Combatir segregación urbana, prioridad en lucha por igualdad racial en EU
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Combatir la segregación urbana, prioridad fundamental en la lucha por la igualdad racial en EU
La desigualdad racial se ha urdido profundamente en el tejido social de Estados Unidos. Está en el ADN del país. Y la forma en que se ha adherido al paisaje urbano de las ciudades es un factor central para explicar los destinos divergentes de blancos y afroamericanos.
Por Jonathan Grabinsky
24 de junio, 2022
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Un artículo reciente del think-tank Brookings Institute ilustra las brechas persistentes que enfrentan a las familias afroamericanas y blancas en Estados Unidos. En 2016, el patrimonio neto de una familia blanca promedio –que ascendía a $171,000 dólares– era casi diez veces mayor que el de una familia afroamericana –de $17,150 dólares–. Se trata de una brecha que se ha mantenido consistentemente grande durante los últimos 30 años. La desigualdad racial está enhebrada en el tejido social de Estados Unidos, tal como lo hace patente la desproporción en el número de estadounidenses afroamericanos que son víctimas del crimen a manos de oficiales de la policía.

Un cúmulo creciente de investigaciones académicas cuantitativas –realizadas por sociólogos como Patrick Sharkey, Robert Sampson, y por el economista Raj Chetty– han señalado de forma consistente hasta qué punto la segregación racial, en cuanto se halla integrada al paisaje urbano de las ciudades, todavía es esencial para explicar los resultados divergentes a largo plazo en lo que toca a oportunidades para afroamericanos y blancos en Estados Unidos. Esto hace aún más necesario que el país adopte estrategias más audaces y de amplio espectro para ayudar a integrar las ciudades.

En su libro de 2013, Stuck in Place, Patrick Sharkey utiliza una base de datos representativa a nivel nacional que, desde 1968, ha seguido a 5,000 unidades familiares y a sus descendientes en Estados Unidos. Su objetivo es desentrañar el impacto que tiene la concentración de la pobreza a largo plazo.

Sharkey encuentra que dos tercios de los estadounidenses afroamericanos que fueron criados en los vecindarios más pobres (aquí “vecindarios” se refiere a neighborhoods, en inglés, un concepto que si bien no se deja traducir fácilmente al español, ha sido empleado en la literatura sobre el tema en México) siguen perteneciendo al 25 % de vecindarios más pobres después de una generación. Por su parte, sólo el 40 % de los blancos criados en los vecindarios más pobres permanecen ahí.

Con base en dicho estudio, concluye Sharkey, no sólo es más probable que los afroamericanos se queden “atrapados in situ” (“stuck in place”), sino que además se hace evidente que los patrones racializados de pobreza urbana se heredan de una generación a otra. Y los patrones de pobreza urbana tienen impactos a largo plazo: la segregación urbana y la desigualdad en la distribución del ingreso se superponen, y la evidencia reciente sugiere que los condados 1 con mayor segregación racial en el país tienen mayores índices de mortalidad por COVID-19.

Las preocupaciones sobre los efectos duraderos de la segregación urbana se ven amplificadas debido a que estos procesos comenzaron hace siglos, y fueron orquestados sobre todo por el gobierno. En su libro The Color of Law, Richard Rothstein documenta cómo, desde el final de la Guerra Civil, las entidades gubernamentales en los niveles federal, estatal y local han promulgado leyes que confinan a los afroamericanos a ciertas zonas de la ciudad. Lo anterior resulta en el paisaje altamente racializado que caracteriza a las ciudades a lo largo y ancho de Estados Unidos hoy en día.

Tomando en cuenta estos descubrimientos, desegregar las ciudades debe ser una prioridad fundamental en la lucha por la igualdad racial en el país. Esto significa impulsar algunas estrategias de mercado para ampliar las oportunidades en comunidades de bajos ingresos. Por ejemplo, relajar las leyes de uso de suelo para permitir inversiones en comunidades deprimidas; relajar las restricciones de altura para aumentar la oferta habitacional y ayudar así a aplanar la curva de los precios vivienda urbana; expandir los programas de formación profesional para conectar a los residentes de bajos ingresos con negocios y oportunidades laborales en diversas partes de las ciudades, y explorar y evaluar modelos de elección educativa que le permitan a estudiantes de bajos ingresos asistir a escuelas fuera de sus comunidades.

No obstante, considerando cuán impregnada está la desigualdad racial en el paisaje urbano de las ciudades, cualquier programa de planeación urbana debe incluir, en su núcleo, un componente fuerte de acción afirmativa, que aproveche firmemente las capacidades reguladoras del gobierno. Las estrategias de desegregación incluyen la expansión de programas de reubicación de vivienda para familias afroamericanas, evaluadas bajo el experimento de Moving to Opportunity, aumentar la oferta de vivienda asequible en vecindarios ricos, explorar soluciones de ingreso mixto a la vivienda, y aumentar la infraestructura de transporte asequible para asegurar que las poblaciones pobres tengan fácil acceso a los trabajos y servicios que se ofrecen en las ciudades.

La desigualdad racial se ha urdido profundamente en el tejido social de Estados Unidos. Está en el ADN del país. Y la forma en que se ha adherido al paisaje urbano de las ciudades es un factor central para explicar los destinos divergentes de blancos y afroamericanos.

Por lo tanto, cualquier programa para la igualdad racial en Estados Unidos debe incluir, en su núcleo, esfuerzos audaces y de mayor alcance para desegregar las ciudades.

* Jonathan Grabinsky (@Jgrabinsky) es consultor en temas de gobierno. Cuenta con una licenciatura y maestría en políticas públicas de la Universidad de Chicago.

 

1 De acuerdo con el censo de EUA, los condados son las divisiones legales primarias en la mayoría de los estados. Casi todos los condados son unidades de gobierno funcionales, cuyos poderes y funciones varían de un estado al otro.

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