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¿El regreso del PRI?....Nunca se fue
Por Edwin Ackerman
25 de julio, 2012
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Por: Edwin Ackerman*

Pasadas las elecciones, dos preguntas se han vuelto recurrentes entre analistas y comentaristas: ¿Por qué regresa el PRI? y ¿Han cambiado las condiciones en el país lo suficiente como para ponerle un alto a las prácticas autoritarias del pasado? Las respuestas a estas preguntas son complicadas pero deberían comenzar por un hecho simple, a veces mencionado pero rara vez enfatizado: el PRI nunca perdió el poder.

Sin negar la importancia de las elecciones del 2000, el PRI siempre ha mantenido un vasto control político. De cara a las pasadas elecciones, el partido gobernaba más de la mitad de los estados del país. Según los cálculos de la Federación Nacional de Municipios de México A.C., más del 60% de los alcaldes del país son priistas (comparado con un 20% de ciudades gobernadas por el PAN y 13% por el PRD). Más del 70% del territorio nacional está bajo un gobierno del PRI. Todo esto sucede al mismo tiempo en que los poderes del ejecutivo federal – inflados durante el siglo XX – han ido perdiendo terreno ante administraciones estatales y locales (precisamente aquellas controlas por el partido). El voto duro del PRI, que abreva de sus aún vigentes “estructuras territoriales,” es de alrededor de 20% (más que el de cualquier otro partido y más de la mitad de lo necesario para ganar la pasada elección). En este sentido, el partido no esta “regresando” al poder sino afianzándolo.

¿Y que hay de la segunda pregunta lanzada por analistas?: ¿Es el país el mismo? Voces que vienen desde distintos puntos del espectro político se han mostrado esperanzadas con respecto a los cambios efectuados durante la última década que limitarían el alcance del PRI. Intelectuales públicos como Enrique Krauze o Lorenzo Meyer, han celebrado de manera respectiva tanto las reformas institucionales (como la gradual separación de poderes), como la existencia de una robusta y combativa sociedad civil. Sin embargo, por un lado, cabe recordar que muchas de las reformas institucionales, como la creación del IFE, fueron implementadas por el PRI en el poder e históricamente han servido para legitimar al régimen. Además hay áreas claves en donde el modus operandi desarrollado en los años del PRI sigue vigente: el sistema judicial es quizá el más claro ejemplo. Por otro lado, cabe también recordar que la ausencia de disidencia nunca fue una característica que definiera al viejo régimen; hegemonía no significaba absolutismo. Sin ánimo de menospreciar al actual movimiento estudiantil y sus posibles logros futuros, su existencia difícilmente es evidencia de una  nueva sociedad mexicana pues no solo ha habido ya movimientos estudiantiles masivos en el pasado del país, sino que el actual movimiento es parte de un fenómeno global (presente en Chile, Estados Unidos y España, por mencionar solo los casos más sonados).

En el fondo, me parece que las visiones esperanzadas subestiman la fuente de poder del PRI. La clave del partido es el hecho de que durante su estancia en el poder construyó una red clientelar y corporativa que permitió que una serie de intereses faccionarios se negociaran desde adentro de la organización política. Los sindicatos de empleados del estado, los grupos campesinos, o las “estructuras territoriales” incrustadas en algunas de las colonias más pobres del país, siempre han servido como el lazo intermedio -y apaciguador- entre el partido y los sectores de la ciudadanía precisamente más proclives a movilizaciones de corte antagonista. Esta infraestructura organizacional nunca desapareció; probablemente se reforzará con el PRI en la presidencia y tiene el potencial de opacar tanto los límites institucionales así como las organizaciones de la sociedad civil hasta ahora enfatizadas en el debate.

Inclusive las mismas prácticas fraudulentas (como la compra masiva de votos) de las que es acusado el PRI actualmente, requieren del tipo de maquinaria organizacional puesta en marcha durante el siglo pasado. ¿Regresa el PRI? ¿Podrá operar igual que en el pasado? Tomando en cuenta su poderío a nivel local y la persistencia de un aparato organizacional que respira fuego, la respuesta es clara: el PRI nunca se fue.

 

*Edwin Ackerman es originario de Tijuana, B.C. Actualmente es estudiante de doctorado en sociología en la Universidad de California en Berkeley. Sus líneas de investigación incluyen la formación de partidos políticos en contextos post-revolucionarios.

 

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