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El empleo joven en tiempos de coronavirus
La precariedad de la situación laboral de los jóvenes los pone en una situación particularmente vulnerable, con serios riesgos de empobrecimiento ante los efectos sociales y económicos de las medidas de contención de la pandemia de la COVID-19.
Por Antonio Trigo da Roza y Carolina Plata
14 de mayo, 2020
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Es una realidad: hoy y en los meses subsecuentes, miles de jóvenes mexicanos estarán desempleados o subocupados, y otros tantos entrarán por primera vez en un mercado laboral contraído y sin capacidad de generar nuevos empleos. Este es el panorama para una generación que sufrirá particularmente las consecuencias económicas de la crisis sanitaria por la COVID-19. Es un hecho que puede ser mitigado con una respuesta, tanto en la creación de oportunidades laborales, como en la extensión de protección social y ayuda financiera a aquellos que han perdido remuneraciones en este periodo.

Así como la pandemia del coronavirus, la precariedad del empleo joven y consecuente riesgo ante un recesión económica es casi global. Para prueba, ya existen evidencias tanto en el Reino Unido1, Francia2, Estados Unidos3 y Argentina4. A nivel mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT)5, gracias a los datos del primer trimestre de 2020, revisó sus proyecciones sobre el impacto de las medidas de confinamiento en la reducción de actividad económica y pérdida de empleos. Se prevé, en el segundo trimestre de 2020, que las horas de trabajo mundiales sean un 10.5% inferiores a las del último trimestre anterior a la crisis -equivalente a 305 millones de puestos de trabajo perdidos- y “los jóvenes, que ya se enfrentan a tasas más elevadas de desempleo y subocupación, son más vulnerables a la disminución de la demanda de trabajo”.

En México, el problema es tanto o más importante. Si bien existe una variación entre los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) y de otras organizaciones de análisis estadístico, la tendencia de empleo joven es clara. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE)6, los jóvenes de 15 a 30 años son a gran distancia, el grupo de edad con más desempleo, tanto a niveles absolutos como relativos. A finales de 2019, es decir el último trimestre antes de la pandemia, el INEGI estimaba que 6% de los jóvenes estaban en situación de desocupación, el triple de la proporción de desocupados con más de 30 años de edad.

Las desigualdades son aún más perceptibles bajo esta perspectiva: si bien los jóvenes componen 29% de población económicamente activa (PEA), más de 50% de las personas desempleadas tienen menos de 30 años. A estos, el INEGI suma el 7% de jóvenes en situación de subocupación, es decir que no tienen las horas o la remuneración necesaria para cubrir sus necesidades económicas y que buscan otro trabajo complementario o de sustitución.

Según Acción Ciudadana Frente a la Pobreza7, además del panorama de desempleo, los jóvenes que sí tienen trabajo, cuentan con menores ingresos. Un 65% de jóvenes con trabajo asalariado no ganan el monto suficiente para adquirir dos canastas básicas, cerca de la mitad de jóvenes con trabajo no tiene afiliación a la seguridad social, y seis de cada diez jóvenes no tienen un contrato estable. Todavía más alarmante es que estos datos muestran el panorama previo a la crisis sanitaria.

La precariedad de la situación laboral de los jóvenes, contrario a lo que se podría pensar, los pone en una situación particularmente vulnerable, con serios riesgos de empobrecimiento ante los efectos sociales y económicos de las medidas de contención de la pandemia de la COVID-19.

Además, se prevén quiebras importantes en diversos sectores terciarios, en particular el turístico, el comercial y los servicios personales, actividades que emplean una gran proporción de jóvenes trabajadores. Entre quienes no han perdido su empleo, se notan reducciones de ganancias, aunado al riesgo sanitario acentuado. Un ejemplo son los repartidores, actividad que tiene de las más bajas medias de edad, quienes reportan ganancias menos significativas8 desde el escalamiento de la crisis sanitaria.

A lo anterior se suman los miles de jóvenes que planeaban entrar en el mercado laboral este y el próximo año. En un contexto como el actual es muy difícil imaginar que se crearán empleos suficientes en 2020, sobretodo cuando se analiza la tendencia de los últimos años. Según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)9, solo se han creado 342 mil puestos en 2019 -la mitad del 2018 y la cifra más baja en una década-, insuficiente en comparación con el crecimiento anual de la PEA, y sólo en abril 2020, se han perdido 555 mil empleos10 como consecuencia directa de la crisis sanitaria.

Las medidas de contención presentadas por el gobierno son esenciales para limitar las consecuencias sanitarias de la pandemia de la COVID-19. Las pérdidas de empleos relacionadas, y consecuentemente de ingresos esenciales para miles de jóvenes, son una realidad irreversible en este contexto, pero pueden ser mitigadas en un plan de recuperación económica enfocado. Según la OIT11, es esencial ampliar la protección social, adoptar medidas de retención del empleo, de trabajo de corta duración, y de licencias pagadas, para suavizar los efectos económicos de la quiebra de actividad. En el caso de México, la informalidad y la falta de afiliación a la seguridad social de muchos trabajadores jóvenes plantean un problema primordial, por lo que hay que presentar medidas más universales.

Ante eso, el plan de recuperación económica del gobierno debe tener un enfoque generacional. Además, debe contener incentivos de mantenimiento y creación de empleos, como subsidios y créditos condicionados a la conservación de empleo y salarios. Es básica la ayuda financiera a través de seguros de desempleo o otras transferencias temporales de ingresos universales, e introducir un modelo de protección social y servicios de salud universal desvinculado del trabajo, para evitar consecuencias económicas y sociales mayores, como el incremento sin precedentes de la pobreza juvenil en el país.

* Antonio Trigo da Roza y Carolina Plata de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas (@ethoslabmx).

 

1 Disponible aquí.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.

4 Disponible aquí.

5 Disponible aquí.

6 Disponible aquí.

7 Disponible aquí.

8 Disponible aquí.

9 Disponible aquí.

10 IMSS. Boletín de Prensa No. 282/2020: Puestos de trabajo afiliados al IMSS. 12 de mayo de 2020. Disponible aquí.

11 Disponible aquí.

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