poder aguantar más, entramos al baño con miedo, la boca seca, la cara pálida. Nos veíamos al espejo. No lo podíamos creer. Con dolor recuerdo aquel día, cuando ir al baño se convirtió en una experiencia de exposición de nuestro cuerpo y tortuosa, de la cual participaron no sólo los guardias, sino el personal de intendencia, la mujer del módulo de quejas de la plaza, y visitantes que, a través de miradas, chiflidos, burlas, comentarios, se lanzaban sobre nosotras. Esta violencia social fue de lo más doloroso. Nadie intervenía, ni nos defendía, con excepción de Lía G. y Rogelio B., activistas y amistades de nosotras, quienes intentaron documentar la violencia que estábamos viviendo, sólo para experimentarla también.

Este contexto hostil hacia personas con identidades de género no normativas en espacios públicos, como son los baños, se ha documentado en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “Violencia contra Personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex en América”, el cual señala que los prejuicios que existen en la sociedad, someten a las mujeres transgénero a múltiples discriminaciones y violencia. En América Latina, por ejemplo, la expectativa de vida de las mujeres trans es de 30 a 35 años de edad, mientras una mujer cisgénero vive en promedio 78 años.

Casi un año más tarde de lo ocurrido en Reforma 222, comprobamos que dicha violencia narrada en las estadísticas es real: el 13 de octubre de 2016, Alessa Flores fue asesinada en un hotel de la Ciudad de México. La discriminación nos quitó a nuestra hermana de lucha.

A pesar de que este contexto de violencia sistemática y generalizada es desalentador, nosotras, mujeres diversas (cisgénero y trans*) y organizadas, hemos decidido no perder la esperanza. Es por eso que, desde la Red de Juventudes Trans y Equis Justicia para las Mujeres, decidimos que en vez de muros vamos a construir puentes. Decidimos que #VamosJuntas a exigir justicia a las instituciones y a la sociedad. Queremos construir espacios #SinViolencias para todos los cuerpos y las identidades.

Una de las primeras acciones que realizamos conjuntamente fue activar los mecanismos adecuados para acceder a la justicia. Primero, presentamos una queja ante el COPRED y después una demanda por daño moral y reparación integral del daño. Un hecho emblemático en México en el acceso a la justicia.

En el fondo, este proceso consiste en exigir justicia por las violaciones a los derechos humanos de personas transgénero. Sin embargo, hasta la fecha, no se ha obtenido una disculpa que apele a la dignidad de las afectadas por parte de las empresas responsables, quienes, en su calidad de particulares, tienen la obligación de generar espacios libres de discriminación.

Desde el inicio hemos exigido a las autoridades jurisdiccionales que juzguen con perspectiva de género; hasta el momento, no lo hemos logrado. No obstante este largo proceso legal, ahora nos encontramos en la última instancia a nivel nacional, esperando a que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resuelva el caso y, por fin, ordene que se repare el daño de forma integral por parte de los particulares.

Al respecto, pedimos las siguientes medidas de satisfacción, no repetición y compensatorias, que son, entre otras:

  1. Se reconozca la violación de los derechos humanos que cometieron en Reforma 222 las empresas de seguridad y limpieza, por medio de una determinación judicial.
  2. Se realice un evento público en el que las responsables pidan una disculpa pública a las afectadas y se haga una campaña para difundir los derechos de la población LGBTI+; en específico, de las personas transgénero.
  3. Se coloque una placa de no discriminación en todos los centros comerciales, residenciales y áreas de trabajo operados por las empresas demandadas.
  4. Se plasme una política laboral incluyente respecto de la población LGBTI+, particularmente en relación con las personas transgénero.
  5. Se capacite periódicamente a las personas trabajadoras de Reforma 222 y las empresas de seguridad y limpieza.
  6. Se modifiquen los baños en todos los centros comerciales, residenciales y áreas de trabajo operados por las empresas demandadas para que, en vez de ser binarios, sean baños neutros.
  7. Se incorpore un proceso para atención de quejas dentro de la plaza.

La discusión no es respecto a que las mujeres trans ocupen los espacios públicos, se trata de construir espacios #SinViolencias para todos los cuerpos e identidades.

Se dice que México es un país machista y que “no está preparado”, pero esto en realidad esconde los costos de la discriminación, donde se permite que las mujeres trans sean anuladas en su identidad por querer cumplir meramente con una necesidad básica, donde las mujeres trans son perseguidas, criminalizadas y vigiladas. Los estereotipos y el puritanismo moral ha cobrado las vidas de muchas, incluyendo la de nuestra Alessa.

Construir baños sin violencias es romper los silencios, generar espacios cohabitables donde sea posible desmontar la vigilancia de los cuerpos y hacerle frente a la segregación hacia las personas trans. También es construir la idea de un mundo más habitable para todas las personas, en particular para las personas trans, quienes históricamente hemos sido excluidas de un mundo que nos arroja a la tragedia y donde nuestra resistencia es, y será, ir juntas por las que están, por las que estarán y por las que murieron en el intento de habitar esta realidad.

En memoria de Alessa Flores, asesinada el 13 de octubre de 2016. Memoria, Verdad y Justicia.

* Jessica Marjane es Fundadora de la Red de @JuventudesTrans, asesora jurídica y consultora LGBTI+. Selma Maxinez es integrante de la organización @EquisJusticia.

 

1 En la Encuesta de Discriminación por Motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG) 2018 del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, se advierte que las prácticas discriminatorias sucedidas con más frecuencia hacia personas con identidades de género no normativas (identidades trans*), es que les impidan usar baños públicos acordes con su identidad de género.

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