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Crónicas de la transformación: los contrapesos
El discurso político del presidente no habría sido exitoso sin la evidencia estadística y documental que organismos como el INAI, el CONEVAL, la Auditoria Superior de la Federación, la CNDH, y el propio INE produjeron.
Por Armando Luna Franco
31 de julio, 2019
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Un gobierno sin contrapesos no es un gobierno democrático. Si esos contrapesos son producto de las luchas ciudadanas por la participación política, por la representación y por la transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio del poder, son doblemente importantes: por un lado, significan un replanteamiento de la relación política entre gobernantes y gobernados, fortaleciendo la legitimidad de los primeros, y la confianza en la política de los segundos. Por otro lado, son la una estructura institucional que no sólo produce recursos y herramientas para la toma de decisiones, sino que permiten establecer mecanismos de control y seguimiento de la acción gubernamental.

Por eso es preocupante los constantes ataques por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador a los órganos constitucionales autónomos. En particular, el ataque más reciente hacia el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) ha expuesto con claridad dos elementos comunes a estos ataques: la respuesta visceral ante cualquier señalamiento (sea crítico o no) de las decisiones tomadas por el presidente, y el rechazo a cualquier mecanismo de evaluación y de producción de evidencias sobre el desempeño.

Lo que inició con una columna publicada por Gonzalo Hernández Licona, ahora exsecretario ejecutivo de CONEVAL, donde solicitaba que se escucharan las sugerencias hechas por la institución que representa para implementar los recortes en materia de austeridad (y apoyar el trabajo que hacen: producir evidencia estadística y comprobable del desempeño en materia de pobreza y política social), terminó con su destitución y la amenaza de desaparecer e integrar sus funciones con las del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Él no fue el primero en señalar la aversión a la política pública basada en la evidencia. Carlos Urzúa, en su carta de renuncia, también señaló esto y advirtió de los peligros de una política pública no basada en la evidencia. Si no se conoce sobre qué se quiere incidir, es imposible diseñar una estrategia efectiva de incidencia. La alta complejidad de la vida social y económica demanda instrumentos y recursos que permitan asimilar, comprender y medir esa realidad. Rechazar la política pública basada en evidencia por asociarla con el modelo neoliberal es irresponsable y mentiroso.

La imposición del modelo económico neoliberal dejó tras de sí muchos problemas sociales, económicos y políticos. No se redujo la brecha de desigualdad, la política de acumulación cerró cualquier posibilidad a una distribución de la riqueza mediante política social, la privatización de los servicios públicos y el retiro del Estado como rector y administrador de la vida pública nos dejó un sistema corrupto y basado en nepotismo. Los proyectos de extracción de recursos naturales destruyeron comunidades indígenas y provocaron desplazamientos forzados de comunidades. Todo esto lo sabemos gracias a los datos y estadísticas que produjeron organismos como CONEVAL.

El discurso político del presidente no habría sido exitoso sin la evidencia estadística y documental que organismos como el INAI, el CONEVAL, la Auditoria Superior de la Federación, la CNDH, y el propio INE produjeron. Sin la estructura que ahora ataca (y que sus correligionarios están ansiosos de erradicar) él no habría logrado persuadir y convencer a la ciudadanía que votó por él de que era necesario un cambio. Es antidemocrático eliminar del régimen político los instrumentos de confianza y legitimidad, que hacen de la relación entre gobernantes y gobernados una relación viable.

Cabe destacar que no ha sido la única institución: como ya mencioné, el INAI, el INE y la CNDH han sido objeto de ataques infundados por parte del presidente. Son ataques completamente asimétricos: la primera tribuna del país (como comenté en mi artículo anterior sobre sus ataques a la prensa crítica) la tiene él. Cuando el presidente utiliza su tribuna para señalar, atacar, juzgar y sentenciar, lo único que hace es diluir la endeble posibilidad de una vida democrática. Es fundamental que como ciudadanía no permitamos estos ataques.

Los intentos de desaparecer instituciones como el CONEVAL son una prueba muy peligrosa: el gobierno actual no teme erradicar cualquier contrapeso institucional que someta a evaluación sus acciones. Se acerca la presentación del Primer Informe de Gobierno, y gran parte de la información con la que se puede contestar y contrastar el informe proviene de reportes como los que hacen estos organismos. Sin ellos, regresamos a la opacidad institucional y la imposibilidad de dar seguimiento al gasto público, a medir los resultados de los programas y saber si en verdad han beneficiado a la población a quien se dirigen.

Por ello, y a manera de conclusión, es necesario exigir al presidente que detenga sus ataques y se acerque a estas instituciones. Hay que confrontar sus ataques y defender los contrapesos que el régimen tiene. Recordemos, como mencioné al principio, que son contrapesos que han nacido a pesar del gobierno, no por su voluntad. Son contrapesos que dan recursos a la ciudadanía para exigir al gobierno que haga bien su trabajo, y no sólo son datos y cifras neoliberales como los ha catalogado. Gobernar con evidencia estadística no es neoliberal. Neoliberal es eliminar contrapesos que hagan opaco el ejercicio del gasto y la toma de decisiones, como nos demostraron los gobiernos a los que se opuso el ahora presidente.

* Armando Luna Franco (@drats89) es politólogo por la FCPyS de la UNAM, y estudiante de maestría en Ciencia Política en El Colegio de México. Sus temas de trabajo son sistemas políticos y electorales, y teoría política.

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