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Dos Bocas: el capricho presidencial
Cuando nuevamente las lluvias o las inundaciones por el aumento del nivel del mar o huracanes golpeen la refinería de Dos Bocas, morirán manatíes, se contaminará la producción de ostión y cacao, y aumentarán enfermedades en la población.
Por Bernardo Bolaños
30 de octubre, 2019
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En Tabasco, la elevación del nivel del mar por el cambio climático contribuye en algunos lugares a la pérdida de hasta seis metros de costas cada año. Este fenómeno va a acelerarse porque los polos se deshielan y el aumento de la temperatura promedio de la atmósfera dilata el agua (es decir, ocupa más espacio). Al mismo tiempo que se inunda, los manglares se salinizan por el agua de mar. Y el estado natal del presidente es un territorio cuyas actividades productivas son fundamentalmente costeras.

Los anteriores datos no provienen del Banco Mundial, de la OCDE o del Fondo Monetario Internacional, como parte de un complot para tratar de mantener a México en el subdesarrollo. Se originan de instituciones mexicanas como el Instituto de Geografía de la UNAM, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y el Laboratorio de Análisis Socioterritorial de la UAM-Cuajimalpa. Yo participé en 2012 en los foros para la elaboración del Programa especial de cambio climático 2014-2018, presididos por el Dr. Mario Molina. Ese programa está disponible en Internet y contiene mapas y explicaciones que muestran que Tabasco es el estado más vulnerable a sufrir pérdidas económicas por lluvias en el país, además de que también es altamente vulnerable a inundaciones. Por si ello no fuera suficiente, la infraestructura estratégica de PEMEX en la región será más propensa a sufrir un accidente industrial en la zona por el megaproyecto Dos Bocas.

En abril de 2018, el gobierno de Enrique Peña Nieto descartó el puerto de Dos Bocas como posible sede de una nueva refinería. Pero en julio del mismo año, el candidato ganador López Obrador rehabilitó el proyecto, contra toda la evidencia científica disponible.

Ante las críticas, la secretaria de energía, Rocío Nahle, declaró que Dos Bocas nunca se había inundado. Groenlandia tampoco se había deshielado a este ritmo en los últimos mil doscientos años (entonces por el periodo cálido medieval, cuando los vikingos la colonizaron durante algunos siglos, hasta que un nuevo cambio climático -la llamada “pequeña edad de hielo”- volvió a expulsarlos). Pero en agosto de este año, 60 billones de toneladas de hielo se derritieron en el Ártico en sólo cinco días. Ello ocurre porque el actual cambio climático transforma repentinamente ecosistemas. Estos parecen aguantar los cambios hasta que colapsan de golpe.

El huracán Harvey que golpeó Houston en agosto de 2017 es considerado como el más dañino de la historia de Texas. Debido a este fenómeno hidrometeorológico de intensidad atípica, las refinerías de la región contaminaron la zona de benceno, cancerígeno reconocido. Cuando nuevamente las lluvias o las inundaciones por el aumento del nivel del mar o huracanes golpeen la refinería de Dos Bocas, morirán manatíes, se contaminará la producción de ostión y cacao, y aumentarán enfermedades en la población.

La construcción de Dos Bocas es aún más absurda porque se hace simultáneamente a ambiciosos proyectos como el de convertir a Tabasco en la capital mundial del chocolate. Ésta última es, por sí misma, una excelente idea. 4% de PIB de Suiza proviene de exportar chocolate, sin que ese país produzca cacao. No sería imposible que Tabasco tomara su lugar, gracias a ventajas comparativas como la producción de la semilla, la salida al mar y los salarios competitivos ¡Pero el chocolate con petróleo y benceno no competirá nunca con Lindt, Toblerone y Munz!

Leí partes del libro El poder en el trópico, de López Obrador, y cuando habla del “maleficio del petróleo” no me parece que sea su voz, estando tan obsesionado con construir una refinería en Tabasco. ¿Lo habrá escrito él?

* Bernardo Bolaños es licenciado en derecho por la UNAM, maestro en historia y filosofía de la ciencia (por la UNAM y por la Universidad de París 1) y doctor en filosofía por la Universidad de París 1. Además de enseñar en la UAM, ha sido profesor de asignatura en la UNAM, en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Entre 2005 y 2006, realizó una estancia posdoctoral en filosofía política dentro del laboratorio NoSoPhi (Normas, sociedades, filosofía) de la Universidad de París.

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