De toques y tocayos: manual para construir un debate serio sobre la mariguana (réplica) - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
De toques y tocayos: manual para construir un debate serio sobre la mariguana (réplica)
El prohibicionismo en materia de drogas nos ha traído poca salud y mucho crimen. La apuesta con la iniciativa presentada en la ALDF es alejarnos del crimen y acercarnos a las autoridades de salud. Que sea el Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones y no el Ministerio Público el protagonista de la historia.
Por Alejandro Madrazo
24 de febrero, 2014
Comparte

Por: Alejandro Madrazo (@BuenMadrazo)

Hace un par de noches leí el blog Alejandro Hope publicado en este espacio. Me sorprendió. Si de alguien esperaba una batería de críticas duras, constructivas y honestas, era de mi informado e inteligente tocayo. Lo que encontré, en cambio, lo habría esperado de los más dogmáticos defensores del prohibicionismo: una ponzoñosa descalificación, con alguna alusión a la divinidad; y tampoco podían faltar chascarrillos y risitas (reconozco que al menos se abstuvo de hacer chistes de pachecos). No me malentiendan: el artículo es divertidísimo. Con ese sentido del humor ágil y ácido, el autor podría ser un stand-up-comedian. Pero el texto deja mucho que desear. Vamos, que haya sentido la necesidad de concluir aclarando al público lector que no es prohibicionista (de la marihuana, hay que especificar) es elocuente en sí mismo.

Tras la publicación del artículo de Hope, no tardaron los telefonazos para preguntar si traíamos cuentas personales o si se estaba recuperando de alguna adicción, convertido a una secta religiosa. Alguien incluso preguntó si había algún “lío de faldas”, como si se tratara de un duelo de machos. Algunos sugirieron que le contestara punto por punto, con la misma saña.

Calma –pensé­­. Hasta dónde yo sé, de lo único que mi tocayo se recupera es de haber trabajado en el CISEN, en épocas de Calderón. Y la verdad es que su evolución post-CISEN resulta notable. Es una de las personas más experimentadas trabajando en la materia y tiene muchísimo que aportar. Si a él no le podemos sacar provecho como crítico, entonces la apuesta por abrir un “debate serio” sobre la cannabis está perdida.

Me di, pues, a la tarea de sacarle jugo a las piedras (la piedra siendo el post, no el autor) y lancé un tuit invitándole a compartir sus argumentos, que fueron más reveladores que los expuestos en su blog. A continuación ofrezco una reconstrucción de sus críticas y propuestas. Asumo el riesgo de poner palabras en boca ajena, así que invito a Hope a desmentirme si mi apreciación de nuestro pequeño debate fue errada.

Estas dos láminas sintetizan los principales cambios que las iniciativas proponen:

Lamina 1

Lamina 2

A mi tocayo parece preocuparle:

1)    El uso del principio de oportunidad, sobre el que se construye toda la iniciativa local pues, para él, es un “subterfugio”.

2)    Que si la iniciativa fracasa, pueda quedar “quemado el tema por años”.

En lugar de las iniciativas que presentamos, el propondría:

1)    Sólo abrir a clubes canábicos, que “pueden crecer a la escala que se quiera. No hay en principio limite de tamaño”. No despenalizar para el uso terapéutico (como propone la iniciativa federal); tampoco un modelo de tolerancia tipo coffee shop holandés, sin consumo in situ (como propone la iniciativa local).

2)    Presentar una sola iniciativa federal (para él, ir por lo local es imitar el proceso gringo). A su juicio, intentamos la vía local pensando que “por allí podía pasar”. Es decir, por oportunismo político y nada más.

3)    Garantizar un respaldo multipartidista.

4)    La inclusión de impuestos.

Respondo y explico, porque sus propuestas fueron en su momento consideradas y, algunas, rechazadas.

1. Los clubes canábicos sonuna especie de cooperativa que requiere de usuarios frecuentes y responsables que cultivan y comparten entre ellos. Este modelo eliminaría muchos de los problemas que representan los mercados lucrativos de substancias riesgosas. Pero aunque es una buena idea, es insuficiente para resolver el problema del mercado negro, porque no bastaría para abastecer la demanda actual. Eso dicho, reconocemos que el esquema es valioso, y de hecho, la iniciativa sí incluye la posibilidad de que existan dichos clubes. Es la única parte de la propuesta que requiere de ambas iniciativas –la federal y la local–, pero allí está. Primero tendría que descentralizarse la competencia sobre el cultivo (hoy es competencia exclusiva federal) y luego tendría que ampliarse el modelo de tolerancia sobre la posesión y distribución que se está proponiendo a nivel local.

2. Una sola iniciativa federal. Aclaremos que la opción por lo local no es fortuita. Uno de los más graves problemas del prohibicionismo es suponer que una solución sirve para todos, en todo lugar. Inclusive si la regla hegemónica no fuese la prohibición, sino alguna otra (como mariguana médica exclusivamente), pretender que un modelo funcione universalmente es no entender el fenómeno de las drogas. Los tres componentes que se deben tomar en cuenta para enfrentar los riesgos asociados al consumo de drogas son a) la persona, b) la substancia y c) el contexto. Por más que la substancia sea la misma, ni el contexto ni las personas son las mismas. No son los mismos usos de la mariguana los que se presentan en Puerto Escondido, Oaxaca, que los que suele enfrentar Mexicali, Baja California. Es más, no es lo mismo Polanco que la Morelos, por eso la iniciativa local da un margen amplio al Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA), para normar los espacios de abastecimiento seguro.  Además, creamos o no en el federalismo, hoy por hoy la Constitución establece que el tema de las drogas es concurrente (esto es, la competencia se comparte) entre federación y entidades federativas. Así que tenían que ser dos iniciativas (y no tres, como erróneamente sostuvo en tuiter mi tocayo).

3) Respaldo multipartidista. Eso es, precisamente, lo que se pretende construir –y estoy seguro que se logrará. Hope, como ahora muchos mexicanos, parece creer que las iniciativas deben presentarse después de ser consensuadas. Será anacrónico, pero los impulsores de la propuesta están apostando a un proceso legislativo construido en torno a la deliberación parlamentaria, no a la imposición. Sin duda, nuestra vida sería más fácil si el encabezado noticioso al día siguiente de la presentación hubiese sido: “Mancera da línea: PRD plancha en ALDF”. Si se llama a “abrirse al debate” es porque ello, en sí mismo, tiene enormes virtudes democráticas. Al final del día, no se quiere nada más cambiar una política pública; se apuesta por librar y ganar una batalla cultural contra los prejuicios y el reflejo represivo que existe en torno al tema de las drogas. Hay que dar el debate. Sin tapujos y sin risitas.

4) Impuestos. Este, sin duda, es el gran problema con la iniciativa: los impuestos son una de las más eficaces políticas públicas para promover la salud y contener los estragos de las substancias peligrosas. Así lo ha demostrado el caso del tabaco y así lo estaremos viendo con los refrescos en el mediano plazo. El problema es que mientras no se despenalice la cannabis a nivel federal, las transacciones no podrán ser gravadas porque, aunque toleradas, permanecerá su carácter ilícito. La buena noticia es que si se aprueba la legislación federal, en automático se abriría la puerta para una política fiscal con fines extra fiscales (esto es, distintos a la recaudación de impuestos, como es desincentivar el consumo) que minimice aún más el riesgo a la salud de la población.

5) Principio de oportunidad. No es un subterfugio, es un mandato constitucional (el artículo 21 constitucional así lo dice). Además, es de sentido común. Los recursos del Estado son escasos y con independencia de la mota, no podemos seguir pretendiendo que vamos a perseguir todo delito; las tasas de impunidad en nuestro país rondan el 98%. Hay que priorizar… ¿quién cree que hay que perseguir a poseedores de mariguana mientras hayan violadores, homicidas, secuestradores, pederastas y extorsionadores impunes? La iniciativa propone justo eso: ni un consumidor en la cárcel, mientras haya un secuestrador pendiente de enjuiciamiento. No regular el principio de oportunidad es dejar a la arbitrariedad policiaca la decisión sobre qué delitos perseguir y cuáles no.

6) Quemar el tema. Si algo ha caracterizado el tema de política de drogas en nuestro país es el temor a plantear y discutir enfoques alternativos. Quizá me equivoque, pero si seguimos esperando “la enchilada completa” nos vamos a quedar esperándola. Nada peor que lo que tenemos: consumidores criminalizados, farmacodependientes encarcelados, policías distraídos, muertos regados y muchos desaparecidos. El prohibicionismo nos ha traído poca salud y mucho crimen. La apuesta es alejarnos del crimen y acercarnos a las autoridades de salud. Que sea el IAPA y no el MP el protagonista de la historia. La trayectoria profesional de Alejandro Hope es una buena metáfora: la política de drogas debería dejar de pertenecer a los aparatos de seguridad y acercarse a la sociedad civil.

Al final de la conversación en redes, Alejandro Hope calificó la iniciativa de “sub-óptima”. Concuerdo: sería mejor que aquí, como en Uruguay, pudiéramos darle un giro de 180% a la ruta que nos ha llevado al despeñadero. Pero también es cierto que México no es Uruguay, es más grande y más complejo. Necesitamos construir alternativas en forma gradual y escalonada, para así poder ajustar las intervenciones a partir de los resultados. Me quedo con el calificativo de “sub-optima” y festejo que mi tocayo haya transitado de la risita a la ponderación de alternativas concretas. Creo que podemos calificarlo de “un buen inicio” en la construcción de un “debate serio” sobre política de drogas en México.

Es la primera vez que está sobre la mesa una propuesta seria, viable y con posibilidades de aprobarse. Hay quienes daban por muertas las iniciativas, incluso antes de que se presentaran. Creo que subestiman el poder de las razones detrás de las mismas. En nuestra conversación aposté a que con el debate se generaría el apoyo necesario para aprobar las iniciativas. Pues bien, estos son los términos: si ganamos todos, propongo que mi tocayo se dé un toque y nos platique a detalle en su blog cómo le fue y si teme volverse adicto tras la experiencia; si perdemos todos, prometo fumarme todos los chistes de pachecos que le vengan en mente.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.