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Defender la ciencia
Ahora que la academia está en el foco de discusión pública, le toca reflexionar sobre sus actitudes y las dinámicas de exclusión que han vulnerado tanto su imaginario colectivo.
Por Nicolás Galindo
17 de octubre, 2020
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Al concluir mis estudios de preparatoria en el 2018, comenzó mi desarrollo académico con muchas preguntas y pocas respuestas. En este proceso, el primer reto fue reflexionar sobre en qué espacio y las formas en que habría de contestar las incógnitas que dirigen mi vocación: ¿cómo puedo mejorar las condiciones de vida dentro de mi comunidad? y ¿qué herramientas puedo desarrollar para entender estas condiciones, sus causas y posibles intervenciones? Tras una larga búsqueda y una reducida lista de opciones, el CIDE se convirtió no sólo en dicho espacio sino también en un hogar donde, considero, he logrado crecer académica y personalmente. En esta institución por fin podría empaparme de algunas de las discusiones académicas más pertinentes para entender aquellos dilemas que me hacen sentir un interés por las ciencias sociales. Hoy, sin embargo, en mi quinto semestre de la Licenciatura en Políticas Públicas, este hogar se ve amenazado nuevamente por la propuesta de extinguir los fideicomisos.

Como cualquier otra estudiante en una institución con el rigor académico del CIDE, mi experiencia ha sido muy variada. El estrés, presión académica e inseguridad personal son constantes que han marcado mi trayectoria en la institución. Experiencias que, junto con otras compañeras, hemos criticado varias veces frente a las autoridades de nuestra comunidad y de otros espacios académicos. A pesar de ello, como muchas otras estudiantes del CIDE, considero a esta institución como un espacio que se presta para el desarrollo de comunidad, mi persona, conocimiento e ideas. De esta forma, paralelo al reto emocional, se encuentra un sentimiento de asombro por las profesoras que en el día a día dedican sus vidas a entender los principales problemas de México; asombro por una comunidad estudiantil diversa, inclusiva y rica en sus perspectivas críticas sobre distintas condiciones de desigualdad, y asombro por los trabajos de investigación que, a través de recursos como el fideicomiso, se desarrollan en esta institución.

Es en estas condiciones que, con el miedo que implica la extinción del fideicomiso, compañeras, profesoras y otras integrantes de nuestra comunidad decidimos concentrarnos en la Plaza de Exedra para defender este recurso. Recuerdo haber llegado unos minutos tarde, el sol se posicionaba alto en el cielo, y enseguida busqué cómo podría contribuir a la concentración. Las presentes nos dimos a la tarea de idear consignas, hacer ruido y a través de nuestras voces defender los fideicomisos, la ciencia y sobre todo la poca autonomía que se le ha dado a estos espacios críticos.

Durante la concentración, varias personas se aproximaban, leían los carteles que nuestras compañeras sostenían, reporteras grababan las consignas con sus cámaras y nosotras intentábamos hacer notar las implicaciones que esta iniciativa tendría. Para nuestra comunidad recursos como el fideicomiso significan mucho: el desarrollo de proyectos multianuales; becas para estudiantes; la capacidad de participar como asistentes en proyectos de investigación; la variedad de proyectos que se adoptan y algún grado de independencia ante los ciclos políticos. Sin embargo, la academia en México ha convivido poco con la sociedad y, consecuentemente, ha limitado su valoración a ciertos círculos políticos y sociales.

Estos problemas que implica la exclusividad de su lenguaje y la exigua difusión de sus productos no significa que la ciencia en México carezca de importancia. Estos espacios fungen como locus de discusión por entender las dinámicas que perpetúan la desigualdad en México, la violencia ocasionada por la ‘guerra contra las drogas’, nuestros principales aciertos, así como las áreas de oportunidad que existen en materia de política pública. Para generar un mayor entendimiento sobre estos y muchos otros problemas que aquejan a nuestra sociedad es necesario defender los mecanismos que permiten su financiamiento.

Ahora que la academia está en el foco de discusión pública, le toca reflexionar sobre sus actitudes y las dinámicas de exclusión que han vulnerado tanto su imaginario colectivo. En específico, le toca adoptar una postura crítica sobre las barreras de lenguaje que obstruyen la difusión de sus aportaciones; las posturas de superioridad que ha adoptado frente a otras formas de significado, como el arte; sus criterios de objetividad, por ejemplo, la separación estricta entre sociedad como objeto de estudio y la academia como agente de investigación; sus posturas colonialistas en la prescripción normativa de soluciones científicas y, en general, debe adoptar nuevas actitudes que permitan su involucramiento en espacios sociales más amplios.

* Nicolás Galindo (@NicolsGalindo6) es estudiante de 5o semestre de la Licenciatura en Políticas Públicas en el Centro de Investigación y Docencia Económicas sede Región Centro.

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