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El futuro de los océanos, en discusión ante la ONU
Más de la mitad del oxígeno que respiramos proviene de los océanos y la conservación de dos terceras partes de ellos depende de la creación de un tratado internacional que llene los vacíos legales que existen para protegerlos. Ese tratado está en plena negociación en Naciones Unidas.
Por Gladys Martínez y Mariamalia Rodríguez
20 de agosto, 2019
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La semana del 19 al 30 de agosto es importante para los océanos.

Es en esos días donde delegados de 196 países del mundo, incluyendo de América Latina, discutirán, en su tercera reunión, la creación del Tratado para la Conservación y Uso Sostenible de la Biodiversidad en Áreas Marinas Fuera de las Jurisdicciones Nacionales.

¿Por qué eso es tan importante y cómo impacta nuestra vida?

Porque la salud de los océanos —y la del planeta— está en juego. Y eso repercute en nuestra salud, en el oxígeno que respiramos, en nuestras actividades diarias.

Banco de peces en aguas internacionales. Foto: Milos Prelevic en Unsplash

Y ¿qué son las Áreas Marinas Fuera de las Jurisdicciones Nacionales? Es alta mar. Son dos tercios de los océanos del mundo. Son las aguas que están más allá del control de un país y que albergan una biodiversidad extraordinaria, mucha sin descubrir aún. Los científicos calculan que alta mar representa aproximadamente el 95 % del hábitat ocupado de la Tierra.

Mas importante aún es que la mitad del oxígeno que respiramos proviene de los océanos, no solo los árboles lo producen. A través de la fotosíntesis, unos organismos microscópicos, llamados fitoplancton, producen ese oxígeno. Gran parte del dióxido de carbono necesario para llevar adelante ese proceso proviene de otras formas de vida marina y una porción considerable procede de la atmósfera. Es más, los océanos absorben casi el 30 % de todos los gases de efecto invernadero, los cuales son responsables de la actual crisis climática mundial.

Esta protección natural les trae graves consecuencias. Al interactuar y absorber agentes contaminantes como el dióxido de carbono, los océanos sufren de acidificación —fenómeno que reduce los niveles de calcio, sustancia necesaria para las conchas de varias especies de fauna marina— y de pérdida de oxígeno, esencial para la vida bajo el mar.

Pese al rol clave que cumplen, los océanos enfrentan grandes amenazas: la sobrepesca, la contaminación, el transporte marino y el cableando submarino, entre otras.

Arrecifes de coral en alta mar. Foto: Milos Prelevic en Unsplash

El tratado internacional sobre alta mar, que se negocia en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, busca generar normas integrales de conservación y manejo de las áreas marinas que no le pertenecen a ninguna nación, sino a todas.

Actualmente, las aguas nacionales y sus recursos son administrados mediante una combinación de organizaciones sectoriales que regulan la pesca, el transporte marítimo o la minería. Sin embargo, todas ellas carecen de jurisdicción para desarrollar e implementar una protección marina integral.

Asimismo, la legislación internacional actual tiene vacíos que ponen en riesgo a los ecosistemas y especies que viven o pasan por alta mar. Por ejemplo, la Convención de las Naciones Unidas para el Derecho del Mar (Convemar), la norma internacional vigente sobre el tema, no contempla dos tareas vitales: la creación de áreas marinas protegidas en alta mar o la exigencia de evaluaciones de impacto ambiental para las actividades que actualmente se desarrollan allí.

El tratado constituye una oportunidad única de llenar esos vacíos.

Con el incremento de la temperatura en los océanos, estas zonas bajo protección especial pueden funcionar como referentes a los científicos que estudian los impactos de la crisis climática y también ayudar a que especies y hábitats generen resiliencia frente a los riesgos que implican las múltiples actividades que se realizan en alta mar.

Además, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, el 90 % de las poblaciones de peces del mundo se encuentran agotadas o sobreexplotadas. Y gran parte de esta pesca se da en alta mar.

Las áreas marinas protegidas en esa parte de los océanos podrían ayudar a generar una pesca más sostenible, brindándoles a las especies comercialmente valiosas la oportunidad de alimentarse, reproducirse y reestablecer sus poblaciones en áreas libres de actividades industriales o extractivas.

Las aguas internacionales, en su interacción con las costas de América Latina, forman entornos ricos conocidos como sistemas de afloramiento, aguas ricas en nutrientes de las que dependen varias especies que viven en esas zonas o a las que llegan como parte de sus rutas migratorias.

En esas estructuras habitan especies comerciales de peces de los que depende el sector pesquero y, por tanto, gran parte de la economía de la región. De hecho, la pesca en alta mar de atún y especies afines en los océanos Atlántico y Pacífico representa ingresos por más de 1.200 millones de dólares al año, según la Comisión Interamericana del Atún Tropical.

Además de su valor económico, las aguas de alta mar son enormemente valiosas para las especies que de él dependen. Cinco especies de tortuga marina (baula, verde, carey, cabezona y lora) —la mayoría de ellas en peligro de extinción— pasan por allí y desovan en las zonas costeras durante alguna etapa de su vida. En esa combinación de entornos existen además zonas de reproducción de cetáceos, gran parte de ellas migratorias como la ballena azul y la ballena jorobada.

Por ello, para América Latina y para el mundo entero, es importante apoyar estas negociaciones y este tratado. La que tendrá lugar en agosto es la tercera de cuatro reuniones que se tienen previstas para la creación del instrumento legal internacional. Es esencial que en las discusiones se considere el valor de alta mar para la Tierra y para quienes viven en ella.

Necesitamos el tratado para salvaguardar nuestros océanos. Que no se nos olvide que todos y todas dependemos de esos ecosistemas para nuestra alimentación y para el aire que respiramos.

Tenemos la oportunidad, una al menos, de hacerlo bien y de asegurar la sostenibilidad de casi la mitad del planeta.

* Gladys Martínez de Lemos es Abogada Sénior del Programa de Biodiversidad Marina y Protección Costera de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA). Mariamalia Rodriguez Chaves es consultora en High Seas Alliance.

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