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Comunidad-Estado: el Gato y el Ratón (IV)
Los estados, si desean sobrevivir a la pandemia, deberían permitir que sus gobiernos locales modifiquen las estructuras para poder cobrar impuestos que estén acordes con sus bases económicas.
Por Nemer Naime
10 de mayo, 2020
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¡Ay!”, dijo Jerry, “el mundo está creciendo todos los días. Al principio era tan grande que tenía miedo y corría, y seguí corriendo y corriendo, y me alegré cuando por fin vi muros lejanos, a la derecha y a la izquierda, pero estos largos muros se han estrechado tan rápido que ya estoy en la última recámara, y allí, en la esquina, está la trampa que debo enfrentar para…”

Solo necesitabas cambiar de dirección, dijo Tom. Y se chupó los dedos.

Franz Kafka

 

Líderes de naciones-estados están haciendo lo que saben hacer mejor, presentarse en público, mientras la verdadera actividad, la verdadera fuente de cualquier evolución social, es comunitaria. Y por eso, en tiempos de #elHorror, el mejor tipo de gobierno es el gobierno local y para fortalecerse necesita una revuelta profunda, un cambio de dirección brusco que le tuerza el cuello al gato que custodia la historia.

La nación-estado sigue siendo el marco organizativo para gran parte de las comunidades humanas del mundo. Muchos gobiernos nacionales han preferido enfoques proteccionistas y autoritarios en lugar del multilateralismo que tanto profesaban la década pasada para resolver #elHorror. La coordinación global podría evitar la inflación y el colapso de las monedas en las economías emergentes, sin embargo, el clima político de las naciones, su baja aprobación interna y la poca credibilidad que tienen sus instituciones hace que tal cooperación sea poco probable. Sumando a esto, la comunicación e información digital instantánea en las manos de muchos humanos fomentan la difusión del aturdimiento de los gobiernos nacionales.

Por ejemplo, Tailandia, cuyo gobierno nacional permitió la legítima explotación laboral de su gente por la industria textil, ahora tiene millones sin trabajo porque la industria textil, considerada no esencial, dejó de operar.En las economías desarrolladas, como Francia, se cuestionan la precaria dependencia en redes de suministro globales que ponen en riesgo la seguridad alimentaria ya que si fallan o se retrasan en sus entregas, París se queda sin comida en 48 horas. (Quelch, John A.and Katherine E. Jocz, All Business Is Local: Why Place Matters More Than Ever in a Global, Virtual World, 2012).

Pero han avanzado. Los gobiernos nacionales se han comprometido a proporcionar asistencia muy necesaria a sus comunidades para satisfacer las necesidades inmediatas de habitantes mas vulnerables y pequeñas empresas en los márgenes económicos. Desafortunadamente, el impacto potencial en la mayoría de los presupuestos es incalculable. La capacidad fiscal de los gobiernos nacionales para gestionar la salud pública e incentivar la recuperación económica es incierta en el mejor de los casos. Nula en el peor. Pero lo que se sabe es que habrá menos dinero para todo.   

Con este simple conocimiento, las comunidades deben coordinarse en maneras innovadoras y sin precedentes para garantizar que la capacidad fiscal local se tengan en cuenta en la distribución de fondos. Los estados, si desean sobrevivir, deberían permitir que sus gobiernos locales modifiquen las estructuras para poder cobrar impuestos que estén acordes con sus bases económicas. La flexibilidad para recaudar sus propios fondos ofrecerá a las comunidades urbanas y rurales las herramientas que necesitan para responder activamente, a corto y mediano plazo, a medida que cambian las condiciones económicas y las necesidades de sus habitantes. Esta flexibilidad será especialmente importante en los próximos años, ya que los presupuestos asignados a las comunidades marginadas (o no) se verán afectadas. Las comunidades urbanas y rurales y originarias enfrentarán situaciones muy diferentes en el impacto económico de #elHorror. Por eso, las soluciones más efectivas para esta situación critica tendrán en cuenta la magnitud de la desigualdad y la diversidad de dichas desigualdades y el impacto fiscal que experimentará cada comunidad. Lo #nacional nunca podrá siquiera, imaginar, esto. Su herencia imperial le impide verse en comunidades.

La economía se contraerá tanto, se hará tan chiquita, que la manera mas lógica de sobrevivir con una semblanza de dignidad por los siguientes años será volver a la comunidad. Naciones-estado se preocuparán, como lo han hecho siempre, en atraer inversión y empresas extrajeras que subyugan a la población en condiciones laborales indignas justificando #empleo. En cambio, las comunidades, por su limitado control y pretensión territorial, buscan crear actividades constructivas para sus habitantes. Las micro-empresas, en México, de acuerdo al INEGI, representan 95.4% del total de las empresas del país, su contribución total al PIB ronda en 51% y generan 72% del empleo formal. Pocas de ellas tienen acceso a la economía global.

Ademas, a medida que las comunidades se urbanizan, ejercen más presión sobre el gobierno nacional para crear soluciones de desarrollo sostenible y coherente. Ante la lentitud de los gobiernos nacionales por ejecutar acciones necesarias, las comunidades comienzan a actuar de manera más independiente para cuidar los intereses de sus habitantes.

Considera que en la ultima década, las comunidades urbanas ejercieron el máximo poder económico en el mundo. En 2018, las ciudades generaron más del 50% del PIB mundial (solo la ciudad de Nueva York cuenta con un PIB mayor que toda la economía mexicana). Y también, tienen los gobiernos que crean, innovan y gestionan soluciones de desarrollo sostenible para infraestructura, servicios, empleo, medio ambiente y lo que sea que signifique #derechoshumanos. Sin embargo, carecen de voz y voto respecto a la dirección global de la especie humana.

Y es que las comunidades urbanas tienden a ser cosmopolitas, lo que significa que tienen una perspectiva internacional que encuentra sus intereses en desacuerdo con su gobierno nacional, el cual prefiere centrarse en asuntos internos. Por el momento, Londres es la primera comunidad urbana donde las demandas de independencia se han expresado en voz alta. Con un creciente nivel de pasividad y ansiedad política, no se sabe que otras ciudades harán lo mismo en el futuro.

Tanto Taipei como Singapur aplicaron las lecciones de las pandemias pasadas e invirtieron en su sistema de salud y en los protocolos para que el liderazgo del momento pueda tomar rápidamente medidas decisivas sin ángulos políticos. Alemania –entre Francia e Italia, que siente los efectos más devastadores de #elHorror– reconoció su alcance limitado como gobierno nacional y confió en el seguimiento comunitario para minimizar la amenaza de contagio regional y nacional. Así, cada región y comunidad identificó brechas en la planificación de la ciudad y las determinantes socioeconómicos subyacentes de la salud de la población para ayudar a estimular flujos de recursos hacia esas áreas vulnerables. Estados Unidos tiene una tendencia similar, aunque desorganizada. Trump abiertamente apoyan a las minorías que se niegan a cooperar con las normas internacionales de confinamiento. Está utilizando el sentimiento de una comunidad para anular necesidades nacionales. ¿Cómo responderán los gobiernos de Nueva York y California frente a la creciente incoherencia de su mandatario nacional? (el estado de California duplica el PIB de México).

Para muchas comunidades, el único camino a seguir será el de su propio invento. No habrá doctores ni ejército ni políticas que subsanen o prevengan o eviten lo que se viene. La autonomía o independencia no significa un grado limitado de libertad a cambio de aceptar algunas de las normas del poder nacional. Significa libertad total de decisión sobre su destino. Algunas mentes podrían sentirse incómodas con esa idea, pero el #espirituidentitario de la nación debe encontrar una manera de relacionarse con las identidades que la conforman y reconocer que en la realidad, la nación es pura fantasía, mientras que la identidad de una comunidad es verdaderamente irreemplazable y no debe subyugarse a una imaginada. #BenedictAnderson

Pero, a ver, ¿qué les da a las comunidades la posibilidad de autodeterminación y sostenibilidad? ¿O quien se los quita?

La creciente interconexión entre comunidades -independientes de nación-, los nuevos métodos de permacultura, la economía circular y el reciclaje son tecnologías que hacen posible incrementar la capacidad de creativa de localidades. Si estas nuevas tecnologías se introducen ampliamente a nivel local –ya que a nivel nacional será imposible por las dimensiones de desigualdad– podría significar que las comunidades del futuro sean cada vez más autosuficientes con respecto, por ejemplo, a su producción de alimentos, agua y energía, lo que podría en jaque la necesidad de una identidad nacional para participar en la economía global.

La conciencia global nos ha llevado a valorar cada vez mas a la comunidad local. Con la inmensa complejidad de identidades que interactúan dentro de una comunidad urbana, recientemente se ha venido dando una verdadera defensa económica de la comunidad. En las comunidades urbanas, cada vez mas densas y diversas, comienza a desarrollarse una nueva tendencia entre habitantes: producir y consumir cosas localmente. Con la aun incalculable reducción de la economía global, las comunidades se verán beneficiadas al promover la idea de compartir, participar y construir la economía local, que tiene como objetivo apoyar los proyectos de bienestar de las personas que la habitan.

Este sentimiento de #hiperlocalización (utilizado por los mecanismos de las naciones-estado para pervertirse y agrandarse en nacionalismo) se origina en las aspiraciones colectivas de la comunidad. La cultura del #consumelocal es una esfera de #hiperlocalización pero también es una realidad física de las personas, o sea, no puedes consumir una pizza en Roma a menos que estés ahí o un huarache a menos que estés en el Estado de México. Digo, esto es obvio, pero la economía global se ha esforzado en difundir el enfoque de lo local que lo ha monopolizado. McDonald’s y KFC eran restaurantes locales en pueblitos gringos, igual que Starbucks era una cafetería cualquiera en Seattle. Pero como el poder de globalizar su identidad comunitaria mas rápido y mas profundamente que cualquiera, por eso tenemos tanto producto local de Estados Unidos en nuestras comunidades. No es que Estados Unidos sea el #espirituidentitario de Nike, Disney y The New York Times, es que los Dodgers, Cowboys y Bulls son identidades comunitarias que delegan la explotación de su identidad a esa particular nación-estado.    

Las comunidades ágiles y creativas podrían revitalizar la economía global al hacer que el comercio sea más fácil y menos dependiente de la política a nivel nacional. Las comunidades mejor dirigidas contarían con regulaciones prácticas y precisas que permitirían un ambiente de negocio vibrante que coexista con la visión artísticas o ecológica de la comunidad. Sin embargo, también se podrían definir territorios feudales y dictaduritas, ¿pero no estaría mejor equipada una comunidad para destituir a un mal gobernante con recursos comunitarios y observación intercomunitaria que aun mal gobernante apoyado por el bestial gobierno central?

Tal vez en el futuro que se nos adelantó, al pagar impuestos en línea podríamos decidir que un porcentaje de nuestra contribución monetaria vaya al mantenimiento de nuestras calles, parques, iluminación o suministro de agua. Otro porcentaje a la compra de medicinas o a un proyecto de investigación científica o a las artesanías. Otro a un fondo de damnificados o a una beca. Y si todo estuvo bien ese año, destinamos lana a comunidades vecinas necesitadas para que ellas también se fortalezcan y nos desarrollemos, en comunidades, no juntas ni al mismo tiempo, sino libres de decidir sus destinos. Esto, hoy, ya es posible.

Mientras más nos globalizamos, y englobamos nuestro #espirituidentitario como humanidad, más reforzamos las identidades comunitarias, consumimos en las tienditas y negocios locales y apoyamos a la agricultora cercana. Por lo menos en la siguiente década, tenemos que seguir luchando por preservar y desarrollar nuestras comunidades para después, disfrutar lo global. La tecnología nos ha permitido consumir el mundo en pequeñas dosis, sigamos consumiéndolo así. El otro camino ya sabemos a donde nos lleva.

* Nemer Naime es escritor y sociólogo que ha destinado su creatividad a desarrollar y liderar estrategias de comunicación y promoción de la salud a través de la cultura y la educación en la frontera México-Estados Unidos, África Subsahariana y México. Tipazo.

 

 

Comunidad-Estado: el horror y la solución (I)

Comunidad-Estado: déjame aplanarte la curva (II)

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