Horas de hambre
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Horas de hambre
Dejar sin alimentos a alumnos con malnutrición y desnutrición, que viven en zonas de alta marginación, debe ser la peor de las opciones posibles, y, sin embargo, hasta ahora es la elegida por la SEP.
Por Alejandra Donají Núñez
26 de febrero, 2022
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La decisión de la SEP de no proveer presupuesto para escuelas de tiempo completo, o sea jornada ampliada y servicios de alimentación para 3.6 millones de niños y niñas, les daña. Decidir no destinar recursos significa que no sólo no se atenderá a la brecha educativa de la población más vulnerable ni al enorme rezago educativo, sino que además implica un riesgo contundente contra las posibilidades de vida para esos niños y, principalmente, a las niñas.

Para aportar al contexto comparto un poco de lo que significa el programa, después lo que conocemos que ha pasado en la pandemia, y finalizo con lo que no sabemos.

Las Escuelas de Tiempo Completo nacieron en 2007 para reducir la desigualdad educativa, con el objetivo de contribuir a mejorar las oportunidades de aprender, y priorizar la cobertura en zonas con alta y muy alta marginación. No se trata sólo de que fueran más horas; lo principal, acorde a la propia SEP, es la forma en que se emplea el tiempo para ampliar las oportunidades de aprendizaje. Las horas extras permiten profundizar conocimientos, compartir en comunidad y tener clases de arte, computación y deporte. Además, algunas escuelas participan en servicios de alimentos. Pareciera obvio, pero recibir alimento tiene un impacto positivo en niñas y niños en la escuela, con un mayor efecto en escuelas de alta marginación, dado que aumenta el desempeño y rendimiento escolar, mejora la asistencia y disminuye el abandono escolar. En 2020 la SEP decidió cancelar el programa presupuestal, pero sus dos componentes -jornada ampliada y alimentos- pasaron a formar parte del programa La Escuela Es Nuestra (LEEN), por mandato del Legislativo, junto con el otro componente de infraestructura escolar.

Me enfocaré en los servicios de alimentos del programa de la escuela de tiempo completo, simplemente porque me parece indignante lo que voy a compartirles.

En primer lugar, rescato la opinión de los niños y las niñas respecto al alimento que reciben. En 2018 UNICEF los entrevistó y la respuesta es clara: consideran que recibir alimentos es importante para ellos; creen que mientras exista oferta de comida pueden asistir a sus clases y que el alimento es lo que hace funcionar a la escuela. Aunque a veces les parece que podría estar mejor cocinado, que les dan poquito y que quisieran comer más, pero no alcanza para que puedan repetir.

Los datos muestran que el alimento no sólo es prioritario sino indispensable. Más de la mitad de los hogares del país (55%) enfrentan incapacidad para satisfacer sus necesidades alimentarias mínimas. Niñas, niños y adolescentes tienen una doble carga de malnutrición, es decir, tanto desnutrición como sobrepeso y obesidad. El 11% de los niños y las niñas entrevistados por UNICEF que se beneficiaban del programa tenían talla baja, indicador de desnutrición. Además, se conoce que en México, si bien hay un alto porcentaje de niños con sobrepeso y obesidad, la tasa de hambre oculta que es la falta de micronutrientes, es del 25.3%. Por lo tanto, incluso alrededor del 50% de los niños y las niñas que se benefician del programa muestran problemas de malnutrición. Lo anterior refleja, por una parte, que el programa puede mejorarse invirtiendo en un seguimiento más cercano del proceso; pero sobre todo expresa que los niños y las niñas no deben quedarse sin alimento, porque ante una herida abierta y sangrante como lo es el hambre, dar alimentos es un curita que calma sus pancitas y les permite a seguir aprendiendo.

Respecto a las madres y los padres es importante señalar que -en las comunidades escolares- la parte operativa es sostenida principalmente por madres, e incluso, acorde al estudio de UNICEF, cuando éstas no van, los niños y las niñas se quedan sin comer. Aún así, las madres consideran que les facilita desempeñar otras actividades a lo largo del día -como un trabajo remunerado- con la seguridad de que sus hijas/os tendrán comida de calidad. Lo anterior muestra que la responsabilidad de la SEP se restringe a la transferencia de recursos, dejando en las madres y en la comunidad la responsabilidad del proceso en sí, incluyendo las condiciones para preparar el alimento.

Los maestros y directivos están conscientes del beneficio de los alimentos; incluso, en las entrevistas comentaron que aporta para que los estudiantes ya no duerman en clases y a disminuir la deserción escolar. Además, los alimentos son la piedra angular que permite ampliar las oportunidades de aprendizaje. Más horas de clase también implica un mejor ingreso para las y los docentes (siendo el monto máximo cinco mil pesos mensuales) y un mayor compromiso con la comunidad. La escuela se abre para aprender entre todos y permite la responsabilidad conjunta de alimentar a los estudiantes.

El programa se sostiene por la constancia y las múltiples formas de participación de la comunidad. Desde las madres que participan hasta aquellas que confían, con los coordinadores que forman parte y enriquecen el proceso, con los DIF estatales proveyendo no perecederos y los productores locales que entregan perecederos diarios; incluso participan Universidades Autónomas locales y especialistas en nutrición.

El número de estudiantes que recibe alimento ha variado, con una disminución sustancial en el curso de la pandemia. Si bien las escuelas de tiempo completo atienden a 3.6 millones de estudiantes, se conoce que sólo reciben alimento 1.6 millones de alumnos. Pero, aún más grave, la SEP comunicó que durante la pandemia sólo apoyó al 52% de las escuelas y que sólo brindó alimentos a 933 mil estudiantes, y en 2022 no ha brindado recursos para alimentar a ningún niño o niña. Sin duda, no recibir alimento tiene efectos desproporcionados en perjuicio de las niñas que, por la estructura social de privilegio hacia los hombres aún vigente en México, tiende a enfrentarlas a mayores violencias y carencias.

UNICEF señaló que por la pandemia, a nivel mundial, no se entregaron 39 mil millones de comidas escolares y que eso presagia una crisis de nutrición. En estos últimos dos años la SEP, en lugar de nutrir estudiantes, decidió sumar a esa pérdida. A sabiendas de la alta desnutrición en sus estudiantes, del aumento de la desigualdad, del rezago educativo y la deserción, la Secretaría no ha considerado como prioritarias las comidas escolares y la eliminación del hambre de niñas y niños para poder estudiar.

Sin embargo, el programa LEEN recibió en este 2022 un aumento del 10% a su presupuesto. La SEP propone eliminar los dos componentes de jornada ampliada y alimentos para sólo dejar aquel de infraestructura. ¿De qué sirven escuelas recién pintadas si sus alumnos tienen hambre?

El costo diario por alumno de servicio de alimentación es de 10 pesos por alumno y los recursos que se entregan dependen de la matrícula de estudiantes por escuela. Si el calendario escolar consta de 190 días efectivos, eso quiere decir que alimentar a cada niño o niña cuesta $1900 anuales. El prepuesto de LEEN es cercano a los 14 mil millones de pesos y ¿no se va a destinar nada a alimentar a los niños y las niñas, en malnutrición, que seguro se agravó con el largo encierro?

Con el presupuesto total se podrían alimentar 8 millones de alumnos, y si dividimos el presupuesto entre los tres componentes a 2.5 millones de alumnos. También se podría aumentar el número de escuelas que ofrecen servicios de jornada ampliada y alimentación para mitigar el rezago educativo que dejó la ausencia de planes concretos para el aprendizaje. Pero dejar sin alimentos a alumnos con malnutrición y desnutrición, que viven en zonas de alta marginación, debe ser la peor de las opciones posibles, y, sin embargo, hasta ahora es la elegida por la SEP.

Para concluir, veamos lo que no sabemos y lo que no hay. ¿Qué razones motivan la decisión de la SEP de dejar de alimentar a niños y niñas? Para los estudiantes puede ser su única comida del día, incluso la razón de ir a la escuela. No sabemos qué es lo prioritario para la SEP: ¿Que se vean recién pintadas las escuelas o que los niños y niñas que asisten puedan estar en condiciones de aprender? ¿El bien de la comunidad? ¿El desarrollo y aprendizaje de la niñez? ¿Su calidad de vida, una vida digna? Sus decisiones no lo reflejan. Durante enero y febrero no pasó recursos para alimentación. Niños y niñas no recibieron de la SEP los recursos para comer. Ninguno.

Pero la SEP todavía puede tomar la decisión en favor de nuestros niños y niñas al modificar las Reglas de Operación del programa, y asignar recursos para la jornada de tiempo completo y para alimentos. La SEP tiene hasta antes del último día de febrero para hacerlo… tiene en sus manos eliminar horas de hambre de nuestra infancia.

* Alejandra Donají Núñez es activista.

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