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El combate a la corrupción sí, el freno a la ciencia no
La ciencia, la tecnología y la innovación requieren de disponibilidad presupuestal continua, libertad académica, decisiones colegiadas por sector y colaboración en red dentro y fuera del país con las que también se puedan hacer presupuestos conjuntos, que ya no serán posible con la extinción de los fideicomisos.
Por Anaid Reyes Hernández
14 de octubre, 2020
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En las últimas semanas se ha hablado de la propuesta de eliminación de fideicomisos en los que dice han encontrado rastros de corrupción, pero queda poco claro sobre cuál es la contrapropuesta, y si esta satisface las necesidades normativas y temporales que los proyectos afectados tienen. Si se eliminan los fideicomisos y el sector de la Ciencia y la Tecnología -que siempre fueron auditables- y los recursos se quedan en el limbo, ¿cuáles son las consecuencias inmediatas de que no haya claridad sobre el mecanismo que se tiene planeado para sustituir los fideicomisos que se planea eliminar? ¿Cuál es la certeza de que los recursos económicos para este sector puedan ser operados de forma multianual y permitan la colaboración que es la base de la investigación científica?

Hablemos de un ejemplo concreto. Hace unos días se anunció el premio Nobel de física para los investigadores que desarrollaron el proyecto matemático que hizo posible observar la sombra de un agujero negro en otra galaxia y, del cual, apenas unos meses antes se logró tener la primera imagen, histórica. Con este acontecimiento celebramos un avance más en la explicación de la existencia de la vida en el universo. México, orgullosamente, ha participado con uno de sus telescopios –quizá el proyecto científico más importante en la historia del país– en la toma de aquella imagen y es ampliamente reconocido por sus aportaciones.

Imaginemos ahora que llega el 2021. El grupo de científicos de diversos países que han formado parte de aquel proyecto se reúnen, pero en esta ocasión México no solamente no puede participar, sino que se ve obligado a anunciar su salida temprana de este grupo. Fueron varias las razones que los orillaron a esto. Debido a que el presupuesto no llegó a tiempo, tuvieron que despedir a investigadores asistentes y becarios; además, el recurso complementario de la Universidad de Massachusetts no tuvo una forma de ser canalizado y, finalmente, la firma del convenio para continuar la colaboración con instituciones europeas, con las que se trabajó por años, se ha retrasado porque ahora tiene que ser aprobado por un comité centralizado que tiene en el escritorio una pila de miles expedientes esperando. ¿Cuál escenario sería aún más desolador para este esfuerzo? Que en tres o cinco años, el Comité del Nobel decidiera otorgar el preciado reconocimiento al grupo global de investigadores que capturaron la imagen histórica, y dejase fuera al equipo mexicano por no haber podido continuar con su programa de investigación.

Con la extinción de los fideicomisos, desenlaces como el que imagino, pronto serán tristemente una realidad. La ciencia, la tecnología y la innovación requieren de disponibilidad presupuestal continua (no dependiente de los ciclos de presupuesto anual), libertad académica, decisiones colegiadas por sector (no centralizadas) y colaboración en red (con otras instituciones y organizaciones) dentro y fuera del país con las que también se puedan hacer presupuestos conjuntos.

Si a estas alturas del partido no se cuenta con claridad sobre cómo va a ser el futuro ejercicio de los recursos de los fideicomisos y, por un lado, se dice que no faltarán, pero por otro, que serán reasignados, existe el riesgo latente de un paro en proyectos en los que por años se ha invertido ingenio, dedicación formación, colaboración y recursos públicos.

Lo importante en ciencia no siempre se traduce en resultados inmediatos y es necesario asumirlo. Invertir en nuestro sector científico nos permite participar en la generación de conocimiento y no solo en el consumo de sus creaciones. Si queremos que la ciencia dé lo mejor de sí para el bienestar de nuestro país, y queremos sobresalir en los deportes, la tecnología, la innovación y la cultura, debemos mostrar con hechos que podemos mirar a mediano y largo plazo. La lucha contra la desigualdad también pasa por hacer de México un país más fuerte en estos rubros.

Si no son los fideicomisos, necesitamos saber sobre los nuevos mecanismos previstos. Los planes maestros -y poco claros- no son suficientes para los sectores que requieren de trabajo paulatino, preciso, y mucha perseverancia. Necesitamos recursos y mecanismos de ejercicio que estén a la altura de las dificultades que en México hoy vivimos, pero también de la sociedad y país que queremos ser.

* Anaid Reyes Hernández (@anaidescribe) es Politóloga por el CIDE y especialista en políticas educativas con y para la equidad. Ha participado en el análisis, diseño, implementación y evaluación de políticas educativas federales y estatales. Contacto: [email protected].

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