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Un centro comercial pone en peligro el humedal que protege de inundaciones a León
El gobierno de León, Guanajuato, ha dado luz verde a un proyecto que se construye a un lado del Parque Los Cárcamos, sin contar con los estudios geotécnicos necesarios. Los Cárcamos es el vaso regulador de la ciudad y su desaparición provocaría graves inundaciones.
Por Rubén D. Arvizu
2 de agosto, 2019
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En los últimos tres decenios, los valiosos humedales, esteros, arroyos y manglares se han convertido en sitios favoritos para las empresas de desarrolladores inmobiliarios y turísticos.

Es urgente un cambio de percepción en la forma de conducir negocios, sobre todo cuando afectan al medio ambiente, ante todo por los impactos negativos al secar y rellenar cuerpos de agua para reutilizarlos, en su mayoría, edificando desarrollos sin infraestructura ni verdadera planeación que conducen a resultados desastrosos.

Los humedales son soluciones a gran escala basadas en la naturaleza, ya que proveen una multitud de servicios de enorme valor social, económico y ambiental a la humanidad.

Imagen de American Meteorological Society.

Es conveniente enfatizar la importancia de humedales, esteros y manglares. Son ecosistemas reguladores del clima, al mismo tiempo que son las barreras naturales defensoras de los “arrebatos” de la naturaleza al actuar como esponjas gigantescas para controlar inundaciones y sequías. Limpian el agua, fijan el suelo, almacenan enormes cantidades de carbono y contribuyen decisivamente a mediar los efectos del cambio climático. Son refugio y hogar de numerosas especies animales. No son solamente pantanos “mal olientes” que hay que eliminar y rellenar en nombre de un progreso impulsado por la codicia y el nulo respeto a la naturaleza. Cada hectárea de zonas húmedas puede almacenar hasta 15,000 m3 de agua, y como dijimos antes, filtrando y mejorando su calidad. Consideremos este dato: la mitad de la humanidad (casi 4 mil millones de personas) vive actualmente en ciudades. Las proyecciones para 2050 estiman que la proporción aumentará al 66 %. El problema es que a medida que las ciudades crecen, los humedales se vuelven más pequeños o los desaparecen.

Entre los muchos casos en México de la destrucción o amenaza a los humedales está el Parque Los Cárcamos, en León, Guanajuato, nombrada reserva ecológica en 1997. Grupos ambientalistas de esa ciudad han denunciado la construcción del centro comercial y habitacional, City Center, que abarca una infraestructura que originalmente era de tres torres de edificios hasta de 20 pisos y ahora parece ser que son cinco torres, además del centro comercial, contraviniendo los planes originales que la empresa constructora, City Center, presentó para el estudio de impacto ambiental. Hemos tenido acceso a un oficio fechado el 21 de noviembre del 2017 donde Obras Públicas del Municipio de León solicita a la empresa constructora estudios geotécnicas sumamente necesarios para autorizar una obra de tal envergadura. Hasta donde tenemos información, ese requisito no se ha cumplido. No obstante, el gobierno municipal, indebidamente ha dado luz verde al proyecto que se construye a un lado de Los Cárcamos.

Diversos grupos ciudadanos han tomado varias acciones legales que están en curso porque consideran que es urgente defender el único cuerpo de agua de ese tamaño e importancia en León, una ciudad cada vez más contaminada y con un exiguo porcentaje de áreas verdes para sus más de dos millones de habitantes. Confiamos que la justicia se impondrá y la próxima Feria de León pueda celebrar que su querido Parque de Los Cárcamos continuará siendo un lugar de esparcimiento y refugio de peces, aves y demás animales que lo pueblan, como el pato mexicano y otras variedades, así como aves migratorias como el águila pescadora y varias especies de peces. Todas ellas en peligro de extinción debido al enorme proyecto inmobiliario.

Destrucción del Parque Los Cárcamos, en León, Guanajuato.

¿Qué pasaría si los humedales hicieran más deseables a las ciudades? Entonces se haría todo lo posible para preservarlos, o incluso fortalecerlos. El objetivo no sólo sería conservar una agradable biodiversidad acuática, que contribuye al bienestar de los habitantes de las comunidades, sino que se justificaría por los enormes servicios prestados por los cuerpos de agua.

Cito brevemente dos estupendos ejemplos de lo anterior. El Centro de Humedales de Londres, que tiene cerca de 40 hectáreas de humedales restaurados en un antiguo depósito de agua, se ha convertido en una verdadera atracción de la capital inglesa con unas 180 especies de aves que decidieron asentarse allí.

Centro de Humedales en Londres. Foto: wwt.org

De la misma manera, la ciudad de Estocolmo se enorgullece de las ventajas que han tenido debido a los humedales. Destaca la mejora de la calidad del aire, la reducción del ruido e incluso los valores culturales transmitidos por el medio ambiente acuático citadino.

Humedales en Estocolmo. Foto: Nordicvisitor.com

Eco distrito Hammarby, Estocolmo. Foto: NordVisitor.com

La naturaleza nos ofrece almuerzo gratis, pero debemos controlar nuestros apetitos. La riqueza de una nación es su aire, agua, suelos, bosques, minerales, ríos, lagos, océanos, belleza escénica, hábitats de vida silvestre y biodiversidad… eso es todo. Ahí radica la verdadera economía. Es ahí donde deben generarse actividades racionales que proveen miles y millones de empleos. El hombre puede prescindir de muchas cosas y continuar viviendo, pero no sin agua.

* Rubén D. Arvizu (@RubenDArvizu) es escritor, productor, director cinematográfico, y ecologista. Colaboró por varios años con el Capitán Jacques-Yves Cousteau en muchos de sus proyectos internacionales. Actualmente es Director General para Latino América de la organización de Jean-Michel Cousteau–Ocean Futures Society, es embajador del Pacto Climático Global de Ciudades y Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation. Como periodista ha recibido los premios Isabel de España y La Pluma de Plata. Es autor del libro ¿De Quién es la Voz que Escuchas? y contribuyó escribiendo un capítulo en el libro de Jean-Michel Cousteau, Mi padre, el Capitán Jacques Cousteau.

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