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¿Cómo va la implementación de la paridad en las gubernaturas en las elecciones de 2021?
Ningún partido ha postulado más de 7 candidatas a las 15 gubernaturas en disputa. Esto es un indicio de la poca disposición de los partidos para redistribuir los cargos públicos en igualdad de condiciones entre mujeres y hombres.
Por Marisol Vázquez Piñón y Lorena Vázquez Correa
17 de febrero, 2021
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A 68 años del reconocimiento al sufragio de las mujeres en México, 25 entidades federativas nunca han tenido una gobernadora. En la historia del país solo dos por ciento de las personas electas para las gubernaturas han sido mujeres (7 gobernadoras) y 98 por ciento hombres (344 gobernadores).1 Para revertir esta histórica subrepresentación de las mujeres en dicho cargo, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó en el Acuerdo INE/CG569/2020 que para en las elecciones de 2021 los partidos políticos postulen al menos siete mujeres en las cinco gubernaturas. El Acuerdo fue impugnado por el Senado de la República, por el PAN, por un partido local de Baja California y seis ciudadanos, quienes argumentaron que el INE no tenía atribuciones para determinar este tipo de acciones afirmativas.

En la sentencia SUP-RAP-116/2020 Y ACUMULADOS, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó la paridad en las gubernaturas y vinculó a los partidos políticos nacionales a postular a siete mujeres como candidatas a las 15 gubernaturas que se disputan, señalando que en caso de incumplimiento se negarán los registros de las candidaturas de hombres. A casi cuatro meses de las elecciones del 6 de junio de 2021, algunas observaciones sobre cómo los partidos están implementando la paridad en las gubernaturas y qué posibilidades tienen las mujeres candidatas de acceder a dichos espacios de poder, son las siguientes.

Ningún partido ha postulado más de 7 candidatas a las 15 gubernaturas en disputa. Esto es un indicio de la poca disposición de los partidos para redistribuir los cargos públicos en igualdad de condiciones entre mujeres y hombres. Por ello recobra especial relevancia la diferencia entre “al menos 7 mujeres”, como sugirió el INE, y las “7 mujeres” que señaló el TEPJF. En la primera expresión, la medida establece un piso mínimo de postulaciones para mujeres, mientras que la segunda opera en los hechos como un tope máximo a las postulaciones, así interpretado por los partidos.

Cuadro 1. Entidades donde los partidos postularán mujeres (2021)

 

Fuente: Instituto nacional Electoral. (2021). Comunicado 422, Central Electoral, disponible aquí.

Colima, Baja California y Tlaxcala son las entidades donde los partidos políticos decidieron postular más mujeres. En Chihuahua, Campeche y Nuevo León la boleta estará dividida entre candidatas mujeres y candidatos hombres. En el caso de Guerrero, Michoacán y Sonora los partidos se inclinaron más por candidaturas de hombres, por lo que las mujeres tienen pocas posibilidades de ganar. A pesar de que el escenario es adverso, el hecho de que por primera vez en todas las entidades que renuevan al poder ejecutivo local haya mujeres compitiendo, es algo simbólicamente muy importante para las próximas generaciones. Que se haya roto el techo de cristal para que las mujeres accedan a dichos cargos es un avance histórico. La participación de mujeres en las contiendas a las gubernaturas tendrá ahora continuidad y no será solo excepcional o de coyuntura.

El caso “ideal” para el acceso de las mujeres a las gubernaturas está representado en Tlaxcala, donde competirán mujeres con mujeres por el cargo (a excepción de RSP, todos los partidos postularán candidatas), lo que amplía las posibilidades para que en dicha entidad gobierne por segunda ocasión una mujer, esto después de casi 30 años de la gestión de Beatriz Paredes.

En Baja California se postularán seis mujeres y dos hombres. La coalición PAN-PRI-PRD ha anunciado que analiza la propuesta para que Guadalupe Jones Garay (Miss Universo en 1991) sea quien encabece la candidatura a la gubernatura. Sobre esta posible candidatura “famosa” es importante señalar que las mujeres militantes del PAN y aspirantes al cargo acusan que nunca hubo convocatoria de participación que les permitiera o les diera pauta para aspirar formalmente al cargo, lo que constituye violencia política contra las mujeres en razón de género, de acuerdo con el artículo 20 Ter, fracción III de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que a la letra señala: “La violencia política contra las mujeres puede expresarse, entre otras, a través de las siguientes conductas: (…) III. Ocultar información u omitir la convocatoria para el registro de candidaturas o para cualquier otra actividad que implique la toma de decisiones en el desarrollo de sus funciones y actividades”.

En San Luis Potosí hubo una fractura en el PAN a partir de la designación de candidaturas a la gubernatura. Sonia Mendoza acusó a la dirigencia panista de ejercer violencia política en razón de género al no garantizar “cancha pareja” en el proceso de selección interna y favorecer desproporcionadamente a un candidato, por lo que renunció a su precandidatura y su militancia.

En el caso de Zacatecas hubo fractura en el PRI (partido en el gobierno en la entidad), derivado del nombramiento de Claudia Anaya Mota como candidata a gobernadora. Adolfo Bonilla Gómez, aspirante a la gubernatura declaró que la causa de que no se le eligiera como candidato a gobernador fue por motivos de la paridad de género, no obstante, como se señaló anteriormente, la paridad no fue un requisito por entidad, sino para los partidos políticos. Es decir, si las cúpulas partidistas de la alianza PRI-PAN-PRD “impusieron” (sic) una candidatura para una mujer, ello deriva de la organización interna de los partidos. También en los discursos debe haber un cambio de lenguaje para no referir a la paridad como una imposición sino como un beneficio para todas y todos.

Ahora bien, ¿cuál es el trasfondo de las fracturas partidistas aquí analizadas? Primero, que las cúpulas partidistas, integradas mayoritariamente por hombres, invisibilizan y minimizan el trabajo y la trayectoria de la militancia de sus partidos y esto afecta desproporcionadamente −aunque no exclusivamente− a las mujeres militantes. Segundo, el hecho de que algunos aspirantes sientan que las candidaturas les pertenecen, sin competir por éstas en igualdad de condiciones que otras aspirantes, así como la facultad de las dirigencias nacionales y locales para nombrar candidaturas, estas son dos facetas de prácticas poco democráticas y muy excluyentes que son sistemáticas y reiteradas en los partidos, y que por mucho tiempo favorecieron a los hombres. Tercero, las cúpulas partidistas actúan como caciques patriarcales que deciden quiénes participan condicionando las candidaturas a cambio de lealtad, disciplina y recursos para su grupo político. Cuarto, los líderes partidistas promueven candidaturas con perfiles a modo como las/los familiares, parejas, incluso, candidaturas (os) de personajes famosos sin trayectoria política, a fin de mantener su incidencia en la toma de decisiones públicas.

En este contexto, hay que tener presente que el objetivo de la paridad es estar e influir. No basta con llegar a la igualdad numérica, también hay que fortalecer la representación sustantiva. Por ello, en escenarios de selección de candidaturas “famosas” es importante que las mujeres que se están postulando y las que lleguen al poder tomen las decisiones por sí mismas, y que sean ellas, en función de su lucha y de su conocimiento personal quienes ejerzan el cargo. Es muy importante dejar de reproducir estereotipos de género y roles masculinos tradicionales donde las decisiones las toman los hombres y no las propietarias de los cargos públicos.

Asimismo, es relevante visibilizar a los partidos que minimizan la trayectoria de las mujeres que militan en sus organizaciones, promover la protección de sus derechos políticos y, en su caso, valorar si como políticas se identifican con los valores y las prácticas de partidos que ejercen violencia política contra las mujeres y se resisten a la distribución igualitaria del poder entre mujeres y hombres.

Finalmente, las luchas feministas y paritaristas han ganado espacios para visibilizar y hacer avanzar la agenda de las mujeres, por lo que lo deseable es que las militantes y las candidatas desde su perspectiva y experiencia de vida tomen las riendas de su papel político y de los cargos, y que desde su ámbito de poder promuevan la ampliación de los derechos progresivos de las mujeres. Nos toca a todas y todos estar vigilantes de que se cumpla con el principio constitucional de la paridad y de una nueva democracia.

* Marisol Vázquez Piñón (@solivazquez) es Politóloga por la UNAM, estudiante de la maestría en Políticas Públicas y Género en FLACSO, feminista, Subdirectora en la Unidad Técnica de Igualdad de Género y No Discriminación, Instituto Nacional Electoral. Lorena Vázquez Correa (@lorenavazcorrea) es estudiante de Doctorado en Derecho en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, maestra en Estudios Sociales (Procesos Políticos) por la UAM-I e investigadora en el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República.

 

 

 

1 Además, dos mujeres accedieron al cargo por sustitución de hombres que no concluyeron su mandato.

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