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CDMX: Mapa de riesgo de violencia contra mujeres durante y post cuarentena
La pandemia está gestando una nueva crisis económica, lo que aporta elementos para pensar que cuando termine la cuarentena la violencia familiar no regresará a sus niveles previos, sino que se mantendrá o probablemente incrementará, como ha pasado en otros momentos de la historia occidental.
Por Alejandro Tlacaélel Ramírez De León
8 de junio, 2020
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La cuarentena para combatir la epidemia de COVID19 está cambiando las dinámicas sociales, incluyendo la violencia. ONU, OMS y sociedad civil organizada han alertado y reportado sobre importantes incrementos en violencia y delitos contra mujeres. A partir de un análisis espacial para el caso de la Ciudad de México, podemos encontrar dos grandes grupos de colonias donde es muy probable que estos delitos se sigan concentrando en el futuro; conocer su localización es de gran ayuda para entenderlos y evitarlos.

Los delitos de violencia familiar (en los que generalmente la víctima es mujer y el agresor hombre) son, según su clasificación estadística, aquellos que por acción u omisión el uso deliberado del poder/fuerza va dirigido a dominar, controlar, someter o agredir de manera física, verbal, psicoemocional, sexual o patrimonial a uno o varios miembros de la familia dentro o fuera de su domicilio, por parte de una persona que pertenece o pertenecía al núcleo familiar. Aunque no siempre es así, en la mayoría de casos las víctimas son mujeres. Según datos de ONU Mujeres, 70% de las mujeres en México han sufrido violencia y 44% de los casos el victimario fue su pareja.

La violencia familiar y contra mujeres son importantes no sólo por cuestiones obvias de justicia social, también lo son en este contexto porque pueden ser un antecedente directo para que los miembros de la familia tengan respuestas violentas o antisociales en el futuro, además de repercusiones en la salud física y mental de las víctimas.

En el caso de Paraguay, estudios científicos encontraron que existe relación entre las mujeres que han estado en entornos de violencia familiar y riesgo de desórdenes mentales comunes, idealización e intentos de suicidio.

Además, las consecuencias de la violencia hacia las mujeres no tendrá únicamente repercusiones sólo en el mediano y largo plazo, también debilitarán la respuesta social y Estatal a la pandemia de COVID19 ya que el 70% del personal médico son mujeres.

En México la única entidad que hace públicos los datos de delitos contenidos en sus carpetas de investigación, en formato abierto y desagregación a nivel calle, es la CDMX1. Esto permite, no sólo a las autoridades sino también a la población general, conocer y analizar la situación delictiva de esta parte de la Zona Metropolitana del Valle de México.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que en México no toda la violencia familiar, como muchos otros delitos, se denuncia ante el Ministerio Público, o si se denuncian no se inicia una carpeta de investigación. Todos aquellos delitos que por una u otra razón no se registran por las autoridades, reciben el nombre de “cifra negra”. Los datos más recientes2 indican que la cifra negra es 93.2%, es decir, sólo se inicia una averiguación para el 6.8% del total de delitos.

Podemos imaginar que la cifra negra específica para violencia familiar es mayor al general, pues sabemos que muchas veces las mujeres no denuncian o dejan a sus parejas (hombres) violentas, porque ellas creen que hacerlo sería perjudicial para sus hijos o para ellas mismas.

Si queremos entender la naturaleza de estos delitos, una cifra negra tan alta representa un gran problema. Para tratar de saldar esta situación usaremos un segundo elemento, la Línea Mujeres. Inaugurada en noviembre de 2016, ofrece orientación gratuita específica para mujeres, en temas como erradicar violencia, fomentar equidad de género, y proveer asesoría psicológica y jurídica.

En la CDMX los delitos de violencia familiar y las llamadas a la Línea Mujeres tiene una relación bastante estrecha. Como muestra la gráfica, el comportamiento de sus series de tiempo logarítmica bimestrales suele coincidir en su ciclo y en sus niveles más altos entre el segundo y tercer bimestre del año, durante los tres años de los que se tienen datos. Excepto en el semestre más reciente, lo que puede deberse a que el confinamiento desincentiva la denuncia (no hay ningún elemento para pensar que se deba a una reducción en la ocurrencia de delitos).

Antes de continuar, hay que hacer una pausa y dejar algo muy en claro. Que en años recientes suba el volumen de llamadas a la Línea de Mujeres y los delitos por violencia familiar en las carpetas de investigación, no necesariamente indican que los delitos o discriminación a mujeres están aumentando también. Estos datos sólo indican que hay más denuncias, lo que de cierto modo puede ser bueno, porque puede indicar una reducción de la “cifra negra”.

Volviendo al tema. Ya que sabemos que existe una relación temporal importante entre delitos denunciados de violencia familiar y llamadas a la Línea Mujeres, debemos revisar su comportamiento espacial, lo que presenta otro problema peculiar. Como vemos en el mapa3 siguiente, es difícil distinguir un patrón espacial de ambas variables juntas.

Para intentar salvar esta característica espacial, podemos usar un proceso estadístico de aprendizaje automático no supervisado como K-means (también llamado clustering multivariante. K-means maximiza la similitud intragrupo, así como la diferente entre grupo.

Aplicar este proceso al caso nos ocupa nos entrega como resultado 5 grupos (siguiente gráfica), en los que destacan por su alta violencia el Grupo 1 con muy alta violencia familiar y muy bajo uso de la Línea Mujeres, así como el Grupo 4 con muy alto uso de la Línea Mujeres y alta violencia familiar. En términos de baja violencia, llama la atención el Grupo 3, que presenta bajos niveles tanto de violencia familiar como en el uso de Línea Mujeres.

El Grupo 1 con muy alta violencia familiar y muy bajo uso de la Línea Mujeres incluye 27.3% (496) colonias; mientras que el Grupo 4 con muy alto uso de la Línea Mujeres y alta violencia familiar, cubre 18.3% (333) de colonias de la CDMX. Y se distribuyen como muestra el siguiente mapa:

Mapa de colonias de la CDMX de riesgo de violencia contra mujeres durante y post cuarentena, en un formato interactivo está disponible aquí, con la finalidad de prevenir a las mujeres en riesgo, así como a los vecinos que pudieran denunciar y/o apoyar a las víctimas, las OSC y autoridades. La cohesión comunitaria es básica para prevenir violencia y delito.

Un ejemplo interesante para alentar esta cohesión lo podemos ver con la Canadian Women’s Foundation, que difunde un sistema de señas para que las mujeres puedan pedir auxilio en caso de sufrir violencia familiar.

La pandemia está gestando una nueva crisis económica, lo que aporta elementos para pensar que cuando termine la cuarentena la violencia familiar no regresará a sus niveles previos, sino que se mantendrá o probablemente incrementará, como ha pasado en otros momentos de la historia occidental.

La cuarentena llegará a su fin, las ciudades en el mundo ya hacen planes para el regreso controlado y paulatino a las actividades cotidianas. Esa planificación no será sencilla, menos aún en lugares como México y sus ciudades, pues además de su gran diversidad y limitados recursos, hay un agravante extra: la violencia (David Ramírez de México Evalúa escribió un gran análisis al respecto), elemento que ya se debe tomar en cuenta para cualquier planeación de desconfinamiento que se realice.

Es muy probable que las alternativas sustentables para regresar a las actividades cotidianas, pero sin volver a la normalidad de desigualdad e injusticia, vengan de los grupos históricamente oprimidos: los trabajadores más vulnerables que sólo poseen su fuerza de trabajo y las mujeres, que antes de la cuarentena estaban dando lecciones masivas de solidaridad y organización en todo el país.

* Alejandro Tlacaélel Ramírez De León (@Tlacaelelmx) es economista y especialista en Sistemas de Información Geográfica. Interesado en temas de Desarrollo Regional y Seguridad.

 

 

1 Al menos Baja California y Monterrey, Nuevo León, también tienen puntuales desagregaciones espaciales, pero su formato no facilita su análisis.

2 INEGI, Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2019.

3 Para ubicar espacialmente las llamadas, se consideran las colonias donde residen las mujeres que llaman.

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