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El cuidado en los tiempos del COVID-19
Como siempre, el trabajo de cuidados no remunerado y feminizado amortiguará la crisis, a costa de la salud física, mental y emocional de las personas cuidadoras.  
Por Red de Cuidados en México
23 de marzo, 2020
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El advenimiento del coronavirus COVID-19 a México evidencia que combatir la desigualdad necesariamente implica abordar uno de los pilares fundamentales y a la vez más invisiblizados de la sociedad: la organización social de los cuidados, este amplio abanico de procesos, relaciones y actividades remuneradas y no remuneradas, necesarias para el bienestar físico y emocional de todas personas.

En México, como en muchas partes del mundo, la pandemia ha detonado una serie de acciones para contener su expansión masiva y, al mismo tiempo, exhibe las limitaciones de la organización actual del cuidado para sostener la compleja trama de la vida en la era neoliberal.

Una de las medidas anunciadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para prevenir los contagios consiste en la suspensión de clases desde el viernes 20 de marzo y hasta el 20 de abril del 2020. ¿Qué pasará con las y los alumnos, quién se encargará de su integridad y cuidado a todas horas del día?

“Hay una realidad imperceptible para muchas personas, incluso para muchas mujeres, una realidad que pesa y que sentimos caer en nuestros tiempos y nuestros cuerpos, esa realidad es todo el trabajo de cuidados que debe realizarse para hacer frente a esta pandemia”.

Margarita Garfias, principal cuidadora de un hijo con epilepsia

En México, como en muchas partes del mundo, la provisión del cuidado se basa en labores gratuitas, precarias e invisibilizadas. Noventa millones de personas realizan trabajo de cuidados en el ámbito de los hogares y comunidades, sin recibir remuneración ni acceso a los derechos sociales básicos1. Del total de las horas que se dedican en el país a estas labores, 71 por ciento son realizadas por mujeres, niñas y adolescentes.2

De esta manera, muchos hogares mexicanos, en vez de ser cuna de justicia social, alimentan las relaciones de desigualdad. Tan solo los promedios dejan entrever que la repartición de la carga de trabajo es asimétrica: por cada hora que aporta un hombre en las actividades de cuidado no remunerado las mujeres aportamos casi tres horas3. Las cargas del cuidado aumentarán con el virus: las y los alumnos se quedan en casa y es una cuestión de tiempo hasta que los sistemas de salud se saturen. Muchas personas con COVID-19 requerirán cuidados adicionales. ¿Qué pasará? Como siempre el trabajo de cuidados no remunerado y feminizado amortiguará la crisis, a costa de la salud física, mental y emocional de las personas cuidadoras.

Algunas de nosotras, principalmente quienes estamos a cargo de hogares urbanos y mejor situados, contaremos con la posibilidad de pagar servicios de cuidado. Este trabajo, en la mayoría de los casos informal y precario, recaerá nuevamente en mujeres, muchas de ellas migrantes y racializadas. Ellas a su vez se verán obligadas a delegar el cuidado de sus hogares a otras mujeres ya sean sus madres, abuelas y/o hijas. Muchas de ellas de plano no tendrán otra opción más que llevar a sus hijas e hijos a sus lugares de trabajo, exponiéndoles y a sí mismas al riesgo de contagio –porque no tienen el privilegio de entrar en cuarentena, porque están al margen de la sobrevivencia, porque no pueden correr el riesgo de perder su empleo, porque trabajan a cuenta propia en la informalidad y su tiempo es moneda irrenunciable, porque cuidan a otras personas sin horario de entrada ni de salida.

En una sociedad que no se encarga del cuidado que requiere, una pandemia como el COVID-19 agudiza las desigualdades sociales. En este contexto son sobre todo las mujeres en condiciones de vida marginada quienes se confrontan con dobles y triples cargas mentales, emocionales y físicas. La violencia estructural tiene género, color de piel y clase.

Desde Red de Cuidados en México te invitamos a contestar una encuesta que nos permite identificar quién está cuidando y cuánto tiempo le está dedicando en el contexto de la cuarentena del COVID-19

Actuar colectivamente para brindar los cuidados que preserven la vida en tiempos del COVID-19

En esta coyuntura, tenemos la oportunidad de promover cambios trascendentales para colocar el cuidado en el centro de la vida colectiva. Hoy más que nunca, ante una emergencia sanitaria, es imprescindible que la sociedad en conjunto se encargue de los cuidados que requiere para su sobrevivencia.

Desde la Red de Cuidados en México estamos convencidas que como sociedad podemos encaminar los cambios necesarios para acercarnos a comunidades, dinámicas y una vida colectiva que se basa en el derecho al cuidado.

Consideramos que esto implica partir de los siguientes criterios:

  1. Reconocer que los cuidados son el pilar de la sociedad y todas las personas debemos participar de éste.
  2. El cuidado es una dimensión de la vida que es transversal y condiciona el pleno ejercicio del derecho a la salud, el trabajo, la educación y la alimentación. Por lo anterior, corresponde al Estado mexicano cumplir con los compromisos internacionales4 para garantizar el bienestar de las personas en condiciones de vida digna.
  3. Buscar alternativas a la institucionalización del cuidado en las familias y, al interior de éstas, en las mujeres, niñas y adolescentes quienes tradicionalmente lo hemos realizado.

Éstas son algunas acciones que consideramos indispensables para reducir la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y niñas, y establecer dinámicas corresponsables entre todos agentes sociales –el Estado, el mercado laboral, las comunidades y al interior de los hogares.

A. Desde la corresponsabilidad del Estado en el sector salud, algunas medidas que se pueden implementar en el corto plazo son:

  1. Brindar orientación y asistencia médica remota por personal capacitado para que las personas puedan aclarar dudas, solicitar ayuda por la vía telefónica y herramientas digitales Esta medida reducirá los desplazamientos ye esta forma, se evitará la saturación injustificada de servicios de salud y evitando el contagio – tanto de las personas que requieren cuidados como de las personas cuidadoras que las acompañan.
  2. En el cuidado hospitalario, es necesario ampliar el criterio de la persona que se queda como responsable cuando un/a paciente sea ingresada al hospital, para evitar que se designe sólo a un familiar cercano que habitualmente una mujer.
  3. Flexibilizar el criterio que obliga la presencia de un familiar responsable cuando una persona es ingresada a un servicio hospitalario. Puede solicitarse el número telefónico de tres personas de confianza para notificarles de forma constante, oportuna y a distancia sobre el estado de salud, así como la designación de una persona como responsable de la toma de decisiones sin exigir su presencia física. Lo anterior puede formalizarse en una carta de consentimiento.
  4. Una persona ingresada al cuidado hospitalario es cuidadora primaria y es la única persona a cargo del cuidado de personas dependientes en el hogar se tendrá que mandar de manera periódica a una cuadrilla integrada por un o una trabajadora social y un médico para: (a) evaluar el estado de salud de las personas en el hogar; (b) asegurar que tengan los alimentos, agua y medidas higiénicas suficientes. En China murió un joven con parálisis cerebral debido a que hospitalizaron a su cuidador.

En términos de difusión, se requiere generar campañas mediáticas que promuevan la participación, sobre todo de los hombres de todas las edades en las actividades del trabajo doméstico y de cuidado con el objetivo de redistribuir estas actividades.

B. También es fundamental implementar algunas acciones inmediatas en el sector laboral, por ejemplo:

  1. De acuerdo con el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém Do Pará, se requieren medidas como “subsidios por parte de los gobiernos para las mujeres y los hombres que trabajan en la informalidad o que su sustento dependa de la reactivación de la economía”. Asimismo, se “solicita que se generen esquemas de pagos únicos por causa de fuerza mayor en las instituciones, organizaciones y empresas que no formen parte del salario cotidiano para que las familias puedan enfrentar el aislamiento”.5
  2. Para jefas y jefes de familia de hogares monoparentales que estén afiliados a IMSS o ISSSTE y que tengan a su cargo a población dependiente, deberá generarse un permiso de cuidado por el tiempo que dure la contingencia con goce al 60% de sueldo, que no pone la empresa, sino que es subsidiado por el Fondo de Gastos Catastróficos de la Comisión Nacional de Protección Social en Salud. Se puede recurrir al esquema de Permisos para Mamás y Papás de niños con cáncer. En otros casos de personas afiliadas al IMSS e ISSSTE, cuando tengan un familiar esté en aislamiento u hospitalización, se deberá extender la misma licencia, para que puedan atender tanto el cuidado de la persona enferma y demás integrantes de la familia.
  3. Se requiere que las empresas y lugares de trabajo brinden las facilidades para que las personas puedan realizar la cuarentena y/o cuidados sin ningún tipo de penalidad laboral ni afectaciones a sus prestaciones sociales. Estas políticas se están implementando en otros países. De manera particular instamos a que se promuevan enfáticamente estas facilidades para los trabajadores varones en la misma dimensión que para las mujeres.
  4. Ante la eventual pérdida de empleos y medios de subsistencia se requieren medidas compensatorias para las mujeres que trabajan en el sector informal, y medidas fiscales y exención de pagos de servicios básicos que amortiguan el impacto en las familias que obtienen ingresos del trabajo informal, particularmente los que están encabezados por mujeres.

C. En el mediano y largo plazo es imprescindible que el Estado aumente la asignación de recursos públicos al cuidado, en forma de dinero, servicios, infraestructura y tiempo. Esta línea de acción implica:

  1. Invertir en una estrategia nacional de cuidados, fondeada con impuestos progresivos a la riqueza, que permita redistribuir la carga del trabajo de cuidados entre el Estado, el mercado, las comunidades y al interior de los hogares.
  2. Esto implica la generación de un sistema articulado de leyes, políticas públicas y procesos de coordinación entre múltiples instancias a nivel federal, estatal y municipal, organizaciones de sociedad civil, personas cuidadoras y otros grupos de la población prioritaria debería:

•Aspirar progresivamente a que todas las personas, independientemente de su ingreso y/o estatus laboral, puedan acceder a sus beneficios – dando prioridad en sus primeras etapas a los grupos de la población marginada y en condiciones de dependencia

•Instituir y promover activamente el licencias parentales y específicamente paternales de cuidado remuneradas, intransferibles e iguales, sin discriminar a hogares no heteronormados

•Ampliar el espacio de decisión, incluyendo no estar obligada a cuidar sino tener opciones reales de delegar el cuidado, y saber que la persona recibirá un trato digno, cuidado y tiempo propio de calidad, todo esto independientemente de los niveles de ingreso de las personas derechohabientes

Asegurar a que todas personas cuidadoras, sean remuneradas o no remuneradas, tengan relaciones laborales dignas, con horarios que no comprometen su bienestar o salud, acceso al rango más elevado de derechos en la seguridad social y médica. El Programa de Seguro Social para las Personas Trabajadoras del Hogar en México puede ser un precedente importante para establecer una ruta de acción.

D. De manera permanente y desde la corresponsabilidad de todas personas:

Modificar actitudes y asumir la responsabilidad que corresponde a cada integrante de nuestra sociedad requiere un gran empuje colectivo y va a tomar su tiempo. Al interior de las familias el gran reto es cuidar-se de forma colectiva para que la preservación de la vida esté redistribuida entre sus integrantes. Todas las personas podemos encaminar los cambios necesarios para acabar con las injusticias que profundizan las desiguales en México, al compartir la carga de manera justa, al reconocer que el cuidado es el trabajo que sostiene todo lo demás.

Esto implica reconocer que nuestras casas, los espacios que habitamos y las relaciones que establecemos en nuestras vidas cotidianas tejen la sociedad que somos. Imaginar los futuros valientes de una sociedad que se atreve a cuidar implica reconocer que la realización del derecho al cuidado de un grupo nunca se puede realizar a costa de otras personas – el movimiento de las trabajadoras del hogar nos alumbra caminos hacia un México donde la justicia inicia en casa.

* La Red de Cuidados en México (@RedCuidadosMx) es una iniciativa que surge desde la sociedad civil como grupo multiactor, plural y heterogéneo, que expone, discute y construye de manera colectiva conocimiento y acción para promover el derecho al cuidado en México. FB: reddecuidados.

 

1 Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) (2018). Indicadores estratégicos. Segundo Trimestre abril-junio y tercer Trimestre julio- septiembre. INEGI. México.

2 INEGI (2014). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, ENUT, 2014.

3 INEGI (2014). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, ENUT, 2014.

4 La Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer (CEDAW) y en el Convenio núm. 111 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El Convenio núm.156 de la OIT y la Recomendación núm.165 de la OIT.

5 Comité de Expertas de la OEA MESECVI. Comité de Expertas solicita la incorporación de la perspectiva de género en las medidas que se tomen para la mitigación del COVID-19 y el reforzamiento de acciones para la prevención y atención de la violencia de género. Washington, 18 marzo 2020.

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