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Es momento de darle una rosa a México: a 11 años de la partida de Gilberto Rincón Gallardo
Repensar el régimen presidencial y lo que él llamaba “una profunda reforma del Estado” sería el mejor homenaje a su legado, pero también cuidar las instituciones que para limitar el poder en los últimos años hemos construido.
Por Saul Vazquez Torres
30 de agosto, 2019
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Preso político, militante de izquierda, candidato presidencial y primer titular del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), este texto no pretende ser una revisión monográfica de la vida de quien este 30 de Agosto tiene su 11 aniversario luctuoso. Tan admirable como puede ser su vida y el legado institucional que Gilberto dejó, escribo para concentrarme en el mensaje con el que lo conocí. Su participación en el primer debate presidencial del año 2000. Quizás por sufrir de una malformación congénita de nacimiento, quizás por sus múltiples estancias en prisión, Rincón Gallardo tuvo la sensibilidad de hablar en ese primer debate presidencial a quienes nunca nadie había atendido: las minorías.

Mis contendientes que ofrecen el cambio no valoran, sin embargo, que la sociedad ya cambió y se les olvida que el cambio en México no puede ser obra de un solo individuo, se les olvida que el cambio no tiene dueño.

Decir: “el cambio soy yo” es lo más viejo que existe en la política mexicana.

Sólo podremos lograrlo si impedimos que un solo individuo decida por todos. El verdadero cambio radica en acabar con las exclusiones, que nadie vuelva a dejar fuera a las minorías políticas, a las mayorías sociales, a todos los que expresan el México diverso.

Gilberto fue el primero que le habló sin tapujos a la diversidad sexual; a las mujeres que peleaban por su derecho a decidir; a los indígenas, en el 2000 la herida del conflicto armado en Chiapas estaba mucho menos olvidada que ahora, e incluso me habló a mí, un niño que con 9 años le pidió a su papá que por favor votara por Gilberto. En 2006, un discurso muy similar resonó también con Patricia Mercado, pero en 2012 y 2018 no tuvimos ningún candidato o candidata que abiertamente abrazara las causas que Gilberto hace ya casi 20 años. No obstante, ese no fue el único ni más importante mensaje de Rincón Gallardo.

Su crítica principal fue al presidencialismo, a esa idea de que el voluntarismo de una sola persona podía transformar a México. Quizás la frase que más me resonará de sus participaciones será:

No podemos aceptar que un solo grupo, utilizando la fuerza de gobierno, impulsa su moral y su visión del mundo a todos los ciudadanos.

En este país somos mucho más que dos y exigimos respeto para la diversidad.

La narrativa de la contienda del 2000 se planteó como una elección entre Labastida y Fox, “Cambio o continuidad”. En 2006 vivimos un proceso polarizador similar, y hoy en día pareciera que uno está a favor de las políticas del gobierno o en su contra. Mi querido amigo Raúl Carlín hace unos días publicaba en sus redes sociales: “En Argentina le llaman La Grieta a la fisura social que divide a los kirchneristas de aquellos que no lo son. ¿Qué nombre le vamos a poner a la grieta que se está produciendo en México?”.

La coyuntura política que estamos experimentando nos hace sentir que no hay matices, que no hay posibles áreas de encuentro. La propuesta de Gilberto siempre fue el reformismo, la política del encuentro y el diálogo público. Se quejó amargamente de cómo el congreso del periodo 97-2000 se había convertido en “un circo”. No sé cómo calificaría a nuestro poder legislativo contemporáneo, pero definitivamente reconocería que en lugar de corregirse sus fallas se han profundizado. Nos recordó que había muchos mexicanos que nunca iban a ser “ni foxistas ni labastidistas”, así como en el 2006 había muchos mexicanos que no eran ni Calderonistas ni obradoristas. Hoy somos muchos mexicanos que buscamos un espacio político de encuentro, la construcción de soluciones que no excluyan a nadie, que consulten a los pueblos indígenas sobre megaproyectos, y que reconozcan que se puede no estar de acuerdo con una postura de manera sincera, sin ser cómplice de ninguna mafia simplemente porque se piensa distinto.

Repensar el régimen presidencial y lo que el llamaba “una profunda reforma del Estado” sería el mejor homenaje a su legado, pero también cuidar las instituciones que para limitar el poder en los últimos años hemos construido. Gilberto no echó por tierra los avances que le permitieron ser candidato presidencial en el 2000, recordó la reforma electoral del 77’, así como la construcción de instituciones como la CNDH. Hoy otras como el Instituto Nacional de Acceso a la Información, el CONAPRED, o el Instituto Federal de Telecomunicaciones, se encuentran en riesgo. El camino que tomamos para construir nuestra democracia merece ser defendido. Ya decía Rincón que su propuesta era “un país de instituciones que controle con la ley a cualquier gobernante y que impida la continuidad del poder personalizado”. En 2019 como en el 2000, es momento de darle una Rosa a México.

* Saul Vazquez Torres (@Sawie) es internacionalista por el ITESM Campus Santa Fe, Consejero Nacional del PRD e Integrante de la Iniciativa Galileos.

 

i Para eso, el CONAPRED tiene este excelente resumen de la vida de su primer presidente.

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