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El costo del caprichito
El problema con la reforma a la Ley de Adquisiciones está en la enorme contradicción de los propósitos y fines con los cuales se empleará este mecanismo.
Por Carlos Andrade Gastélum
1 de agosto, 2020
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Pues mientras se extingue la semana y sin pudor nos recetan la telenovela de Emilio Lozoya que seguramente terminará en un petardo, así como la rifa del avión presidencial -todo pueblo necesita un reality y una rifa- en el Congreso se despachan a capricho modificaciones a la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios.

Además de concentrar el poder en la Oficialía Mayor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, legitimando lo que en la realidad ya se venía dando -nos guste o no-, o la puntada de crear la empresa de distribución de medicamentos del Estado, que no son enchiladas, en esta ocasión me refiero a la iniciativa del diputado Mario Delgado Carrillo, que faculta al Estado mexicano a contratar por medio de organismos intergubernamentales internacionales insumos para la prestación de servicios de salud.

En principio, no suena mal que un Estado tenga mecanismos diversos para hacer frente a situaciones imprevistas y que ello no suponga un freno o parálisis para atender emergencias o situaciones extremas. El problema está en la enorme contradicción de los propósitos y fines con los cuales se empleará este mecanismo. Me explico.

El diputado Delgado en recientes declaraciones y para acallar las legítimas preocupaciones de la industria nacional, ha señalado que esta salvedad se aplicaría únicamente en aquellos contados casos en que nuestro país no pueda satisfacer la necesidad de contar con algún insumo médico, si usted quiere algo así como una válvula de escape, sin embargo y contradictoriamente, en la conferencia mañanera del 31 de julio, el presidente ya anuncia la firma de un convenio entre México, la UNOPS y la ONU, solicita se inicie el proceso la próxima semana e incluso ofrece dar el dinero por adelantado. Entonces ¿estas contrataciones son la excepción o la nueva regla?, ¿ya se ha satisfecho el criterio de Ley del estudio de mercado que demuestre que la licitación no es una vía idónea?, ¿en qué consiste el primer pedido?, ¿en las negociaciones nacionales también se ofrece dar el dinero por adelantado?, ¿la intermediación de los organismos cuesta? y ¿a qué se refiere con “todas las claves”, no quedamos que era para ciertos medicamentos, vacunas e insumos?

Pero eso no es todo, este “caprichito” nos va a salir aún mucho más caro. Cuando México, por su tamaño y volumen, negocia independientemente la compra de insumos para la salud -créame- tiene poder de negociación, pero como parte de un contingente de varios países detrás de organizaciones y en el ámbito global se diluye esta situación; seremos uno más.

Además, México no podrá imponer sus condiciones o necesidades, tendrá capacidad limitada para determinar los insumos a contratar o las condiciones de la contratación, así que en el “caprichito” renuncia a su autonomía a la par que daña, quizá irreversiblemente, la economía nacional desmantelando un sector estratégico y, lo que es peor, pone en entredicho el bienestar del paciente al que se supone protege.

El propio diputado Delgado en la fundamentación de su iniciativa reconoció: “… un sistema de salud que funcione debidamente tiene que posibilitar un acceso equitativo a productos médicos esenciales, vacunas y tecnologías de calidad garantizada, seguros y costoeficaces, así como su utilización científicamente racional y costoeficaz”. Sin embargo, el “caprichito” podría no satisfacer ninguna de estas premisas si se utiliza de manera indiscriminada e irreflexiva como parece sería el caso.

Lo sarcástico, la solución está en nuestras manos y parece mucho más fácil que este berenjenal en el que nos estamos metiendo. Si México aplicara procesos eficientes en la revisión y autorización de nuevos tratamientos, el cuadro básico y catálogo de medicamentos estuviera al día, los protocolos de atención se actualizaran y realmente pusiéramos orden en los procedimientos de contratación al amparo de la Ley brindando a todas las partes certeza jurídica, ya verían como el Estado es capaz de procurarse las mejores condiciones sin dañar la economía nacional, sin desabasto, erradicando la corrupción y sin sacrificar a los pacientes.

¿Entonces este “caprichito” qué es: la excepción o la regla? Al tiempo.

* Carlos Andrade Gastélum (@candradeg) es consultor en comunicación y estrategia, ejecutivo en tecnologías de la información, regulación y negociación. Entusiasta de la innovación y el desarrollo de negocios.

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