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Historias del coronavirus desde la Zona Roja
Un mes de encierro y 350 mil millones de euros anunciados para enfrentar el COVID 19. ¿Qué medidas ha tomado el gobierno italiano para ayudar a las familias, a la sanidad y a las empresas ante la pandemia?
Por Cynthia Rodríguez
23 de marzo, 2020
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Soy Cynthia, soy mexicana, soy madre de tres niños, soy periodista y vivo en Italia en la ciudad de Milán, capital de la región Lombardía, el primer foco de infección de toda Europa y donde el número de contagios y muertes por coronavirus no ha dejado de crecer.

Hasta el momento de escribir este texto se cuentan 59 mil 138 personas contagiadas y 5 mil 476 muertos y, desde hace tres días, el número de víctimas superó al de China que tiene una población 23 veces mayor de la que hay aquí.

El viernes pasado, es decir, el 20 de marzo, los que vivimos en Lombardía cumplimos un mes de estar en casa, pues aunque las restricciones más duras fueron al inicio para una zona conocida como Basso Lodigiano (la primera Zona Roja), que agrupa a 11 localidades y 50 mil habitantes aproximadamente, en toda la región se dio la orden de cerrar las escuelas, desde preescolar hasta las universidades, incluidas por supuesto, las guarderías.

Desde entonces salir de casa fue prácticamente imposible, porque en ciudades como Milán, donde muchos de alguna manera somos inmigrantes, ya sea porque provenimos de otros países o de otras regiones de Italia, no contamos con otros familiares o personas de confianza para dejar a los hijos. Además, contratar aquí a una niñera cuesta al menos 8 euros la hora. Hagan cuentas de lo que costaría pagarle una jornada de ocho horas diarias por cinco días. Imposible.

Y aunque el trabajo desde casa se implementó de inmediato, con los niños al lado ha resultado realmente difícil, lo que ha ocasionado que muchas madres hayan tenido que adelantar vacaciones o pedir permisos para no empezar a quedar mal en sus respectivos trabajos. Obviamente no todos ni todas trabajan en oficinas donde puedan implementar el “home-office” o “smart-working”, lo que el cumplir con el trabajo ha sido desde el inicio de la emergencia una duda que el gobierno italiano había respondido sólo a medias.

El trabajo de cuidados para las madres trabajadoras. Foto: Cynthia Rodríguez.

Si este texto lo hubiera escrito hace 20 días, seguramente la información y el tono hubieran sido distintos. Primero porque el shock de saber que se cerraban las escuelas inmediatamente nos puso a pensar en lo difícil que es estar con niños, adolescentes y jóvenes las 24 horas, cuando además estos niños, adolescentes y jóvenes son los nuestros. Y segundo, porque hace 20 días no hubiera tenido claro todas las ayudas que las autoridades iniciaron a prometer, pero que ha sido hasta los últimas horas que en realidad ha comenzado a concretar para su inmediata implementación.

Se las cuento:

El pasado 17 de marzo, Giuseppe Conte, presidente del Consejo de Ministros, firmó un decreto que se llama “Cura Italia”, donde se dan a conocer las diferentes medidas para ayudar al Servicio Sanitario Nacional, así como a las familias, a los trabajadores y a las empresas que están colaborando para enfrentar la emergencia por el COVID-19.

Un total de 350 mil millones de euros destinará el gobierno para ello, de los cuales 3.5 mil millones de euros se han liberado para la sanidad, y 10 mil millones para el trabajo. Esto incluye que para todas las empresas, con al menos un trabajador, se les garantice la llamada Cassa Integrazione, que es una bolsa prevista por la legislación italiana a favor de los trabajadores obligados por alguna circunstancia a parar o reducir sus horarios.

De hecho, ya desde antes de esta emergencia sanitaria, cualquier trabajador con contrato está amparado por la CIG (Cassa Integrazione Guadagni) para recibir el mismo sueldo que recibía hasta el momento de ser liquidado hasta por un lapso de cinco meses, por lo que ahora, con la emergencia, se aplicará igualmente.

Con este decreto, otro apoyo a los trabajadores es la suspensión de pagos de financiamientos para casas-habitación hasta dentro de cinco meses, si es que lo requieren necesario.

Lo mismo para los pagos fiscales que vayan del 8 de marzo al 31 de mayo han quedado suspendidos.

Para los profesionistas independientes, quienes cuenten con Partita Iva (inscritos al fisco), está garantizado un salario de 500 euros al mes. Esto incluye a los trabajadores agrícolas y del espectáculo.

Los trabajadores de sectores privados que tengan alguna enfermedad comprobada o discapacidad tienen  prioridad para el pago de las prestaciones y además tienen derecho al apoyo de algún familiar, que aún trabajando, éste pueda pedir permiso para atenderlo, lo cual debe ser garantizado.

Para los trabajadores del sector privado que tengan hijos menores de 12 años, pueden pedir permisos laborales y recibir el 50 por ciento de su salario. Y si ambos padres trabajan en el sector privado, se les dará un bono de hasta 600 euros de apoyo para pagar una ayuda adicional como una niñera.

Para los padres de familia que trabajan en el sector público y en el sector sanitario que no han podido descansar, se les garantizará a partir del 5 de marzo un permiso laboral con pago, que deberán acordar con la administración pública.

De acuerdo al decreto firmado por Conte, los trabajadores que deben permanecer en sus casas tienen garantizados sus pagos durante el periodo de cuarentena.

Bueno, hasta aquí las medidas para ayudar a los trabajadores que si bien no solucionan en todo y a todos, sí es un apoyo real que en breve la población se dará cuenta en qué medida funcionarán.

Sin embargo yo, que he estado jornadas enteras al interior de mi departamento sin ni siquiera un balcón, con tres niños, dos de 6 años y uno de casi 4, puedo decir que después de 30 días el encierro efectivamente comienza a pesar. Sobre todo ahora que el clima está cambiando, que la lluvia ya dejó de ser el pretexto para no salir y que el sol empieza a resplandecer cada día con más fuerza.

Un mes con los hijos encerrados en casa. Foto: Cynthia Rodríguez.

Inmediatamente tratamos de explicarles sobre el coronavirus, más que su significado, sobre lo que podía ocasionar si no nos lavamos las manos, si estornudamos sin taparnos la boca y demás medidas a las que ya nos hemos acostumbrado. Lo primero que hicieron fue dibujarlo.

Foto: Cynthia Rodríguez.

Aquí una guía para hablar con ellos.

Lo que nos ha salvado son las tareas que todos los días sus maestras mandan a través de la página de la escuela. De las primeras cosas que hicieron los niños de todo el país fue dibujar arcoiris que algunos pegaron en las ventanas con el mensaje de “Tutto andrá bene” (Todo irá bien).

Foto: Cynthia Rodríguez.

Algunas maestras han tenido iniciativas como de mandar mensajes de voz explicando las lecciones o incluso videos con pequeños cuentos que motivan siempre a los niños.

En estos días me he enterado de muchas iniciativas más que creo que en todas las escuelas y todos los maestros deberían tener. Por ejemplo, en una primaria de Boloña, una maestra de primer año ha fijado una cita a la que llama Pijama Party, porque para participar todos los niños deben estar en pijama y entonces, en punto de las 9 pm, ella les lee un cuento.

Algo que me parece maravilloso porque los días de encierro para los niños los empiezan a descontrolar. A hacernos preguntas de cuándo van a regresar, de por qué tienen que hacer las tareas en casa, o por qué ni siquiera pueden salir a los diferentes parques de la zona que ya de tiempo están cerrados.

Foto: Cynthia Rodríguez.

Foto: Cynthia Rodríguez.

Sin embargo, las actividades en casa no acaban. Yo he empezado a enseñarles a cocinar, así que la cena es ya nuestro momento, donde ellos lavan alguna verdura, empanizan la carne, o simplemente me dan indicaciones que ellos crean que hará más rica la comida.

Foto: Cynthia Rodríguez.

Otra cosa que hemos implementado desde hace mucho en casa y que por supuesto durante estos días de encierro lo seguimos respetando, es no prender la televisión mientras estamos comiendo y ni mi marido ni yo tenemos derecho a tener el celular cerca. Son reglas fundamentales para hablar, para hacer juegos mientras comemos, como las adivinanzas que a todos les gustan.

En las mañanas, después de desayunar, todos nos involucramos en los quehaceres de la casa y eso ha ayudado a tener una mínima disciplina en estos días tan pesados y nos evita tiempo frente a la televisión.

En estos días a mis hijos más grandes ya se les cayó un diente a cada uno, el más pequeño ha comenzado a estudiar el vocabulario como sus hermanos. Están creciendo y nunca como antes había apreciado tanto estos cambios.

Ojalá que este encierro sea la oportunidad para todos de volver a poner atención en los pequeños detalles. Así que como se dice por acá: ¡Buena cuarentena a todos!

Foto: Cynthia Rodríguez.

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