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COVID 19 y las cadenas de suministro de alimentos
La cadena de suministro de alimentos está sufriendo múltiples disrupciones derivada de su misma complejidad y los diversos factores que interactúan entre sí.
Por Ana Paula Sandoval Motilla
15 de junio, 2020
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El mundo sigue paralizado. La primera pandemia de la globalización llegó, y además de ponernos a temblar y obligarnos a quedarnos en casa, nos hizo reflexionar sobre la velocidad constante en la que nos estamos moviendo. Aunque las pandemias no son una cosa nueva, tampoco nos había tocado lidiar con una de esta magnitud en un planeta tan interconectado.

Las rutas de tránsito y comercio han sido, desde siempre, de especial ayuda para la propagación de enfermedades contagiosas. Bien dicen que un importante factor para la facilitación de la conquista de México, fueron aquellas enfermedades que llegaron en el mismo barco con los españoles. Según algunos cálculos, a causa de enfermedades como la viruela y el sarampión, murieron nueve de cada diez indígenas.

¿Qué pasa cuando la enfermedad no llega solo con algunos barcos atracados en Veracruz, sino con cientos de cruceros navegando de un lado a otro, miles y miles de aviones volando diario, y millones de automóviles cruzando las fronteras cada día? Cualquier virus se vuelve muy complicado de controlar. Todas esas facilidades para viajar, los acuerdos comerciales y las economías desarrollándose con rapidez se combinaron para crear un sistema interdependiente. Estos factores ayudaron a que el brote de coronavirus tuviera efectos económicos tan inmediatos y abrumadores en todo el mundo. Esta pandemia llegó a enfermar al mundo cuando más interconectados estábamos.

De hecho, a nivel global las cadenas de suministro están viviendo tiempos complejos. Este nos afecta de manera particular a todos a través de nuestro alimentos. La OMC, junto con la FAO y la OMS, emitieron un comunicado en el que expresaban su inquietud sobre una posible escasez en el mercado global de alimentos. Estas organizaciones previeron que muchos países productores de alimentos y granos básicos podrían retener sus cosechas por temor a la escasez, lo que a su vez traería consigo una disrupción en la distribución y volatilidad de precios. Los más afectados serían los países en desarrollo, especialmente aquellos con ingresos más bajos y déficit de alimentos.

En México, hace unas semanas el gobierno señaló las actividades consideradas como esenciales, entre las que se incluyó la producción, procesamiento y distribución de alimentos, lo que permitiría mantener el abastecimiento necesario de alimentos ante la contingencia. Sin embargo, inevitablemente muchos alimentos sufrirán disrupciones, como las que analizamos a continuación:

Los alimentos básicos tendrán menos disrupción

Una buena noticia es que la mayoría de los alimentos básicos (staple crops) no sufrirán disrupción. Este es el caso del maíz, trigo y arroz, productos que en muchos casos se cosecharon hace meses (antes de la pandemia) y que se pueden almacenar durante un largo periodo de tiempo. Además, la producción de este tipo de alimentos está tan mecanizada y automatizada, desde su cosecha a distribución, que no requieren de la concentración de trabajadores en un mismo espacio. Así, en la mayoría de los casos, la cadena de suministros podría mantenerse activa.

La mano de obra intensiva aumenta la disrupción

Aún siendo actividades esenciales, gran parte de la producción agrícola, pesquera y pecuaria depende de una mano de obra intensiva. Si los trabajadores se vieran afectados por la enfermedad o si algunas empresas endurecieran sus medidas de distanciamiento social, la producción y distribución de estos alimentos se verían muy afectadas.

Alimentos perecederos en mayor riesgo

En México, debemos prever una disrupción en los cultivos de ciclo Primavera/Verano. Más de la mitad (54%) de la superficie agrícola se destina a cultivos de este tipo. Entre los productos que se obtienen, destacan básicos para la alimentación mexicana como el jitomate, la lechuga y la calabaza. Estos productos (o los que dependan de ellos como materia prima) son también intensivos en mano de obra y podrían escasear por eso, así como por la falta de distribución de fertilizantes y la reducción o inactividad en el servicio de transporte. De no llegar a su destino, la descomposición de estos alimentos podría ocasionar un aumento en los márgenes de pérdida y desperdicio. Las barreras en el comercio internacional también afectan a los productores de estos alimentos, pues las trabas en los procesos de exportación podrían ocasionar un deterioro en los productos perecederos y, en consecuencia el aumento en el desperdicio de alimentos.

Restaurantes y hoteles en pausa

Según la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados, el coronavirus ha causado una caída del 90% en las ventas y el cierre del 30% de los restaurantes mexicanos. La reducción de la demanda de productos frescos y pesqueros, a causa de esta situación, ha afectado a agricultores, ganaderos y pescadores. En otros casos, algunos restaurantes de lujo mantienen una relación muy cercana con los productores de alimentos de “alto valor” comprando local a quienes comparten ciertos valores de sustentabilidad, como la producción orgánica o sin abuso de fertilizantes y herbicidas químicos. En muchos casos, ha sido difícil que estos restaurantes se adapten a las plataformas de servicio a domicilio, o si lo han hecho, han reducido significativamente sus ventas,afectando a los campesinos y productores, a quienes no les resulta tan fácil redireccionar este tipo de productos a través de otras vías.

Menor demanda en ciertos productos de exportación

México es el principal exportador del mundo de cerveza, tomate, chiles, pimientos, frutos rojos, aguacate, tequila, entre otros. A causa de COVID-19 esto podría afectarse pues los productores de jitomate, aguacate y frutos rojos, ya han reportado un impacto negativo directo en las exportaciones hacia Estados Unidos. Esto a causa del paro de actividades en muchos restaurantes y otros “food services” por la pandemia. Sinaloa, el mayor productor (y exportador) de jitomate en México al año, y que abastece restaurantes como McDonalds y Subway, registró ya una caída en su demanda de hasta 40% desde marzo. Los productos del mar también se han visto afectados, tan solo en la exportación de langosta, la sociedad cooperativa de Cozumel ya ha reportado afectaciones del cien por ciento de su producción, debido a la reducción en las importaciones de China (que era su principal comprador).

Considerando que la existencia de staple crops es alta, los precios del petróleo se han mantenido bajos y la demanda es decreciente, podríamos pensar que no debería haber escasez alimentaria. Esto mismo nos debería dar la tranquilidad de que los precios se deberían mantener sin gran variabilidad. Sin embargo, la realidad es otra. Como revisamos en los puntos anteriores, la cadena de suministro de alimentos está sufriendo múltiples disrupciones derivada de su misma complejidad y los diversos factores que interactúan entre sí. Según el índice de precios al consumidor de la CEPAL, este 2020 se ha registrado una variación hasta del 10% en los precios de alimentos y bebidas, principalmente en México, Ecuador, Brasil y Colombia. De persistir la situación sanitaria, es muy probablemente que se terminarán acentuando los problemas logísticos en la cosecha y el transporte. También se intensificarán las restricciones a las importaciones, lo que podría motivar a un alza mayor en los precios de los alimentos. Esto afectaría de manera general a las poblaciones vulnerables, pues cualquier aumento pone en riesgo su seguridad alimentaria.

De lo que estamos seguros es que las cadenas de suministro de alimentos se verán afectada según el nivel de desarrollo económico de los países. La concentración de cadenas de valor intensivas en mano de obra se ubican en su mayoría en países en desarrollo, pues muchas empresas transnacionales buscan aprovechar la mano de obra barata, entre otras ventajas fiscales y logísticas. Además, muchos de estos países cuentan con un importante sector agrícola, lo que los vuelve especialmente vulnerables a la pandemia, tanto en temas sanitarios como económicos. Algo similar sufren las empresas con cadenas tradicionales que requieren de altas densidades de trabajadores en un espacio limitado. Ellos sufrirán más de esta disrupción que las modernas empresas que cuentan con menor intensidad laboral, capacidad de almacenamiento y plataformas de compra en línea y envío a domicilio. Estas diferencias son las que harán que, de extenderse la crisis sanitaria en el tiempo, la COVID-19 traiga consecuencias desproporcionadas en las cadenas de suministro de alimentos dependiendo de las características de cada país. Y México sería un gran afectado.

* Ana Paula Sandoval Motilla (@apsandovalm) es asesora de Dirección General de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas (@ethoslabmx).

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