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Cuauhtémoc Blanco: entre el voto de castigo y el voto de fe
De consumarse la victoria del ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, durante los próximos tres años Cuernavaca sería gobernada por una persona sin experiencia en administración pública, poco familiarizada con los problemas del municipio y susceptible a la influencia de personajes como el ex priista Manuel Martínez Garrigós, impulsor de su candidatura y acusado por la Fiscalía General del Estado del delito de peculado durante su gestión como alcalde de Cuernavaca.
Por Gustavo Rivera Loret de Mola
1 de junio, 2015
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Es probable que Cuauhtémoc Blanco se convierta en el próximo alcalde de Cuernavaca. Así lo indica una encuesta reciente y así lo manifiestan en privado personas bien informadas sobre las campañas electorales en Morelos.

La candidatura de Cuauhtémoc Blanco es sui géneris en la historia de México: una celebridad, completamente ajena a la política pero abanderada por un partido político, recurre a un discurso antisistema y antipartidos para ganar la alcaldía de una ciudad donde nunca ha vivido. ¿A qué se debe el inesperado y vertiginoso ascenso de Cuauhtémoc Blanco a la antesala de la alcaldía de Cuernavaca?

La explicación más sencilla es la que el mismo Cuauhtémoc Blanco ofrece cuando le preguntan sobre su candidatura: “los ciudadanos ya están hasta el gorro de los políticos corruptos”. Desde esta perspectiva, el éxito de la candidatura de Blanco radicaría en que su proyecto es “ciudadano y honesto”, lo cual, encapsulado en el eslogan de “menos políticos, más ciudadanos”, le permitiría capitalizar el rechazo generalizado a los políticos y la creencia de que “todos son iguales”. El voto por Cuauhtémoc Blanco, por lo tanto, sería un voto de castigo a los políticos y a los partidos.

Otra explicación –en mi opinión, la más interesante— es que Cuernavaca carece de una sociedad civil y de un sector empresarial suficientemente fuertes e independientes para fungir como contrapeso de los partidos políticos y como filtro de los candidatos que postulan. Desde esta perspectiva, el éxito de la candidatura de Blanco radicaría en el olfato político de los dirigentes del Partido Socialdemócrata (PSD), quienes habrían anticipado correctamente que las organizaciones de sociedad civil y los líderes empresariales de Cuernavaca no someterían la candidatura de Blanco a ningún escrutinio. El voto por Cuauhtémoc Blanco, por lo tanto, sería un voto de fe ante la falta de información pertinente, oportuna y veraz sobre los candidatos, y ante la ausencia de líderes sociales y empresariales que exijan cuentas a los gobernantes, que funjan como filtro de los candidatos que postulan los partidos y que ayuden a los votantes a evaluar las propuestas de cada uno de ellos.

No encuentro razones para dudar de la integridad personal de Cuauhtémoc Blanco. Sin embargo, de consumarse la victoria del ex futbolista, durante los próximos tres años Cuernavaca sería gobernada por una persona sin experiencia en administración pública, poco familiarizada con los problemas del municipio y susceptible a la influencia de personajes como el ex priista Manuel Martínez Garrigós, impulsor de su candidatura y acusado por la Fiscalía General del Estado del delito de peculado durante su gestión como alcalde de Cuernavaca (2009-2012).

A diferencia de Manuel Clouthier, Pedro Kumamoto y Jaime Rodríguez “El Bronco”, Cuauhtémoc Blanco no es un candidato independiente con una trayectoria política pública y una agenda programática verificable. La candidatura de Blanco es resultado de los años de autocomplacencia y apatía de la sociedad civil y del sector empresarial morelense, y de la falta de mecanismos meritocráticos para seleccionar candidatos al interior de los partidos políticos.

No obstante lo anterior, si los partidos postulan candidatos mediocres es porque los ciudadanos no demandamos mejores. Que el caso de Cuauhtémoc Blanco sirva como alerta a los empresarios sobre las consecuencias de ser cómplices de gobernantes y candidatos incompetentes por miedo a perder contratos y sacrificar ganancias en el corto plazo; que sirva como alerta a los intelectuales públicos y a la sociedad civil sobre las consecuencias de sacrificar su independencia a cambio de cargos, recursos y privilegios, y que sirva como alerta a los ciudadanos sobre las consecuencias de no exigirle más a sus líderes sociales. La fortaleza electoral de Cuauhtémoc Blanco es inversamente proporcional a la debilidad de los líderes sociales y empresariales de Cuernavaca. Aceptar esta realidad es el primer paso para cambiarla, en Cuernavaca, en Morelos y en México.

 

* Gustavo Rivera Loret de Mola (@gustavoriveral) es Doctor en Gobierno por la Universidad de Texas en Austin.

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