Inseguridad y violencia, condición a la que se han adaptado en Guerrero
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Inseguridad y violencia, una condición a la que grupos productivos de Guerrero se han tenido que adaptar
Productores en Guerrero han tenido que agregar a los costes de producción pagos por extorsiones, fraudes, robos, secuestros, entre otros delitos. Si estos costos rebasan sus capacidades, se ven obligados a detener sus actividades, o abandonarlas si corren el riesgo de perder la vida.
Por Sergio Martínez Martínez y Diego Posadas Paz
22 de junio, 2022
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El pasado seis de junio, un vendedor de pollo fue asesinado dentro del mercado central de Chilpancingo, Guerrero, a plena luz del día y ante la mirada de comerciantes y compradores. Pocos días después, en la comunidad de Petaquillas del mismo municipio, un grupo armado irrumpió en una granja y asesinó a seis personas, entre ellas a una menor de edad. Estos hechos lamentablemente no son casos aislados ya que forman parte de la violencia cotidiana que afecta a pequeños, medianos y grandes negocios, así como a la economía y vida de comunidades y familias guerrerenses.

En INCIDE Social, A. C. lo hemos atestiguado por el trabajo realizado desde hace tres años con grupos de pequeños productores de las regiones Norte, Montaña y Costa Grande de Guerrero, quienes nos han llegado a compartir sus experiencias y percepciones acerca de la inseguridad y violencia criminal que viven día a día, lo cual nos ha permitido observar la complejidad de dichos fenómenos en el estado.

Una de las enseñanzas que al respecto hemos aprendido es que para las y los productores la violencia criminal e inseguridad han pasado a formar parte del contexto de su operación y de sus vidas, lo que los ha llevado a ver la violencia no como un problema que se pueda resolver, sino como una condición a la que se tienen que adaptar. En consecuencia, han tenido que asumir gastos y adoptar conductas que les permitan tener los menores impactos para sus actividades productivas y para su integridad. A los costes de producción se han agregado pagos por extorsiones, fraudes, robos, secuestros, entre otros delitos. Si estos costos rebasan sus capacidades, se ven obligados a detener sus actividades, o abandonarlas si corren el riesgo de perder la vida.

Percepción y afectaciones de la violencia

En el 2019, según información de la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE) 2020, cinco de cada diez unidades económicas ubicadas en Guerrero dijeron que la inseguridad y la delincuencia eran los problemas que más les afectaban y más de 33 mil se dijeron víctimas de algún delito, siendo las más impactadas las pertenecientes a los sectores del comercio y de servicios. Situación que en promedio le costó a cada unidad económica 31,114 pesos.

Es de resaltar que la percepción de inseguridad de las unidades económicas varía de acuerdo con el ámbito geográfico ya que 80.7% reportaron sentirse inseguras en el ámbito estatal; 66.3% indicaron sentirse inseguras en su municipio, y 39.9% dijeron sentirse inseguras en su colonia o localidad (ENVE 2020). En otras palabras, conforme las empresas se alejan de su entorno inmediato aumenta la percepción de inseguridad.

Dicha información se asemeja a lo que nos platicaron las personas productoras, quienes en lugar de hablar de inseguridad lo hicieron en términos de costos. Norberto, 1 técnico que acompaña grupos productivos en Costa Grande, se refirió así a la situación que se vive en la región:

(…) hay una frontera bien delimitada que la comanda un grupo, entonces ese grupo armado lo que hace es no meterse con la población, los deja que realicen sus actividades de manera normal, pero si quieres sacar algo de aquí de la región, si lo llevas a Acapulco, allá ya es otro grupo, entonces por el simple hecho de irte para Acapulco tienes que pagar una cuota.

Regina, productora de la misma región indicó que por cada camión de mercancías que movía dentro de las zonas aledañas a su centro de producción debía pagar $500 pesos, si tenía que trasladarse a otros municipios la cuota subía a $1,000 pesos. La fragmentación del control territorial por distintos grupos armados provoca costos diferenciados y alimenta la sensación de inseguridad, como lo refleja la ENVE 2020, en la medida que alejarse de su localidad fuerza a productores y productoras a interactuar con distintos grupos.

Los dichos del presidente López Obrador respecto de la tranquilidad que puede alcanzar un territorio dominado por un solo grupo delictivo al disminuir el número de enfrentamientos de grupos armados, 2 coincide con lo que expresan las y los productores de Guerrero, pero a las y los guerrerenses les queda claro que el dominio no implica la ausencia de costos para la población ni para las empresas. La alteración de planes de desarrollo de las unidades económicas es uno de esos costos. Al respecto, Mónica productora de la región Norte, señaló:

(…) nosotros queríamos hacer la cámara fría, (…), pero la cámara fría es una inversión fuerte, necesitamos un terreno con unas características y con la carretera cerca, pero al mismo tiempo queremos que no se vea, porque entre menos sepan en dónde estamos y qué hacemos es mejor (…).

La ENVE 2020 registra esta afectación en poco más del 20% de las unidades económicas del estado. Así, las y los productores nos comentaron que para no llamar la atención de los grupos criminales optan por limitar sus volúmenes de producción y de crecimiento de sus empresas; misma razón por la que Mónica prefirió comprar una camioneta usada a comprar una nueva para realizar tareas relacionadas con el negocio.

Una consecuencia más del dominio territorial de los grupos armados es el control de mercados por parte de dichos grupos que se experimenta en algunas regiones del estado. Sobre la región de Tierra Caliente, Norberto comentó:

Varias cosas mueven, mueven materiales para construcción, los refrescos, la venta de cerveza, en algunas regiones frutas y legumbres, también ellos ponen el precio de los productos; si un kilo de jitomate está a 20 pesos, cuando están ellos controlando eso lo pagas a 30; un pollo, cuando lo pagas máximo 120 pesos, con ellos cuando controlan la zona, 180. Eso sí pasa, entonces no puedes detonar mucho en algunas regiones que están controladas, porque no puedes controlar costos de producción, varias cosas que tú tomas en cuenta para que un proyecto sea exitoso.

(…) algunos casos los costos de producción se incrementan, y luego ellos mismos controlan la venta de lo que produces. El margen que tú obtienes a veces no es suficiente para compensar los gastos, o sea no tienes utilidades en algunos casos. Un productor dice: “¿para qué trabajo?”, me decía uno “¿nada más para dormir cansado?, no mejor me quedo así y en lo que pasa todo esto, ya me nivelo” (…).

De manera más reciente, personas productoras de aguacate en la región Norte señalan que se han visto obligadas a vender su producción a un grupo delictivo que fija el precio de compra a una menor cantidad al que podrían venderlo.

Pese a las afectaciones que experimentan las empresas, en el 2020 Guerrero fue la quinta entidad federativa con la menor prevalencia delictiva entre unidades económicas, al presentar una tasa de 2,206 empresas víctimas de delito por cada 10,000 unidades económicas (ENVE 2020), la cifra más baja para el estado en los últimos nueve años. Hecho que se enmarca en una tendencia nacional de disminución de victimización de empresas.

Un elemento que permite conciliar la baja prevalencia delictiva entre unidades económicas de Guerrero y un entorno que puede ser sumamente asfixiante para la operación es la elevada proporción de cifra negra entre unidades económicas. La ENVE 2020 calculó que dicha cifra ascendió a 97.6% de delitos cometidos a empresas en el estado de Guerrero, esto es la mayor cifra negra en todo el país, el cual tuvo como promedio nacional para 2019 una cifra negra del 92%.

La invisibilidad y el silencio como alternativa

Lo que apuntan los testimonios de personas productoras es que el silencio y la invisibilidad son recursos elementales que les permiten operar y reducir los riesgos que forman parte del contexto. Mónica, en referencia a su localidad de operación indicó:

(…) es una zona muy difícil, hay mucha violencia (…). Nos hemos mal acostumbrado a vivir… no a convivir sino a verlos, a vivir con ellos, o sea tú vas a la huerta, puede ser que te los encuentres, puede ser que no te los encuentres; si te los encuentras pues: “buenas tardes”, “buenos días, con permiso” y ya, tratar de no verlos, nos hacemos invisibles (…) qué podría hacer yo como ciudadana más que proteger a mi familia, proteger a mis allegados, proteger a la gente que trabaja conmigo, de qué, volviéndote invisible, para ellos y para el gobierno.

La desconfianza en las autoridades hace conveniente el mantener un perfil bajo frente a ellos. Al respecto, Mónica contó una experiencia con autoridades federales a quienes señaló como responsables de daño a su propiedad y de robo de pertenencias después de acudir a ellas para solicitar ayuda con un grupo armado que había ocupado su vivienda.

Frente un escenario similar se explica que se considere la invisibilidad y el silencio como las mejores opciones, con ello se evita el riesgo de llamar la atención y de posibles represalias. Roberto, productor de la región de Costa Grande, lo expuso de la siguiente manera: “(…) uno ve que por todos lados está el narcoestado, nomás que eso se dice despacito, porque si uno habla de más luego uno tiene represalias no sabe uno ni de dónde (…)”.

Por su parte Norberto, quien tiene contacto con productores en distintas regiones del estado, expuso lo que encuentra en las localidades:

Tú le preguntas a cualquier persona: -¿Cómo está aquí?, -Tranquilo, -¿Pasa algo?, No pasa nada. Aunque esté pasando. (…) la única manera que puedes sobrevivir es haciendo como que no pasa nada. Acostumbrarte a que eso no existe ni como tema de conversación es la manera en que puedes sobrevivir.

Sin confianza para recurrir a la ayuda de las autoridades estatales o federales y sin posibilidad de hacer frente a los grupos armados, las alternativas consisten en minimizar la exposición, no entrometerse con los grupos criminales y cumplir con sus demandas si así toca hacerlo. Estas situaciones se traducen en una serie de costos para las unidades económicas: el cambio de horarios de trabajo, la modificación de rutas de comercio, el posponer o alterar planes de desarrollo, el gasto por medidas de protección, etc.

La ausencia de enfrentamientos entre grupos armados, la disminución de homicidios o la baja incidencia delictiva entre unidades económicas no logran reflejar fielmente la complejidad del contexto de violencia e inseguridad en el que viven día a día las y los productores de Guerrero, quienes en última instancia terminan por asumir los costos económicos y sociales de la ausencia de una estrategia eficaz que proteja a sus empresas, negocios y familias ante la voracidad de los grupos criminales. En tanto, las y los productores, así como la población en general, no tienen más que seguir con la violencia como parte de su realidad cotidiana, con el temor y el peligro siempre latente de ser las siguientes víctimas.

* Sergio Martínez Martínez (@SergioJessMtz) y Diego Posadas Paz (@Dposadasp) son investigadores en INCIDE Social (@INCIDE_Social) en la áreas de prevención de la violencia y política pública.

 

 

1 Los fragmentos de testimonios presentados corresponden a conversaciones sostenidas en noviembre de 2020. Los nombres que aquí se les dan a los hablantes se cambiaron por motivos de seguridad.

2 Como lo comentó en la conferencia de prensa matutina del 15 de junio pasado.

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