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Inmovilidad social diferenciada por género en México
Que las mujeres no puedan desarrollar sus capacidades en libertad representa talento desperdiciado en detrimento del crecimiento económico y disminución de la pobreza.
Por Gil Fagoaga
24 de julio, 2019
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Si uno observa las tiendas de juguetes infantiles sin demasiado detenimiento, es fácil notar que la mayor parte de los juguetes relacionados con tareas domésticas y de cuidado están dirigidos a las niñas. El rol social que hemos asignado a las distintas tareas en las que nos desempeñamos a lo largo de nuestra vida trasciende la niñez y determina nuestro futuro, desequilibrando la balanza en contra de las mujeres.

La falta de movilidad social es una constante en México, “74 de cada 100 mexicanos que nacen en la base de la escalera social no logran superar las condiciones de pobreza”1 debido, en su mayoría, a la desigualdad de oportunidades no a su falta de esfuerzo. A su vez, el nivel de movilidad social no es lineal a lo largo del país, siendo significativamente distinto para cada persona dependiendo del lugar donde nacieron y su género.

El pasado 20 de mayo, el Centro de Estudios Enrique Yglesias presentó el Informe de Movilidad Social 2019, el cual dedica una sección para el análisis de la desigualdad en movilidad social por género. El informe describe que la probabilidad de que una mujer que nace en los estratos más pobres de la población se mueva en forma ascendente es significativamente más baja que en el caso de los hombres, y está fuertemente determinada por la educación y ocupación de los padres2. Si a ello agregamos que la brecha educativa entre hombres y mujeres es de alrededor de 6 puntos porcentuales3, la movilidad educativa que tiene una mujer está a su vez determinada por el nivel de estudios alcanzado por el padre, no por la madre.

Estudiar tampoco garantiza a las mujeres un lugar en el mercado laboral formal, y por tanto, de una movilidad social ascendente. Según un estudio publicado por el Colegio de México4 en 2015, de los adultos que tuvieron acceso a estudios universitarios el 87.8% de los hombres se instaló con éxito en el mercado laboral en comparación con el 69.3% de las mujeres. De nueva cuenta el rol social juega un papel determinante pues es la mujer la encargada en la mayor parte de las familias del cuidado doméstico, y es esta misma variable la causante de que el riesgo de perder el trabajo sea más alto y que la probabilidad de escalar en jerarquía en sus lugares de trabajo sea más baja.5

Dicha inactividad laboral en las mujeres trasciende el mercado laboral y se traslada a la convivencia diaria en las familias. En 2016 de cada 100 hogares sólo 38 declararon tener una jefatura económica femenina,6 dándoles a la mayoría de las mujeres un menor margen para la toma de decisiones dentro del hogar. Así mismo, la falta de actividad en el mercado laboral remunerado y el mayor riesgo de perderlo dificulta el acceso que las mujeres tienen a los diversos instrumentos financieros (como seguros y créditos) que se ofertan en México (existe una brecha de 6 puntos porcentuales), y por tanto, compromete su estabilidad económica en el corto y largo plazo y restringe su capacidad de inversión y solvencia ante situaciones adversas.

La desigualdad por género en movilidad social en México no sólo es un problema de orden ético (lo cual debería bastar para solucionarlo) también es un problema económico; que las mujeres no puedan desarrollar sus capacidades en libertad representa talento desperdiciado en detrimento del crecimiento económico y la disminución de la pobreza. Martinez, Millar y Saad (2013) describen que el Bono de Género7 en México equivale a alrededor del 5% del crecimiento del PIB y 0.7% del PIB pc. Además, Alejo (2017) menciona que de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial del Trabajo, una reducción del 25% de la brecha de género en participación laboral de México se traduciría en un crecimiento adicional del PIB de 5%.

En México, el rol social que hemos impuesto sobre la mujer dificulta aún más sus posibilidades de ascender en la escalera social. Las diferencias en educación y consecuentemente el mayor riesgo y segregación laboral, constituyen una de las barreras más complicadas que nada tiene que ver con el esfuerzo de las mujeres para salir de la pobreza. La solución de este problema es compleja y debe atacarse desde diversos ámbitos. Una de ellas es acabar con el rol que le asignamos a cada mujer desde su niñez, y eso puede y debe hacerse en casa.

* Gil Fagoaga es economista por la UNAM.

 

Referencias:

  • Centro de Estudios Enrique Yglesias (2019). Informe sobre Movilidad Social en México. Hacia la Igualdad Regional de Oportunidades. Disponible aquí.
  • Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (2017), Pobreza y Género 2010-2016, disponible aquí.
  • El Colegio de México (2018). Desigualdades en México 2018. Disponible aquí.
  • Martinez, Millar y Saad (2013). Participación laboral femenina y bono de género en América Latina. CEPAL. Santiago de Chile. Disponible aquí.
  • Alejo, D (2017). Desigualdad económica y de género. Nexos. Ciudad de México a Diciembre 7, 2017. Disponible aquí.

 

1 Véase aquí.

2 Ibid.

3 CONEVAL (2017), Pobreza y Género 2010-2016, dispnible aquí.

4 Veáse aquí.

5 41 % de quienes tuvieron como primer empleo un trabajo asalariado pasaron a la no actividad, en comparación con 12 % en el caso de los hombres según el Informe de Movilidad social 2019 presentado por el CEEY.

6 La jefatura económica se refiere al integrante que aporta la totalidad o mayor parte de los ingresos en los hogares.

7 Bono de género hace alusión al beneficio económico potencial que se obtiene por el incremento de la participación de las mujeres en la actividad económica.

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