El país en el que vivimos
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El país en el que vivimos
La vida diaria en México es hoy inconstitucionalmente militar, donde diariamente convivimos con personas que no fueron entrenadas para atender crímenes u operaciones civiles y donde aquellas que sí lo fueron han sido despedidas.
Por José Antonio Cárdenas Rodríguez
17 de septiembre, 2022
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¿En qué país vivimos hoy? Sin aspiraciones, símbolos o descalificaciones, atendiendo crudamente a lo que vemos que pasa todos los días, podemos ver que en México las cosas no están bien.

El día de hoy vivimos en un país con una administración pública desmantelada, sin incentivos para ingresar o permanecer en el servicio público más que la veneración a un ethos público que se escucha muy bien como poema, pero funciona muy mal como herramienta de servicio profesional. Estamos en el país de un gobierno federal integrado no por la gente más capaz, sino por la gente más fiel al proyecto de un solo hombre, donde el mayor valor que se puede tener no es el conocer su materia y tratar de ser mejor sino obedecer a lo que se diga en las mañanas desde Palacio Nacional.

Vivimos en un país donde ejercer el periodismo es una actividad de alto riesgo, donde hasta el día de hoy se han asesinado a 15 periodistas en tan sólo este año y se les expone diariamente con nombre, apellido, fotografía y tramposas presunciones. Un país con los problemas de corrupción y violencia como los que tiene México requeriría hoy más que nunca a sus periodistas y solamente los seguimos enterrando.

Vivimos en un país donde matan 9 mujeres diario y donde a pesar de tener pruebas en videos, testimonios y fotografías las autoridades dicen con una mano en la cintura que se tropezaron, se ahogaron, se auto inmolaron o se suicidaron. Nuestro país es uno de violencia y miedo diario para las mujeres, donde hay total impunidad para quienes piensan que su vida es desechable y donde las autoridades son una pared más que las víctimas se encuentran ante su justo reclamo de justicia.

Vivimos en un país donde no hay apoyos para el campo fuera de los ineficientes programas para plantar árboles frutales y maderables que han probado ser más un problema que una solución. México es un país que siempre ha encontrado una de sus grandes fortalezas en sus millones de productores y productoras que con trabajo duro y mucho esfuerzo han logrado posicionar al país como el mayor productor de muchos productos y hoy se encuentran complementa abandonados, sin apoyo o infraestructura y viviendo con el permanente miedo de ser extorsionados por el crimen organizado.

Vivimos en el país donde los militares protegen las fronteras, los puertos, construyen escuelas, trenes, carreteras, mantienen retenes, persiguen delitos civiles, entregan libros, vacunas y ahora hasta administran aeropuertos. La vida diaria en México es hoy inconstitucionalmente militar, donde diariamente convivimos con personas que no fueron entrenadas para atender crímenes u operaciones civiles y donde aquellas que sí lo fueron han sido despedidas esperando a ser reclutadas por el crimen organizado.  Desde que tengo 12 años he visto a los militares en las calles todo el tiempo y cada año me siento más inseguro.

Vivimos en el país donde si tienes la mala suerte de que alguien te denuncie por alguno de los delitos enlistados en el artículo 19 constitucional y no tienes dinero o influencias te vas a cárcel por 2, 3, 5 o más años esperando que tu caso sea resuelto en un sistema que claramente está colapsado y que no le importa saber si eres culpable o no, porque ante la imagen pública ellos cumplieron al poner a alguien en la cárcel.

Vivimos en el país donde si tienes la mala suerte de vivir en un estado como Michoacán o Tamaulipas viste con tus propios ojos operar al crimen organizado para hacer ganar a cierto candidato. Donde el gobierno federal ha decido intercambiar control e impunidad a cambio de apoyo electoral, ¿para qué? A veces pareciera que solamente para decir “yo les gané” a costa de años de tener que aguantar atropellos a la población y que, en los hechos, sea el cartel de confianza el que cobre impuestos, mantenga el orden y tenga el control de toda la zona. Donde las y los gobernadores venden su colaboración a cambio de impunidad y una embajada una vez que terminen su mandato.

Vivimos en un país sin crecimiento económico, con una juventud sin oportunidades, sin instituciones de protección de ningún tipo y que lo hacen sentir a uno complemente abandonado y capturado ante un gobierno indolente e irresponsable. Vivimos en un país donde ni siquiera tenemos la seguridad de poder abordar el metro sin la seguridad que se ese viaje nos cueste la vida y que las y los responsables queden absolutamente impunes.

Vivimos en un país donde el presidente se ríe cuando da cifras de personas asesinadas, donde un subsecretario de prevención de la salud sigue despachando a pesar de haber provocado la muerte de más de 300 mil personas, donde los tres personajes más visibles para la sucesión presidencial son una jefa de Gobierno que gasea manifestantes, un canciller que construyó una línea del metro que se cayó y un secretario de Gobierno cuyo único mérito es ser el brabucón favorito del presidente para intimidar opositores.

Ese no es el México en el que yo quiero vivir. Quiero vivir en un país donde el gobierno esté a la altura del esfuerzo diario de su gente. Donde nuestra realidad sea un reflejo de la bondad, calidez y alegría que nos caracterizan. Quiero un país donde no importe quién eres, a quién amas, donde vives o cuánto ganas, puedas tener una vida libre de violencia y discriminación con oportunidades para que crezcas y ayudes a crecer a otros. A mí no me queda duda de que es posible construirlo, pero hay que atrevernos a ponerle un alto a las personas que han construido la pesadilla del México en el que ahora vivimos.

* José Antonio Cárdenas Rodríguez (@T_Cardenas_) es licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y maestro en Políticas Públicas por la London School of Economics, Campeón Nacional de Debate Político y militante del PRD.

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