Covid-19 en el largo plazo, tema faltante en la política de salud
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Covid-19 en el largo plazo, tema faltante en la política de salud
¿Qué seguimiento se está dando a las personas recuperadas de Covid-19? ¿Cómo se reducirán los riesgos para que una enfermedad crónica degenerativa en el futuro no se complique? ¿Contamos con los recursos necesarios para atender esta problemática?
Por Luis Javier Cortés Adame
3 de agosto, 2022
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Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer los resultados preliminares de las estadísticas de defunciones registradas correspondientes a 2021. Durante enero de 2020 a diciembre 2021 existieron 424 mil 509 fallecimientos causados por Covid-19, lo que significa que para dicho período esta enfermedad representó la segunda causa de muerte en la población mexicana. Los números ya de por sí significan una tragedia, pero cuando observamos que, con base en las estimaciones del INEGI, durante estos dos años ocurrieron 699 mil 271 muertes en exceso, la realidad toma otra dimensión. Y es que, en pocas palabras, de no haberse presentado la pandemia provocada por el Sars-Cov-2, ese número de fallecimientos no hubiera ocurrido.

Existe una diferencia entre el exceso de muertes y los fallecimientos causados por Covid-19 de 274 mil 762; esos decesos son atribuibles a la pandemia, pero no necesariamente significa que los fallecimientos ocurrieron por padecer coronavirus. Seguramente, en los próximos años, y gracias a la efectividad de las vacunas para disminuir la probabilidades de muerte en caso de contraer Covid-19, el coronavirus dejará de ser una enfermedad mortal y se convertirá en un virus catarral común en la población. Lo cual no debe entenderse como un descanso para el sistema de salud mexicano. Por el contrario, los retos por delante pueden ser aún mayores a los enfrentados durante la emergencia sanitaria, con la única ventaja de que estos sí pueden afrontarse de manera ordenada y eficiente, dado que se cuenta con información oportuna para diseñar políticas que atienden dicha situación.

Además de los rezagos en la atención médica y los estudios de diagnóstico (laboratorios, tomografías, ultrasonidos, mamografías y sesiones de rehabilitación), el retraso de la vacunación infantil, el desabasto de medicamentos y el aumento del uso de servicios de salud privados, existe un problema poco mencionado pero importante de tomar en cuenta: los efectos a largo plazo de la Covid-19. Desde mediados de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el virus del Sars-Cov-2, aún después de la recuperación, puede causar síntomas como fatiga crónica, dificultad para respirar, dolores de cabeza, náuseas, niebla mental y dolores musculares. Pero lo más grave es que la Covid-19 incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, pulmonares, cerebrovasculares y mentales en el futuro.

Antes de la pandemia, ya se sabía que en los próximos 25 años nuestro país tendría una población con edad de más de 50 años, y la transición epidemiológica indica que viviremos más tiempo. Lo que significa que las probabilidades de sufrir alguna enfermedad que complique la salud, principalmente las de carácter crónico-degenerativas o no transmisibles, aumentarán. Si a esto le súmanos los factores de riesgo originados por la pandemia, las probabilidades de sufrir una enfermedad crónica en el futuro se han incrementado en la población mexicana.

Por ello es crucial colocar el tema en la agenda pública para que las autoridades diseñen políticas públicas encaminadas a prevenir y atender una problemática que explotará en los próximos años, en un contexto en donde más de 35 millones de mexicanos no cuentan con acceso a los servicios de salud y aproximadamente 66 millones no cuenta con seguridad social. ¿Qué seguimiento se está dando a las personas recuperadas de Covid-19? ¿Cómo se reducirán los riesgos para que una enfermedad crónica degenerativa en el futuro no se complique? ¿Contamos con los recursos necesarios para atender esta problemática? Son solo algunas preguntas que cabe preguntarnos cuando pensamos en este problema de salud.

Pasar de una pandemia a una endemia es una buena noticia, pero no significa que se acabaron las problemáticas y retos para el sistema de salud. Es importante que el foco de atención se mantenga en él para que se implementen acciones concretas que contribuyan a mitigar el impacto de la pandemia, en un área vital para el bienestar de la población. Sin duda, todos celebramos que los contagios, hospitalizaciones y decesos por coronavirus estén disminuyendo de forma notoria, pero eso no puede alejarnos de la realidad que se avecina.

Advertidos estamos y ojalá que el gobierno tenga en mente un plan de acción para enfrentar los retos sanitarios en diversas índoles. Existe una frase popular que dice “primero lo urgente y luego lo importante”; todo indica que, ya pasado lo urgente, hay que centrar la atención en lo importante.

* Luis Javier Cortés Adame (@ljcortes6) es licenciado en Ciencia Política por la UAM y maestro en Administración y Políticas Públicas por el CIDE.

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