close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Joe Biden: ¿La tercera es la vencida?
En estos 4 años el partido demócrata ha virado vigorosamente hacia la izquierda. La llegada de figuras como Alexandria Ocassio-Cortéz, Ilhan Omar, Elizabeth Warren y la suscripción formal de Sanders a este partido, hacen de Biden una figura demasiado moderada y anacrónica.
Por Saul Vazquez Torres
1 de junio, 2019
Comparte

En la mitología griega, cuando Sísifo cae finalmente al inframundo es castigado con cargar una pesada piedra cuesta arriba en una empinada colina. La tragedia es que siempre al estar a punto de llegar a la cima, éste resbala y la piedra cae, teniendo que empezar nuevamente. La constante búsqueda de Joseph Robinette Biden Jr, Joe para los cuates, recuerda mucho a la historia de Sísifo. Ya en dos ocasiones anteriores 1988 y 2008 se postuló y pareciera que cada 20 años decide volverlo a intentar, pues el pasado 25 de Abril, a través de un video en sus redes sociales, Biden anunció su intención de contender por la presidencia por tercera ocasión.

Mi generación conoció a Biden como este senador de larga carrera que se retiró de la contienda tras llegar en el quinto lugar en el Caucus de Iowa de 2008.El viejo vicepresidente que acompañó a Obama y cautivó a una generación de jóvenes protagonizando memes sobre su amistad y colaboración en la Oficina Oval. En cambio, no se es actor principal en la política estadounidense durante casi 50 años y está libre de controversias. ¿Quién es Joe Biden?

 

Biden fue electo al Senado con 29 años, apenas con una diferencia de días entre la elección y la toma de posesión para alcanzar la edad edad legal de 30. No obstante, su vida sería marcada de inmediato por la muerte de su esposa Neila y de su hija en un accidente de tránsito. De su primer matrimonio sobrevivieron sus hijos Joseph y Robert, lo que lo orilló a mantenerse en Wilmington, Delaware, en lugar de mudarse a Washington, a donde tomaba el tren durante su primera etapa como senador.

En El Desmoronamiento, ganador en 2013 del premio nacional al libro de no-ficción, el periodista George Packer explora de manera paralela esta etapa de la carrera de Biden. En ella ilustra cómo desde finales de los 70 Joe se preciaba de tener “madera de presidente”. Quizás no hay un mejor texto para comprender la primera caída de esa roca que es la sempiterna aspiración presidencial de Biden. Packer logra ilustrar de gran manera cómo a través de un operador financiero, Jeff Connaughton (quien años después escribiría un libro denunciando los problemas de la financiación en la política), la primera campaña de Biden logró ser un éxito en recaudación de fondos. El senador literalmente cobraba a sus contribuyentes 50,000 dólares por una cena en su casa en Connecticut. Sin embargo, lo que terminó por dinamitar esa primera campaña fue un escándalo referente al plagio de un discurso de un miembro de la cámara de los comunes en el Reino Unido. Conocido como el “Escándalo Kinnock”, aunado a los rumores de que había maquillado algunos detalles de su currículum académico, Biden se vio forzado a renunciar.

Tras su fracaso en el 88, retornó al Senado. Ahí logró cambiar su perfil de joven maravilla a puente interpartisano. Con éxito en 1991 apoyó la nominación del segundo afroamericano a la Suprema Corte de los Estados Unidos. El que fuera su éxito en ese entonces hoy lo persigue como un fantasma en la era del #MeToo. Este juez, Clarence Thomas, tenía una acusación de acoso sexual por parte de Anita Hill. Biden pidió disculpas a Hill como parte del lanzamiento de su campaña en 2020. Sin embargo Anita no las aceptó y dejó claro que Biden “no es mi candidato”. Este no es el único de sus éxitos pasados que hoy lo persiguen como críticas presentes, pues la prestigiosa revista Foreign Policy bien ha dicho que su registro en política exterior es demasiado cercano a los republicanos y episodios en los cuales negoció entre ambos partidos podrían costarle votos entre los electores demócratas hartos de la política exterior intervencionista de los Estados Unidos.

Su segunda caída carecería del empuje de la del 88. Su precandidatura fue desde el principio un desastre. Paradójicamente estaría marcada desde el arranque por Barack Obama, pues Biden hizo unos comentarios muy desafortunados sobre el entonces joven senador afroamericano. Nunca pudo escapar de este tema por más que lo intentó, además de que tras 20 años como negociador más que líder el 50% del electorado de las primarias en 2008 ni siquiera lo conocía. Tras esta segunda y más fuerte derrota, la suerte sonreía de manera extraña al Senador por Delaware, pues se coló a la lista de considerados por el ganador de las primarias para ser su compañero de fórmula. Biden finalmente llegaría a la Casa Blanca, pero no de la manera que él había proyectado años antes.

Describir la influencia de Joe Biden y su figura sólo durante la presidencia de Obama tal vez merecería un texto propio. Es digno de mención que en el supuesto de que el presidente hubiese dejado la presidencia, o de que ahora logre alzarse con la victoria, Biden habría sido el segundo presidente de fe católica después de John F. Kennedy. También es destacable su oposición a profundizar el involucramiento militar de Estados Unidos en Afganistán, batalla que perdió al interior del gabinete frente a Hillary Clinton; su postura incluso más progresista que la del presidente en temas de derechos de la comunidad LGBTTTI,  además de su cercanía histórica con las organizaciones sindicales, al grado que para 2020 ya el sindicato nacional de bomberos de los Estados Unidos se comprometió a ayudarlo en su campaña.

Para 2016 muchos esperaban la precandidatura de Biden. No obstante, en compañía del presidente, alegando falta de tiempo necesario para armar una campaña, Joseph declinó participar. Un año antes había muerto su hijo Beau, fuerte aspirante a la gubernatura de Delaware, en una segunda tragedia que marcó la vida de Biden. Es posible que su candidatura tan sólo hubiera roto a la dirigencia demócrata dividiendo los votos entre él y Clinton, quizás haciendo ganar a Bernie Sanders. Empero, nunca declaró apoyar a ninguno de los precandidatos de 2016 formalmente, se reunió con O’Malley y Sanders a petición de los mismos, y tan sólo apoyó a Clinton una vez que ésta tuvo la candidatura formalmente.

¿Fue esa la tercera y última caída de la piedra de Sísifo que carga Biden en su eterna lucha por la Casa Blanca? El articulista del Boston Globe, Niall Ferguson, se pregunta si Biden habría tenido la capacidad de ganar en 2016, con el aura de Obama y sin el desgaste de Clinton. En estos 4 años el partido demócrata ha virado vigorosamente hacia la izquierda. La llegada de figuras como Alexandria Ocassio-Cortéz, Ilhan Omar, Elizabeth Warren y la suscripción formal de Sanders a este partido, hacen de Biden una figura demasiado moderada y anacrónica.

Biden ahora se enfrenta a su propia acusación de acoso sexual. 7 mujeres han denunciado publicamente tocamientos inapropiados por parte de Biden. A pesar de todo esto, Biden aún tiene una ligera ventaja en las encuestas, pero la decisión está lejos de estar tomada. El analista político Ezra Klein llama a no echar a este puntero en saco roto, su candidatura es un llamado a regresar la política norteamericana “a la normalidad”, tras cuatro años en la política de la descalificación de Donald Trump. En su discurso de anuncio de esta tercera precandidatura, Biden dice que estos 4 años han sido excepcionalmente tormentosos, pero que reelegir a Trump sería “trastocar para siempre los principios democráticos de los EEUU”.

A fin de cuentas, los norteamericanos tendrán que decidir. ¿Quieren regresar a la política como era antes de Trump? Entonces Biden podría ser una opción, aunque no parece que sea el caso. El actual presidente logró presentar a su contrincante en 2016 como parte de una élite corrupta a la que había que cambiar. Para 2020, los demócratas no deberían permitirse presentar más de lo mismo, especialmente teniendo tantos rostros disruptivos que pueden representar un cambio sustantivo como lo son Buttigieg, Warren y Sanders. Más temprano que tarde veremos si la piedra de Sísifo vuelve a caer, o en un golpe de suerte logra vencer a la montaña y mostrar que sí, la tercera es la vencida.

* Saul Vazquez Torres es Internacionalista por el Tecnológico de Monterrey, consejero nacional del PRD e integrante de la Iniciativa Galileos.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.