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Iowa, ¿espejismo electoral?
La atención y la abundancia mediática que Iowa le daba a los candidatos, este año no existió. Pete Buttigieg gana, pero se queda sin uno de los beneficios más importantes de este triunfo, la cobertura.
Por Carlos Galina
5 de febrero, 2020
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El lunes inició la temporada de primarias en Estados Unidos con la primera elección en el estado de Iowa. Si bien estamos en el inicio de un proceso que conlleva 50 elecciones y 7 caucuses, en la historia política estadounidense las dos primarias más importantes tradicionalmente han sido Iowa y New Hampshire. En los últimos 20 años, los candidatos que han ganado Iowa y New Hampshire han terminado por obtener la candidatura de su partido a la presidencia de Estados Unidos. La importancia de estas dos elecciones, especialmente Iowa, recae entre otras cosas en que son las primeras y son interpretadas como un termómetro de los candidatos y el panorama electoral. Así, el ganador de Iowa, por el simple hecho de ganar, recibe días de cobertura en los medios, cientos de donaciones adicionales y muchos ciudadanos comienzan a considerar apoyarlo en otras primarias. Iowa es un constructor de percepciones y en una elección esto es lo más importante.

Sin embargo, este año el Partido Demócrata se quedó esperando la bonanza de Iowa ya que, el día de la elección, el sistema de reporte de votos se cayó. Un error en la aplicación utilizada para reportar los votos llevó al partido a proceder con un conteo manual que hasta el día de hoy continúa. Hasta ahora los demócratas han publicado el 71% de los resultados en los cuales Pete Buttigieg se posiciona por un margen muy cercano como el primer lugar, seguido de Bernie Sanders. Si bien, el conteo todavía no termina (ha pasado que el Partido se adelanta en anunciar resultados para semanas después retractarse en su conteo), es probable que Buttigieg sea el ganador. El exalcalde de South Bend y el primer candidato abiertamente homosexual es hoy por hoy el ganador de Iowa.

Muchos medios reportaron el triunfo de Buttigieg como un momento importante en la contienda demócrata, no obstante, no queda claro que esta elección sea similar a las anteriores. En primer lugar, lo más importante de la primaria de Iowa es la atención mediática y este año toda la atención del día después de la elección se centró en la caída del sistema. Hoy con un ganador anunciado, la atención está en el informe de gobierno que presentó Donald Trump ayer por la noche. Mañana la atención estará en el sentido de los votos del Senado en el juicio político al presidente. Así, la atención y la abundancia mediática que Iowa le daba a los candidatos este año no existió. Pete Buttigieg gana, pero se queda sin uno de los beneficios más importantes de este triunfo, la cobertura. En segundo lugar, con 11 candidatos luchando por obtener la candidatura, muchos esperaban que Iowa se convirtiera en el “filtro” de esta elección.

Históricamente, si a un candidato le va mal en las primeras primarias usualmente termina retirando su candidatura. Con los resultados de Iowa, esto no va a ocurrir porque no hay una narrativa clara de quién perdió y si en verdad importa. Finalmente, es importante recalcar que el votante de Iowa no refleja al grueso de la población estadounidense. Iowa es un estado “muy viejo y muy blanco” y los candidatos que ganan se han visto beneficiados más por la atención de los medios que por su atractivo entre el electorado. En el caso de Buttigieg, su apoyo reside exclusivamente en los votantes blancos, entre los afroamericanos (un grupo clave para el partido Demócrata) su apoyo es inexistente. Así, si bien el triunfo del exalcalde de South Bend es histórico, sería un error asumir que las “tendencias de siempre” se reflejan de la misma forma en esta elección. La realidad es que todas las monedas están en el aire y nadie sabe que va a suceder.

Hoy el Partido Demócrata tiene dos retos. Por un lado, en las siguientes semanas tendrá que construir una narrativa en la cual convenza a los ciudadanos estadounidenses que el caos de Iowa fue una excepción y que el Partido tiene la organización y capacidad para llevar a cabo una primaria y eventualmente administrar el país. Por otro lado, las últimas encuestas revelan que Trump hoy cuenta con un 49% de aprobación, el índice más alto de toda su presidencia. De la misma forma, su desaprobación no ha aumentado. Así, hoy Trump es un candidato que empieza a ganar fuerza entre su base y a defenderse electoralmente. Si los demócratas no logran ir más allá de sus divisiones internas y construir una narrativa nacional del riesgo en el que está la democracia estadounidense, le regalarán fácilmente a Trump cuatro años más en la Casa Blanca.

* Carlos Galina (@CharlieGalina) es internacionalista por el ITAM y becario Fulbright-García Robles. Actualmente estudia la maestría en Ciencia Política en The George Washington University. Su temas de interés es la intersección de los procesos políticos estadounidenses y la relación bilateral México-Estados Unidos.

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