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Delfina, Josefina y la brecha de género en campaña
En campaña, las mujeres están expuestas a una cobertura mediática sesgada y ataques relacionados directamente con el género, situaciones de las que los hombres se encuentran exentos.
Por Blog Invitado
11 de marzo, 2017
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Por: Enrique López Alonso (@lopezalonso88)

Con un llamado al cambio y defendiéndose de las acusaciones de corrupción en su contra, Josefina Vázquez Mota se convirtió el pasado domingo en la candidata del PAN a la gubernatura del Estado de México, sumándose a Delfina Gómez y Alfredo del Mazo, de Morena y el PRI respectivamente. De acuerdo con una encuesta publicada por El Universal, los tres aspirantes se encuentran empatados, lo cual implica que la alternancia en tierras mexiquenses puede ser liderada por una mujer, un hecho de por sí histórico que adquiere mayor relevancia en una entidad con una tasa de feminicidios al alza. Sin embargo, las candidatas enfrentan un doble reto, y es que del 2010 a la fecha 48 de las 49 elecciones para gobernador en México han sido ganadas por hombres.

¿Ser mujer realmente importa?

Una primera hipótesis sugiere que las prácticas restrictivas de las dirigencias partidistas impiden que las mujeres accedan a las candidaturas. Si bien es cierto que los acuerdos por unanimidad, convenciones de delegados y demás simulaciones al interior de los partidos benefician a los varones, en el 59 % de las elecciones dentro del período mencionado los hombres no lograron monopolizar la boleta y en 18 de las contiendas al menos una candidata obtuvo más del 5 % de la votación. Destaca, por supuesto, la victoria conseguida por Claudia Pavlovich en Sonora, así como los casos de Lorena Martínez en Aguascalientes, que perdió por menos de 3 puntos porcentuales en 2016, y Luisa María Calderón, que en 2011 quedó a 50 mil votos de lograr el triunfo en Michoacán. Por lo tanto, la brecha de género no se forja exclusivamente en las élites partidistas, sino también en el terreno de la opinión pública.

Desde la década de los setenta, en Estados Unidos existe un debate académico en torno al papel que juega la comunicación política en la brecha de género, específicamente en cuestión del reforzamiento o atenuación de estereotipos. De acuerdo con la postura dominante, hombres y mujeres que compiten por un cargo son percibidos de forma distinta: los candidatos están vinculados con atributos como liderazgo, determinación y experiencia, destacando en temas de seguridad, economía y política exterior, mientras que las candidatas son relacionadas con honestidad, compasión y sensibilidad, en tanto que están mejor valoradas en temas como educación y salud.

Sin embargo, esta distribución no es imparcial, pues las características típicamente femeninas contradicen las expectativas que implica un cargo público. La Teoría del Rol Social explica que la asociación de hombres y mujeres con ciertos valores se genera a partir de la hegemonía histórica de un género en determinadas posiciones, el caso de los varones y los puestos de liderazgo político. Por otro lado, un artículo publicado recientemente afirma que existe un efecto inmediato en las orientaciones sexistas de aquellas personas que viven en municipios gobernados por una alcaldesa en México, por lo que el cambio puede producirse más rápido. Ya sea a través de un proceso parsimonioso o expedito, ambas posturas coinciden en que la presencia de mujeres en puestos de elección popular reduce significativamente los estereotipos, una lógica que se utiliza, por ejemplo, como argumento a favor de la adopción de cuotas en el Congreso, independientemente de la razón central de garantizar igualdad en la representación política.

“En México eso no sucede…”

En campaña, las mujeres están expuestas a una cobertura mediática sesgada y ataques relacionados directamente con el género, situaciones de las que los hombres se encuentran exentos. Durante 2012, la propia Vázquez Mota tuvo que responder en cada una de sus entrevistas a la pregunta “¿México está preparada para una presidenta?”, un cuestionamiento que exponía su candidatura como algo fuera de lugar. Asimismo, los periodistas del programa Tercer Grado la “tutearon” en su participación, mientras que Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Quadri fueron tratados de “usted” en el panel encabezado por Leopoldo Gómez.

Otra descalificación frecuente consiste en reducir a las candidatas a una mera extensión de su cónyuge. En el mismo proceso electoral, el programa de Televisión Azteca “Campañeando” criticó los aretes de Vázquez Mota por su elevado costo, a lo que el reportero Vicente Gálvez comentó: “Para eso tiene a su marido trabajando, ¿no? Para que le cumpla sus gustos”. En el mismo tono, hace unos meses el Subcomandante Marcos llamó “Calderona” a Margarita Zavala, acusándola además de ser “cómplice y pretendida heredera de un psicópata aficionado al alcohol y a la sangre (…) señalada por el Mandón como su vocera”. Por el contrario, los candidatos varones están blindados ante dichos escenarios, pues ningún periodista o actor político los descalifica so pretexto de su estado civil ni los limita a una figura decorativa por motivos de género.

¿Oportunidades desde la comunicación?

Dado el escenario actual, acciones afirmativas como las cuotas resultan urgentes a nivel Ejecutivo, más aún en un sistema presidencialista, donde ser alcalde, gobernador o presidente representa la más alta aspiración política y cuyas elecciones atraen la atención de los votantes. Aunado a ello, es imperativo que el presupuesto destinado a liderazgo femenino cumpla su función y no se destine a la compra de mandiles, como ocurrió con el Partido Verde. En lo que concierne a la comunicación, dentro de una campaña electoral la publicidad ofrece a las candidatas la posibilidad de difundir sus propuestas en un ambiente controlado, a diferencia de los ataques y la mediación en la cobertura noticiosa. Ante ello, existen dos opciones: a) desarrollar una estrategia presuponiendo condiciones equitativas; b) estar conscientes de que el mismo mensaje puede ser percibido de forma distinta dependiendo del emisor y que los estereotipos cuentan a la hora de votar.

La segunda permite hacer uso de atributos y temas para generar las condiciones de cambio que plantean tanto la Teoría del Rol Social como el efecto top of mind de Kerevel. En Estados Unidos, por ejemplo, un estudio reveló que los candidatos varones a gobernadores procuran atraer a las candidatas a los temas asociados con lo femenino para promover los estereotipos, un comportamiento que no se repite en competencias donde sólo participan hombres. Por su parte, un análisis de mujeres que aspiraban a cargos ejecutivos en nueve países señala que un ambiente de cambio las favorece sustancialmente, una coyuntura similar a la que vive actualmente el Estado de México. En conclusión, no se trata de una fórmula mágica ni de manipular la esencia de las personas que se postulan, sino de enfrentar los retos que presenta cada campaña con mensajes que sean congruentes con las predisposiciones de los electores teniendo como finalidad reducir la brecha.

Más allá de foros ocasionales, en nuestro país no existe un debate académico que permita plantear soluciones específicas para el caso mexicano desde la comunicación; sin embargo, esto no quiere decir que hombres y mujeres compitan en igualdad de condiciones, como lo evidencian los indicios sexistas campaña tras campaña y los hallazgos en otras latitudes. Si Delfina Gómez, Josefina Vázquez Mota y el resto de candidatas buscan el equilibrio en la representación política, ignorar las condiciones desiguales del proceso electoral puede llevarlas a tomar decisiones equivocadas. Resulta común escuchar que en una elección triunfa quien tiene una imagen positiva y presenta las propuestas más viables, independientemente de su género. Desafortunadamente, en México el principio que establece que “el mejor candidato gana” significa en realidad “el mejor hombre gana” y eso no va a cambiar en un país que elige gobernadores varones el 98 % de las ocasiones.

 

* Enrique López Alonso es estudiante de la Maestría en Política y Comunicación de la London School of Economics and Political Science (LSE)

 

 

Resultan particularmente útiles los estudios de Krueger, Hasman, Acevedo y Villano, así como Huddy y Terkidlsen.

Eagly y Karau ofrecen una detallada explicación de la teoría aquí.

A partir de una serie de entrevistas, Katia D’Artigues plasma la experiencia de Vázquez Mota como candidata presidencial en el libro Una lección para todas.

El segmento está disponible aquí.

 El comunicado íntegro se puede consultar aquí.

Rainbow Murray (ed.), Cracking the Highest Glass Ceiling: A Global Comparison of Women’s Campaigns for Executive Office.

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