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¿Internet para quién?
El modelo de negocios de Facebook es el extractivismo de datos. Las políticas de conectividad de la empresa no son una labor altruista, sino un mecanismo para mantener su posición hegemónica en el mercado.
Por Blog Invitado
5 de julio, 2019
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Por: Pepe Flores, Luis Fernando García, Eric Huerta y Karla Prudencio

“El tema es cumplir el compromiso de que haya internet para todos”, concluye el tuit con el que el presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer una videoconferencia que sostuvo con Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, la mañana del 18 de junio.

En el corto video (4:12) que incluye la publicación, el presidente le explica a Zuckerberg que “20 por ciento de la población , que vive en 80 por ciento del territorio son los más pobres, marginados y no tienen comunicación por Internet”. Explicó que el propósito de su gobierno es comunicar a más de 300 mil localidades sin conectividad, apoyándose de la infraestructura de la red eléctrica, que cuenta con una cobertura de 95 por ciento del territorio.

La idea es implementar un programa que ofrezca conectividad a muy bajo costo, sin fines de lucro, dejando un margen para un sector que pueda pagar “para poder ser autosuficientes”. “Nos importa mucho el apoyo de ustedes, compartir este proyecto con los representantes de Facebook de México. Si tú lo consideras interesante” –añadió López Obrador, dirigiéndose a Zuckerberg– “te invitamos a participar para poder hacer una sociedad”.

“Sería algo extraordinario que Facebook ayude a la comunicación, la conectividad de México, sobre todo en beneficio de los pobres”, remató el presidente en el video.

López Obrador delineó un poco mejor su plan en su conferencia matutina el miércoles 19, en la que elaboró que buscará la creación de una empresa de telecomunicaciones del Estado que provea de banda ancha y telefonía móvil, por lo que espera obtener una concesión por parte del Instituto Federal de Telecomunicaciones. “Esta empresa nueva del Estado hará lo opuesto que hacen las empresas privadas que empiezan del centro a la periferia; nosotros vamos a empezar de la periferia al centro”, indicó.

Este no es un tópico novedoso en la actual administración. La cobertura universal fue promesa de campaña del presidente y forma parte del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. Tampoco es un tema controversial, al contrario, existe un relativo consenso de la necesidad de una política pública de conectividad.

El problema es claro: en México, alrededor de 34 % de la población aún no tiene acceso a Internet y 73.1 % de quienes tienen acceso se encuentran en zonas urbanas, lo cual es indicativo del rezago en el que se encuentran las zonas rurales. Sin embargo, como sucede con las enfermedades, los problemas sociales no se resuelven únicamente con diagnósticos certeros. Es necesario seleccionar una “cura”, una política pública adecuada entre un conjunto de alternativas. Lo anterior implica analizar los costos y los beneficios de todas las posibles soluciones y elegir la opción que potencie los segundos para un mayor número de personas.

¿Cuál es el plan?

Aunque sabemos poco del contenido de la reunión, podemos asumir que la propuesta de Facebook en materia de conectividad rural no es una solución innovadora, como tampoco lo es la creación de una paraestatal para la provisión del servicio. Ambas soluciones, por separado y en conjunto, son alternativas ineficientes y reproducen fórmulas conocidas que han resultado en un rotundo fracaso.

“No entiendo por qué le tienen tanta fe a la red de fibra de la Comisión Federal de Electricidad como vehículo principal para lograr la conectividad del país”, señaló la analista Irene Levy en marzo de 2019. Su comentario se dio en respuesta a la decisión de López Obrador de cancelar la licitación pendiente sobre 50 mil kilómetros de fibra óptica oscura (redes desplegadas sin uso) de la CFE.

La nueva convocatoria tiene como objetivo que la empresa ganadora ejecute el programa Internet para Todos, el plan de conectividad del gobierno actual. La meta principal es entregar puntos de conexión en escuelas, hospitales, parques, entre otros (de una manera muy similar a los objetivos originales de México Conectado, el programa de acceso a Internet de la administración anterior). Quien gane deberá cumplir con 8 mil 500 puntos y así obtener el derecho de usar la capacidad excedente.

De acuerdo con Levy, la red de la CFE dista de ser la óptima para la prestación de servicios, ya que requiere de mantenimiento e inversión para modernización, por lo que el atractivo para el sector privado es bajo. ¿Dónde queda la rentabilidad en una red que, además, no llega al usuario final?

Es necesario decir que conectar estas localidades puede resultar muy costoso para determinados actores. En principio, las posibles ganancias que se pueden obtener por desarrollar estos proyectos en zonas rurales es significativamente menor comparada con la rentabilidad que existe en zonas urbanas. Los lugares con menor densidad poblacional (que representan menos consumidores) y con menores niveles de ingreso (menor rentabilidad por cada usuario) no son atractivas para las empresas grandes que buscan optimizar ganancias.

Según un reporte de la GSMA, las localidades económicamente viables para operadores comerciales requieren contar al menos con tres mil suscriptores activos por mes. Esto implica que la localidad debe tener por lo menos cinco mil habitantes y tiene que existir concentración de varias localidades en un rango de 25 kilómetros.

En este sentido, estas zonas no representan un negocio atractivo para los grandes proveedores de servicios, lo cual implica que será necesario el otorgamiento de subsidios. Por tanto, al optar por esta alternativa de política, es pertinente preguntarse quién va a subsidiar su implementación. Hay dos respuestas probables: o las empresas o el Estado.

¿Dónde entra Facebook?

Desde hace más de cinco años, Mark Zuckerberg ha buscado ampliar su base de usuarios mediante una disfrazada filantropía, incrementando la conectividad (de forma sumamente limitada) en países con una alta brecha de acceso a Internet. Su plan –originalmente llamado Internet.org, renombrado después como Free Basics– no tuvo los resultados esperados, recibiendo grandes reveses en India y, de forma más reciente, en Myanmar.

Tras el fiasco de Free Basics, Facebook ha diversificado sus esfuerzos de conectividad con un portafolio de proyectos cada vez más amplio. Uno de ellos es la inversión en infraestructura de red, en el que incursionó en 2017 en Uganda, además de anunciar una inversión en fibra óptica en Nigeria en 2019.

Asimismo, en el marco del Mobile World Congress, celebrado en Barcelona en febrero de este año, Facebook presumió una alianza en Perú con Telefónica, IDB Invest y el Banco de Desarrollo de América Latina. La iniciativa, también llamada Internet para Todos, se vende como “un operador de infraestructura móvil rural mayorista de acceso abierto que ayude a reducir la brecha digital”.

Otra de sus estrategias es la implementación de puntos de conectividad inalámbrica a través de Express Wi-Fi, presente en países como Kenya, Ghana, Nigeria, Sudáfrica, Tanzani, Indonesia, India, Filipinas y Nepal. A través de este programa, un negocio instala un punto de conexión Wi-Fi (con servicio proporcionado por un ISP local aliado de Facebook) y revende el acceso a Internet a los usuarios finales. Incluso, en mayo de 2019, la empresa Hughes –que provee acceso satelital a Internet– anunció una alianza con Facebook para crear puntos de conexión Wi-Fi en Brasil y México.

De este modo, el gobierno federal podría solucionar uno de los puntos flacos de su plan de conectividad a través de la colaboración con Facebook. De obtener la licitación para el uso de la fibra óptica de la CFE, la empresa de Mark Zuckerberg puede entrar tanto en el esquema de modernización (mediante sus programas de infraestructura) como en la colocación de puntos de conexión inalámbrica. Facebook sería ese eslabón para que Internet para Todos alcance a los usuarios finales.

Idealmente, al ampliar la conectividad hacia zonas no atendidas, se crean nuevos usuarios. Esto debería beneficiar a todo el ecosistema. Sin embargo, al establecer estas alianzas con los gobiernos, Facebook se coloca en un sitio privilegiado para capturar a estos usuarios dentro de sus servicios, muchas veces condicionando el acceso a través de sus plataformas. En el caso de Express Wi-Fi, por ejemplo, la conexión se da mediante una aplicación móvil.

Facebook, sin duda, es una empresa que puede aportar el capital necesario para invertir en el proyecto de conectividad en México. Sin embargo, este subsidio (que se puede dar tanto en individual como en colectivo, como el caso de Perú) tiene costo. La lógica económica nos dice que a una empresa privada cuyo objetivo es optimizar ganancias no le gusta perder. Por tanto, es factible suponer que Facebook buscará reafirmar su poder de dominancia en el sector, incrementar sus suscriptores y ampliar la gama de servicios que puede ofertar.

No se debe soslayar que el modelo de negocios de Facebook es el extractivismo de datos. Las políticas de conectividad de la empresa no son una labor altruista, sino un mecanismo para mantener su posición hegemónica en el mercado. Para Facebook, extender sus tentáculos hacia las economías emergentes es una prioridad, después de que sus números en Estados Unidos y Canadá se han estancado, y continúan a la baja en la Unión Europea tras la implementación del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR).

Tal vez la moneda de cambio no sea directamente un alto cobro del servicio (costo que no podemos descartar), sino un cobro “en especie” que signifique el despojo del ejercicio de derechos. Un pago con la extracción masiva de datos y con la posible violación a los principios de la neutralidad de la red.

La oportunidad de hacer “las cosas distintas”

Aun cuando el Estado decida subsidiar este proyecto –en conjunto o a través de su gran empresa estatal– lo más probable es que al incorporar a Facebook, los problemas anteriormente mencionados subsistan. Además, surge otra clase de interrogantes. ¿Por qué el Estado decidiría subsidiar o facilitar el acceso a estas grandes empresas? ¿Por qué incentivar la concentración de la riqueza con el uso de recursos públicos? ¿Por qué no explorar alternativas más eficientes? ¿Por qué no apoyar iniciativas locales que sean capaces de redistribuir las ganancias de la provisión de estos servicios?

En principio, llevar servicios y recursos a una localidad no necesariamente conlleva a una mejora en las condiciones de pobreza y marginación; incluso puede sumirla en mayores carencias. Al hacer un estudio sobre causas de pobreza en una comunidad de alta marginación de la Sierra Mazateca, en Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad A.C (REDES) identificamos que la mayoría de las personas estaban endeudadas con una conocida tienda de electrodomésticos a crédito cuya tasa de interés es de alrededor del 100 por ciento anual.

La causa era que los apoyos del programa Oportunidades se recibían a través de esta empresa, y cuando las personas acudían a recolectar el dinero, les ofrecían productos a crédito. Traslademos esto al campo virtual y pensemos en Facebook Wallet y Facebook Marketplace. Maravillosa combinación, ¿no es cierto? ¿Quiénes serían las personas beneficiadas y quienes las empobrecidas?

El presidente tiene la opción de hacer “las cosas distintas”, como dice en su Plan Alternativo de Nación 2018-2024. Para esto, es necesario comprender que no todo tipo de acceso a Internet funciona como habilitador de derechos humanos. El modelo de conectividad que escojamos importa y mucho.

Según la definición establecida por la Declaración de la Primera Cumbre Latinoamericana de Redes Comunitarias, las redes comunitarias son redes de propiedad y gestión colectiva de la comunidad, sin fines de lucro y con fines comunitarios. Las mismas se constituyen como colectivos, comunidades indígenas u organizaciones de la sociedad civil, que ejercen su derecho a la comunicación, bajo principios de participación democrática de sus miembros, equidad, igualdad de género, diversidad y pluralidad.

Las redes comunitarias y los pequeños operadores son una opción que ha demostrado ser exitosa, sostenible y asequible. Además, tiene el valor de poder redistribuir la riqueza de la provisión de los servicios generando ganancias para las comunidades y no para los grandes capitales.

Además –y tal vez más importante– son proyectos que suponen la detección de necesidades reales dentro de estas localidades, la construcción y apropiación de un proyecto y la creación de capacidades para los habitantes que administran y operan la red.

La construcción de este modelo tiene como valor agregado que ven a las comunidades rurales o indígenas no sólo como sujetos pasivos que reciben la provisión de un servicio, sino como actores que contribuyen a la reconstrucción de su propia realidad.

Queremos que sean las comunidades las que decidan qué necesidades van a resolver y cómo. Queremos información y contenidos pertinentes, diversos y plurales. Para esto, necesitamos que el Estado se concentre en lo importante: que cree una política pública enfocada en el fortalecimiento de las redes comunitarias y al fomento de los proveedores locales de Internet; que facilite el acceso al espectro, un esquema propicio para el desarrollo de distintas tecnologías, que contribuya a la creación de capacidades técnicas dentro de las comunidades y que apoye al fomento y la distribución de contenidos.

Queremos conectividad, pero no a cualquier costo.

* Pepe Flores y Luis Fernando García de la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D) es una organización mexicana dedicada a la defensa de los derechos humanos en el entorno digital.

Eric Huerta y Karla Prudencio de Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad A.C. (REDES A.C.) es una asociación civil mexicana que impulsa la formación de redes de apoyo y facilitación de procesos para organizaciones, grupos y comunidades en torno a la comunicación indígena y comunitaria.

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