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El controvertido sistema de estado del deporte chino
China tiene, en efecto, un método que genera ganadores olímpicos. No podemos ni deberíamos querer imitarlos, bajo ninguna circunstancia.
Por Blog Invitado
20 de agosto, 2016
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El jueves pasado, la clavadista china Qian Ren, de 15 años, ganó la medalla de oro en plataforma de 10 metros. La representante mexicana, Paola Espinosa, que le dobla la edad, quedó en cuarto lugar. Durante el evento, leí a muchos preguntarse ¿cómo pueden tener los asiáticos a estos prodigios precoces? ¿Cómo podemos hacer para imitarlos?

La respuesta a la primera pregunta es: China tiene, en efecto, un método que genera ganadores olímpicos. La respuesta a la segunda es: no podemos ni deberíamos querer imitarlos, bajo ninguna circunstancia.

Para entender el fenómeno chino hay que retroceder en el tiempo hasta la Guerra Fría. Entre 1956 y 1980, bajo la más estricta doctrina maoísta, China no participó en los Juegos Olímpicos. Muerto el líder, el régimen decidió abrirse al mundo, pero los resultados no fueron los esperados, un total de sólo 5 medallas de oro en Seúl 88 provocó que el deporte se convirtiera en una prioridad total para el Partido Comunista.

Para conseguir éxitos, China basó su sistema en los utilizados por las grandes potencias comunistas de entonces, la URSS y Alemania Democrática, que habían terminado por encima de Estados Unidos en Seúl por primera vez en la historia. El objetivo: ganar a como diera lugar.

Hay que entender que en grandes eventos, el deporte trasciende los resultados en sí mismos y se convierte en una legitimación del sistema que lo alberga. Por ello, para los soviéticos y alemanes democráticos era tan importante. Era la carta para presumir que el comunismo era una alternativa verdadera dentro del panorama político mundial. Y es por la misma razón que sigue siendo una prioridad máxima para China y Rusia en la actualidad.

Lo que hizo China entonces fue crear un sistema deportivo de estado basado en una detección muy temprana de talentos y un entrenamiento rigurosísimo, casi esclavizante. Inspectores comenzaron a visitar las escuelas primarias para detectar a los niños con talento y transferirlos a escuelas deportivas, internados donde la prioridad era la actividad física. Cinco días a la semana se practicaba, y otros dos se estudiaba. Sin descanso.

Eso no fue todo. Como era muy caro mandar inspectores, el gobierno decidió implementar grandes subsidios a las familias con hijos en las escuelas deportivas. En un país donde la pobreza era la regla general, el sueño de los padres era recibir esos ingresos para poder tener una vida digna.

No se necesita hacer una búsqueda demasiado exhaustiva en la red para descubrir los métodos de entrenamiento que se siguen en esas escuelas. Aquí les dejo un link, pero sin hacer mucho esfuerzo pueden encontrar más. La línea entre la tortura y la preparación de los deportistas es muy, muy difusa.

Después está el doping. Hace unos meses, se develó una trama de uso de estimulantes prohibidos patrocinada por el estado ruso. Esa es la causa por la que una buena parte de sus atletas no fueron admitidos en los Juegos de Río. Varias voces acusaron a China, velada o abiertamente, aunque sin pruebas… esta vez.

Y digo esta vez porque los chinos han sido sorprendidos varias ocasiones con las manos en la masa. En los noventa, una oleada de atletas de ese país comenzaron a romper marcas. Su entrenador, Ma Junren, afirmaba que su éxito se debía a los brebajes de “sangre de tortuga” que él mismo preparaba. Unos años más tarde se descubrió que en realidad se trataba de esteroides. Aunque algunas de esas marcas se mantienen, ningún experto las toma en serio.

Entre 1990 y 1998, 25 nadadores chinos dieron positivo en exámenes antidoping, casi la mitad del total en todo el mundo. Aunque se mencionó que fueron “casos aislados”, la sospecha es que existía un sistema de dopaje y que decenas de atletas más habrían sido encubiertos por razones políticas.

Desde entonces, los positivos se han acumulado y las sospechas se han mantenido. Para dar un ejemplo más cercano, la ganadora de los 20 kilómetros de marcha, Lui Hong, fue suspendida por dopaje positivo el 7 de mayo pasado tras dar positivo en el Campeonato Mundial de Marcha por equipos. En una decisión insólita, sin embargo, el castigo duró ¡un mes!, al ser considerado que la cantidad de sustancia fue mínima.

En estos Juegos la controversia no ha cesado. El nadador francés, Camille Lacourt, acusó al chino Sun Yang, ganador del oro en los 200 metros libres, diciendo “mea violeta, me entran ganas de vomitar”. Mientras tanto, el australiano Mack Horton se negó a darle la mano al mismo atleta, y lo llamó “tramposo drogadicto”.

Para rematar, uno de los tres casos comprobados en Río 2016 es de una nadadora china, Chen Xinyi. Ya para dar positivo en unos Juegos donde se ha hecho todo lo posible por encubrir el dopaje, es que algo no está bien.

Es por ello que a muy poca gente le son simpáticos los atletas chinos. Y también, por la misma razón, no hay que ponerlos como ejemplo a seguir. Su sistema no sólo es imposible de repetir sino que no debe ser intentado. Mejor buscar otras alternativas más sanas. Que se queden con sus medallas.

 

* Martín del Palacio es periodista mexicano radicado en España. Fue editor en jefe de La Afición y Excélsior Deportes. Actualmente publica para varios medios internacionales. Puedes seguir a Martín en Twitter o Facebook.

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