Herman@s Razo Casales: Tortura sexual y prisión preventiva, década sin justicia
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[email protected] Razo Casales: tortura sexual y prisión preventiva, una década sin justicia
Erick y Verónica Razo Casales fueron víctimas de torturas y violaciones. Llevan 10 años en prisión preventiva sin sentencia.
Por Blog Invitado
8 de octubre, 2021
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Por: Familia Razo Casales, Grupo de Sobrevivientes y Red Nacional de Peritos/as y Expertos/as Independientes Contra la Tortura

El acuerdo federal del 25 de agosto1 por el que se instruye a las instituciones a realizar acciones para gestionar las solicitudes de preliberaciones contempla criterios que visibilizan las violaciones a derechos humanos cometidas en contra de personas privadas de la libertad, dos de ellos son: el abuso de la prisión preventiva y la tortura como supuesto método de investigación en la fabricación de culpables.

Como se ha descrito en entregas anteriores, el contexto de graves violaciones a derechos humanos toma otra dimensión a partir de 2010, fecha en la que se declara la “guerra contra el narcotráfico” y en donde toda acción de las fuerzas de seguridad fue justificada con base en este supuesto combate al narco. La frecuencia de detenciones sin órdenes de aprensión, interrogatorios violentos y tortura sustituyó a las investigaciones, y permitió obtener supuestas confesiones e información en casos penales manipulados o inexistentes.

Lo anterior ha sido ampliamente documentado por diversos mecanismos de derechos humanos, tanto nacionales como internacionales, informes que contienen patrones de actuación de la policía y las fuerzas armadas, de métodos y formas de tortura, así como una caracterización de las víctimas más frecuentes en este tipo de hechos 2 3 4, vidas de personas y familias enteras y no meros números de expediente.

La tortura sexual, sistemáticamente usada contra mujeres (aunque también hay varios casos de hombres), también ha sido documentada en este periodo. Amnistía Internacional, por ejemplo, dio cuenta de ello al señalar que de 100 mujeres entrevistadas, 72 de ellas reportaron algún tipo de violencia sexual 5; el Centro ProDH ha señalado también la sexualización de la tortura en México al hacer uso de estereotipos y roles de género para demostrar poder 6; por su parte, el ex Relator de la ONU sobre Tortura, Juan Méndez, externó en su momento su preocupación por el número considerable de denuncias por tortura y malos tratos de mujeres, las que frecuentemente incluyen diversas formas de violencia sexual.

Es en este marco en el que se da la detención, tortura y privación de la libertad de Erick y Verónica Razo Casales, mostrando dos particularidades en los hechos que se investigan, 1) el uso de la tortura sexual, perpetrada para someter, castigar e intimidar con el objetivo de obtener una falsa confesión forzada, y 2) el total abuso de la prisión preventiva, tomando en cuenta que ambos tienen una década privados de la libertad sin que exista aún sentencia alguna.

Erick Iván Razo tenía 27 años, estaba casado y tenía una hija pequeña de 7 años y otra bebé en camino; era policía federal, pero estaba considerando dejar este trabajo por los riesgos que implicaba, él quería estar con su familia.

El día 8 de junio de 2011, mientras transitaba por la ciudad de México, Erik fue violentamente interceptado y detenido en una gasolinera en avenida Canal de Apatlaco por elementos de la Policía Federal, sin mediar documento o explicación alguna; su formación policial le permitía saber que no podía ser detenido de la forma en la que lo estaba siendo por lo que preguntó a los agentes las razones de este actuar y cuestionó todo lo que sucedía, sin embargo, sus intervenciones sólo eran respondidas con silencios y una cada vez mayor violencia.

Alrededor de una hora después, Verónica Razo regresaba de sus pendientes y trámites diarios y estaba por llegar a casa de su madre, en la colonia Obrera, tenía 32 años y se dedicaba al cuidado de su hogar y de sus dos hijos, convivía frecuentemente con su mamá, y aunque no veía muy seguido a su hermano Erik, mantenían un vínculo muy cercano y afectuoso.

A unos metros de la entrada de la casa, Verónica fue rodeada por un grupo de hombres con armas largas y vestidos de civil que se trasladaban en vehículos sin marcas oficiales, la encañonaron, la esposaron y, sin mediar explicación alguna, fue detenida y subida al vehículo.

Ambos fueron trasladados a las oficinas de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI), donde fueron incomunicados por casi 24 horas; en este tiempo, y sin saber que el/la otro/a estaba detenido, los dos fueron sometidos a diversos mecanismos de tortura física y psicológica, incluyendo tortura sexual, para obligarlos a auto-inculparse de un secuestro y delincuencia organizada, además de forzarles a reconocer como sus supuestos cómplices a otras personas.

Erik y Verónica recibieron golpes, técnicas de ahogamiento, asfixia, descargas eléctricas en genitales, amenazas de muerte hacia ellos y hacia sus familiares, etc. Verónica, además, sufrió violación por parte de uno de los agentes que los detuvieron, mientras que Erik tomó noción de que ella se encontraba en el mismo lugar que él cuando escuchó sus gritos durante las torturas y en estos reconoció la voz de su hermana.

Producto de las distintas agresiones sufridas Verónica sufrió una arritmia cardiaca, por lo que tuvo que ser trasladada a urgencias; los agentes la llevaron a un hospital privado en el que la atendieron y certificaron sus lesiones, lo anterior, sin embargo, fue siempre en presencia de los mismos policías que la habían detenido y torturado.

Los agentes aprehensores declararon falsamente que tanto Erick como Verónica habían sido detenidos el 9 de junio -y no el 8-, junto con otras 6 personas, producto de una supuesta “llamada anónima” recibida por la madrugada, en la que se denunciaba que una presunta banda de secuestradores se reuniría para planear un supuesto secuestro en una hora en la que Verónica y Erick ya se encontraban detenidos.

En los días siguientes, Austreberta Casales Salinas, la madre de ambos, presentó diversas denuncias por lo sucedido, desde llamadas a Locatel, denuncias ante ministerios públicos, hasta quejas en comisiones de derechos humanos. Pese a esto, los hermanos fueron consignados ante el Juzgado Octavo de Distrito en el Estado de México, para ser luego enviados a diferentes Centros Federales de Readaptación Social. Erik estuvo un tiempo en Veracruz y luego fue trasladado a “El Altiplano”, en el Estado de México; Verónica, por su parte, fue trasladada a la cárcel de Mexicali, luego a Tepic y más tarde a Puente de Ixtla, Morelos.

Es importante señalar que esta práctica de llevarles a penales de mediana y máxima seguridad tampoco constituye una acción casual, sino que formó parte de la misma “estrategia de seguridad” ya mencionada; dado que a las personas detenidas se les consideraba de “alta peligrosidad”, se les mantenía lejos de sus familias y de los lugares donde se estaban desahogando sus procesos jurídicos, lo que generaba un profundo aislamiento y serias dificultades para realizar las distintas acciones de representación y defensa.

Los hermanos Razo Casales han permanecido en prisión preventiva 10 años sin que se les haya dictado sentencia alguna. Los procesos han estado plagados de irregularidades y retrasos injustificados y, en varios momentos, han estado totalmente detenidos. De la queja interpuesta en la Comisión Nacional de Derechos Humanos en 2011, fue apenas en 2017 que este organismo emitió una recomendación 7 en el caso, acreditando diversas violaciones a derechos humanos en contra de Verónica y Erik (detención arbitraria y retención ilegal, tortura y violencia sexual, así como violación al debido proceso), y dirigiéndose a la Procuraduría General de la República (hoy Fiscalía) y a la entonces Comisión Nacional de Seguridad; pese a esto, al día de hoy ninguna de las autoridades señaladas ha cumplido con las medidas recomendadas.

El caso de Verónica, además, fue uno de los primeros casos en presentarse y analizarse ante el Mecanismo de Seguimiento de Casos de Tortura Sexual e, incluso, alrededor de 2018, el expolicía que dirigió las torturas en contra de ella y su hermano, y les obligó a firmar la falsa confesión, fue imputado, detenido y está preso desde entonces, juzgado -entre otros delitos- por la tortura perpetrada en contra de Verónica: quien fabricó su caso está siendo juzgado, ha sido demostrado que Verónica fue una víctima, sin embargo, el mismos Estado mexicano aún la mantienen presa.

Finalmente, este 2021, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la ONU adoptó la Opinión 14/2021, en la que determinó que la detención de Verónica y Erick fue, efectivamente, arbitraria y violatoria, y solicita que se les ponga en libertad inmediata. Esta resolución, en el marco del reciente acuerdo presidencial para la liberación de personas injustamente encarceladas, tendría que bastar para que Verónica y Erik pudieran recuperar su libertad.

Pese a todas las pruebas a favor de los hermanos Razo Casales y las consignaciones de los responsables de su detención y tortura, de nuevo vemos que la justicia en México es letra muerta; el Estado parece haberse olvidado de las víctimas que el mismo fabricó, asumir su responsabilidad en estos hechos es asumir que en México se tortura con total impunidad.

Esta tortura, además, no es una acción aislada, perpetrada en contra de cuerpos individuales, sino que se amplía a los distintos cuerpos colectivos, las mujeres, los/as jóvenes, la sociedad. Su impacto, a su vez, alcanza también a las familias, en este caso, a la madre de Erick y Verónica, a sus hijos, que han tenido que luchar y enfrentarse y esforzarse por comprender el sistema perverso de justicia, así como a toda la familia extensa de Erick y Verónica.

Lo que se escribe a continuación es parte del sentir y pensar de la hija de Verónica, lo que para ella ha significado no sólo la separación forzada de su madre desde hace 10 años sino, también, lo que este tipo de hechos causa en las personas respecto a la confianza y legitimación de las instituciones mexicanas:

A pesar de que ha pasado tanto tiempo y teniendo en cuenta la Recomendación de la ONU del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria, dictámenes basados en el Protocolo de Estambul aplicados y dictados por peritos de PGR que demuestran los impactos de las torturas, y las innumerables pruebas de que los supuestos delitos de mi madre y tío fueron fabricados, el juez y el gobierno I N C O M P E T E N T E hacen caso omiso ante está situación. Su única justificación es la declaración autoincriminatoria que les hicieron firmar por medio de TORTURA: GOLPES, VIOLACIÓN SEXUAL, AMENAZAS Y PRESIÓN PSICOLÓGICA. Y sí, una vez más me refiero al gobierno incompetente y corrupto que teniendo leyes, protocolos y manuales insisten en no hacer las cosas conforme a derecho. Pero ¿a quién echar culpas cuando todos se esconden tras de otros?, ¿a quién señalar cuando todos voltean la cara?

En nuestro país, las personas que dicen “cuidarnos” de la inseguridad y de las cosas malas han resultado ser ellos mismos quienes las cometen.

Muchas familias como la mía fueron destruidas por estas personas que dicen ser las que salvaguardan a la población y que, cegados por un bono monetario dado por el mismo gobierno para -supuestamente- detener más “secuestradores”, sólo se han dedicado a arrebatar gente inocente en las calles de la ciudad, pero ¿quién realmente de ellos tiene los suficientes pantalones para capturar a un secuestrador real? Es increíble la clase de personas en las que ponemos nuestra “confianza” y “seguridad”, para que realmente ellos sean los culpables y responsables de estás atrocidades.

Es muy fácil decir “eso no pasa”, “algo tuvieron que haber hecho”, etc. Hablar de Erick y Verónica como un caso más, como un reportaje más o, incluso, como unas víctimas más. Pero debo decir que hoy su hija es quien está hablando, quien busca obtener justicia, quien ansia la libertad de su madre y quien tiene como única arma para esta batalla a la VERDAD.

Durante este largo camino nos hemos visto obligados a crecer sin mi mamá y vivir en carne propia las consecuencias de la indolencia estatal, la injusticia, la desigualdad estructural y el abandono institucional derivado de las violaciones graves cometidas en contra de ella y Erik.

El infierno que se vive día a día, la incertidumbre de que tu vida dependa de una decisión individual de un ministerio público, de una audiencia diferida, de un dictamen de sentencia es algo que no se puede describir, y los daños que esto ocasiona es algo que nadie ni nada podrá reparar. No le deseo a nadie esto, y sé que no muchas personas entenderían que es estar de este lado y despertar con una ilusión de algo incierto; lo que se siente y se vive es inexplicable.

Hoy no pido nada extraordinario, yo sólo pido que me ayuden a obtener JUSTICIA y que los liberen de una vez por todas, pido que se atiendan las pruebas, los argumentos y recomendaciones, que las autoridades sean prudentes, lógicas y justos ante esta situación; pido también que esto no vuelva a ocurrir y que esta justicia le llegue a todas las personas que están en esta misma situación, porque sé que no somos los únicos y que muchas familias en México están quebradas por culpa de estas injusticias.

Esta son las palabras de una hija, a quien desde los 6 años le fue arrebatada su madre y su tío, son estas otras realidades, las otras verdades frente a la tortura y frente a las “verdades históricas” montadas desde el Estado, un Estado omiso y fallido que, aun siendo descubierto más de una vez, sigue negando la verdad, la libertad y la justicia para estas familias.

Seguimos hilando estas experiencias, esta serie de injusticias que no hacen más que generar víctimas, de silencios, de tiempos suspendidos, como ocurrió con Germán, con Hugo, con Ricardo, Jorge, José María, Sergio, Oswaldo, Hugo, con Macarena 8, con cientos, con miles en nuestro país…

Al mismo tiempo, se hilan las historias de resistencia y dignidad de madres e hijos/as, de parejas y hermanos/as, de colectivos y comunidades que se niegan al olvido de sus familiares presos/as sin delito.

Sumemos nuestra voz en esta exigencia de justicia, de libertad, verdad y reparación; pero, sobre todo, sumemos esfuerzos a estas resistencias, a construir un país sin tortura y donde la dignidad, efectivamente, se nos convierta en costumbre.

* Familia Razo Casales, Grupo de Sobrevivientes y Red Nacional de Peritos/as y Expertos/as Independientes Contra la Tortura. El Grupo de Sobrevivientes de Tortura está conformado por 15 sobrevivientes de tortura liberados, 11 privados de su libertad y por 30 familiares. Contacto: [email protected].

 

 

 

1 Disponible aquí.

2  Amnistía Internacional (2014). Fuera de control tortura y otros malos tratos en México.

3 Centro Prodh (2016). La magnitud de la crisis de derechos  humanos en México.

4 Consejo de Derechos Humanos. (2014). Informe del Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Juan E. Mendez. Naciones Unidas.

5 Amnistía Internacional. Sobrevivir a la muerte, tortura de mujeres por policías y fuerzas armadas en México, 2016. Disponible aquí.

6 Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez. Tortura Sexual en México. Contexto, prácticas e impactos, 2017. Disponible aquí.

7 Disponible aquí.

8 Disponible aquí, aquí, aquí y aquí.

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