close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El reto más grande de la humanidad
Sí, hay que bajar drásticamente el consumo de carne y hay que escoger productos de empresas sustentables con el planeta y los sistemas alimentarios. Pero la elección más importante es la que realizan con su voto.
Por José Luis Chicoma
23 de agosto, 2019
Comparte

El futuro temido ya está acá. Este julio ha sido el mes más caluroso de toda la historia. Bellas playas mexicanas y caribeñas llenas de sargazo que se ha multiplicado y expandido en gran parte por mayores temperaturas. Islandia celebró formalmente el funeral de Okjökull, su glaciar declarado muerto hace unos años, un símbolo del acelerado deshielo que han sufrido los glaciares en todo el mundo en las últimas décadas. El cambio climático en la agricultura ya está generando desplazamientos de gente, como el de Guatemala. El planeta completo se ha calentado 0.87 grados centígrados desde la Revolución Industrial, pero como la tierra se calienta al doble, ya va por los 1.5 grados. No sólo le hemos generado una fiebre permanente a la tierra, sino que no la usamos bien para alimentarnos: tanto el hambre como el sobrepeso siguen creciendo.

Lo que se viene es apocalíptico. En las siguientes décadas, la mayoría de glaciares seguirán el destino del difunto islandés, que vendrá con aumentos significativos en los niveles de agua, inundaciones, y destrucción de tierras y hábitat animal y humano. Serán más frecuentes los incendios forestales, los periodos de sequía y eventos climáticos extremos, lo que agudizará episodios de escasez de alimentos y hambrunas, subirán los precios de los alimentos, y generará masivas migraciones. La calidad de vida y nutrición de los más pobres empeorará. El planeta va a seguir existiendo, pero va a ser más difícil para nosotros vivir en él.

Podemos estar acostumbrados a escuchar estos escenarios alarmistas de activistas apasionados. Esta vez, esta distopía climática es delineada por prestigiosos científicos, académicos y expertos de todo el mundo en los últimos reportes globales más importantes sobre cambio climático y/o sistemas alimentarios. Hace años, estos documentos tenían recomendaciones más generales. Ahora, van directo a resaltar la urgencia de evitar una catástrofe. Casi 100 científicos, reunidos en el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), nos dijeron el año pasado que teníamos que realizar “cambios de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad” si queríamos evitar que el planeta se caliente más de 1.5 grados centígrados, temperatura después de la cual tendríamos efectos irreversibles, como la pérdida de algunos ecosistemas.

¿Qué tiene que ver eso exactamente con cómo nos alimentamos? Lo que comemos está destruyendo nuestro planeta y dañando nuestros cuerpos. Necesitamos cambios radicales en nuestras dietas para que sean saludables y sostenibles. El Reporte EAT Lancet, realizado por más de 37 científicos y expertos de varias disciplinas, recomienda más plantas, menos carne, agricultura regenerativa y reducir drásticamente el desperdicio de alimentos. Pero mientras, 820 millones de personas sufren de hambre, y ¡2 billones! no tienen acceso a alimentación suficiente, nutritiva y segura, según el reporte del Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición de la FAO.

Todos suman a la crónica de una muerte anunciada. En el último reporte del IPCC, más de 100 expertos de 52 países, nos dicen que estamos usando casi toda la tierra disponible en el planeta (70 %), pero muy mal. Con ella, producimos mucho dióxido de carbono y metano, que están calentando la tierra, y que representan más de un cuarto de los gases de efecto invernadero. Estamos perdiendo tierra entre 10 a 100 veces más rápido de lo que se forma. Con una población creciente y con el cambio climático, este círculo vicioso se convertirá en un espiral sin salida, con más erosión, sequías e incendios, afectando la productividad y precios de muchas semillas y productos. El suelo y la tierra no podrán atender nuestras necesidades si continuamos con los ritmos de deforestación, agricultura intensiva y ganadería contaminante.

¿Qué hemos hecho ante estos llamados urgentes de acción? ¿Dónde están los cambios radicales? No ha pasado casi nada. La coordinación internacional es lenta y burocrática. El cambio climático, los sistemas alimentarios y la biodiversidad tienen perspectivas multisectoriales, en un arreglo mundial manejado por convenciones temáticas y prioridades financieras. Con organismos multilaterales acostumbrados a recetas globales únicas, es muy difícil promover prácticas agroecológicas e indígenas, que son muy dependientes de características locales y culturales.

Las políticas domésticas adolecen de los mismos problemas de miradas sectoriales cuando lo que se requiere es una visión sistémica. En países ricos, el debate del cambio climático es ideológico, mientras que en países pobres y en desarrollo es un tema internacional, lejano de las políticas internas. Además, hay una ola de regímenes que sin importar la ideología, ignoran el cambio climático, sea a través del narcisismo contaminante de Trump, la izquierda de refinerías y del Tren Maya de López Obrador, o la derecha anti-Amazonía de Bolsonaro.

Las principales industrias que contribuyen al cambio climático son poderosas, como la palma aceitera, las agro-industrias intensivas en químicos, los ganaderos y procesadores de carne, y los fertilizantes, por lo que tienen el poder para influir en políticos y tomadores de decisiones a nivel nacional y global y proteger el statu quo.

Los problemas son complejos y requieren una visión sistémica. Esto complica el análisis mediático de las soluciones: es más fácil recomendarle al público que cambie su dieta y desperdicie menos alimentos, que explicar cómo el abuso de agroquímicos asegura la productividad, pero degrada la tierra, contamina aguas subterráneas, aumenta emisiones de gases y reduce la calidad nutrimental de los alimentos.

Y esto nos lleva a nuestras decisiones personales. ¿La dieta? Sí, importa; ya saben que tienen que bajar drásticamente su consumo de carne. También valen las decisiones de consumo, escogiendo productos de empresas sustentables con el planeta y los sistemas alimentarios. Pero la elección más importante es la que realizan con su voto. Y con la presión que ejercen a sus gobernantes. Para que no sean miopes cortoplacistas y dependientes de intereses comerciales, y tengamos sistemas políticos que actúen rápido frente al reto más grande de la humanidad, y aprovechemos esta ventana de oportunidad que se está cerrando rápido.

* José Luis Chicoma es Director General de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.