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De cuando consumir menos plástico y bañarse en 5 minutos hacían una diferencia
Según la ONU, nos quedan menos de 12 años para llegar al punto de no retorno, por lo que ciudadanos, gobiernos y empresas debemos actuar juntos para reducir drásticamente el uso de tierra y agua, así como las emisiones de gases de efecto invernadero.
Por Rob Marom
6 de junio, 2019
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Cada vez es más común ver noticias con encabezados alarmantes sobre los efectos del calentamiento global, ya sea por alcanzar niveles de CO2 nunca antes registrados en el planeta, la muerte de un tercio de la población de zorros voladores en Australia o la presencia de plástico en las zonas más profundas del océano. El mensaje es claro, estamos muy cerca de llevar al planeta a su extinción, y por lo mismo, se ha observado un incremento en el número de personas que muestran interés por iniciativas de conciencia ambiental. Muchas se enfocan en dejar de usar popotes o en el movimiento zero waste, pero existen otros factores en juego a los cuales es esencial prestarles atención.

En octubre del año pasado, un equipo de casi cien autores del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) evaluó más de 6,000 fuentes científicas para elaborar un informe en el que se detallan los peligros de no frenar el curso actual que encamina a la Tierra a un calentamiento superior a los 3 °C. Todos los titulares devastadores que vemos con cada vez más frecuencia aluden a sucesos que ocurren en el margen de 1°C de calentamiento, así que resulta aterrador imaginar todo lo que podría pasar de llegar a la temperatura pronosticada.

Según la ONU, nos quedan menos de 12 años para llegar al punto de no retorno, por lo que ciudadanos, gobiernos y empresas debemos actuar juntos para reducir drásticamente el uso de tierra y agua, así como las emisiones de gases de efecto invernadero. Según el reporte, una de las maneras más significativas de hacerlo es reducir la dependencia global de la industria pecuaria. La explotación de animales para producir carne, huevos y lácteos es simplemente insostenible y está destruyendo al planeta. Basta contextualizar para entender porqué estas industrias causan más estragos que la suma de toda la actividad petrolera.

La carne no se materializa mágicamente en los refrigeradores de los supermercados, a pesar de los esfuerzos de la mercadotecnia para hacérnoslo creer. Hoy en día, la población de animales explotados como alimento supera por mucho a los siete mil millones de humanos que habitan la Tierra, y la falta de conciencia sobre la procedencia de nuestros alimentos hace que la carne, los huevos y lácteos sean vistos como simples ingredientes. Es fácil olvidar que provienen de seres sintientes, que en este momento están confinados en algún lugar en contra de su voluntad, y que los gases que generan todos estos animales y su excremento son responsables de cantidades inconcebibles de emisiones de efecto invernadero que cada año se quedan atrapadas en nuestra atmósfera. Además, la cantidad inmensa de tierra que se necesita para crear los espacios en los que serán confinados y cultivar su alimento lleva a la destrucción de millones de hectáreas de bosques y selvas, lo cual solo empeora el calentamiento del planeta.

La lista de todos los problemas causados por la industria pecuaria es prácticamente interminable, una simple búsqueda por internet bastará para confirmarlo, y esto ni siquiera contempla el tema moral de la terrible crueldad a la que los animales son sometidos. Los pocos hechos mencionados previamente son más que suficiente para dejar en claro que no podemos seguir comiendo carne.

El tiempo de solo tener buenas intenciones ha quedado atrás, es necesario tomar una mirada honesta a nuestros hábitos y analizar el daño que realmente causan. Lamentablemente, es aquí donde la situación se pone difícil, pues es más fácil argumentar que todo esto se trata de una “imposición de ideologías”. Los grupos de cero desperdicio podrían decir que ellos aportan su contribución a su manera, pero que no hay que ir a los extremos. Los restaurantes podrían decir que no ofrecer popotes es suficiente y que pedir más es un abuso, pero en realidad, estamos muy lejos de la época en la que iniciativas como usar menos plástico o bañarse en cinco minutos eran un aporte significativo. Al considerar que el agua utilizada para producir la carne de una sola hamburguesa es la misma que la necesaria para ducharse por dos meses, es fácil entender dónde hay que concentrar nuestros esfuerzos.

El tiempo de actuar es ahora y los únicos límites son los impuestos por nosotros mismos. El sabor de algunos alimentos y la renuencia a un cambio en la alimentación pierde relevancia en un planeta condenado a la destrucción. El momento de luchar por el planeta al máximo de nuestra capacidad es ahora, después será demasiado tarde.

* Rob Marom (@RobMarttz) es coordinador de contenido en Mercy For Animals, organización internacional que tiene la misión de trabajar para que los animales sean respetados, protegidos y libres de seguir sus propios intereses. Nuestra misión es construir un sistema alimentario compasivo al reducir el sufrimiento de los animales y ponerle fin a su explotación en la industria de la alimentación.

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