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La anhelada reforma de paridad entre géneros
De poco podría valer un texto constitucional que ordena paridad laboral y pública si no preexiste igualdad en lo privado, democratización en las familias, una educación en la corresponsabilidad desde la infancia que renueve la concepción cultural mexicana conformada por prácticas machistas y patriarcales.
Por Gilda Ma. García Sotelo
12 de julio, 2019
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Querida damisela, cuántas veces no te has preguntado por ese sueño profesional que guardaste en algún resquicio. Quizás recuerdes que fue postergado por cuidar a los tuyos y por atender el hogar de tu familia. Un contundente mandato recientemente publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado 6 de junio consagró la obligación para que todas las instancias y poderes de gobierno se integren de forma paritaria entre hombres y mujeres, desde el nivel municipal hasta el federal.

En una primera lectura, parecer ser progresista y acorde con los derechos de igualdad. El quid de la cuestión radica en que una reforma normativa no debería limitarse a ser leída en abstracto, descontextualizada de la realidad. Es decir, la progresista reforma con la que amanecimos hace menos de un mes emerge en un contexto machista y de violencia en general, y en particular contra las mujeres, que se antoja difícil transformar de la noche a la mañana. La reforma confiere a las mujeres el acceso “en igualdad de condiciones que a los hombres” para participar en los espacios públicos, en la toma de decisiones del Estado. Desde luego parece un gran avance. Tan sólo surge una duda, ¿y “todo lo demás” que cultural y socialmente ha recaído en las mujeres, quién lo hará?

El Congreso de la Unión aprobó la reforma a los artículos 2, 4, 35, 41, 52, 53, 56, 94 y 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. La reforma anhela una sociedad democrática con amplia participación ciudadana, dentro de un Estado de Derecho con instituciones que contemplen transversalmente el enfoque de género en sus políticas. La paridad es un principio que impulsa la igualdad de género en espacios y ámbitos diversos de la vida. Parte del reconocimiento de la desigualdad de una mitad de la población frente a la otra mitad, es decir, de las mujeres frente a los hombres, lo cual hace necesario adoptar medidas que equiparen esas condiciones de desigualdad en la representación y administración de los Estados. Cuestiona la conformación androcéntrica y patriarcal que prevalece en nuestras instituciones públicas y órganos de gobierno. Por lo tanto lo que esta reforma busca es que en cuestión de un año se realicen las adecuaciones normativas necesarias para hacer realidad el principio de paridad. Señala que se irá haciendo mediante cambios progresivos en los concursos y nombramientos desde el interior por ejemplo, del poder judicial, de los partidos políticos, ayuntamientos, etc.

Ahora bien, lo que la reforma no dice, o peor aún, da por sentado, puede ser el punto ciego que obstaculice el anhelado fin de la paridad entre géneros. De poco podría valer un texto constitucional que ordena paridad laboral y pública si no preexiste igualdad en lo privado, democratización en las familias, una educación en la corresponsabilidad desde la infancia que renueve la concepción cultural mexicana conformada por prácticas machistas y patriarcales. El inmenso reto de la reforma es plantear una verdadera transformación integral. Se requiere un trabajo de tejido fino para lograr compatibilizar lo privado y lo público.

Un ejemplo: entre las adecuaciones normativas correspondientes se deberá alcanzar a instancias que en principio se creerían alejadas del tema, como la Secretaría de Educación Pública. La instancia responsable de las políticas públicas educativas en este país, atendiendo al principio de paridad, debe mandatar a todas las escuelas que las actividades que requieran participación familiar se realicen atendiendo a la conciliación de la vida laboral y familiar. En el mismo sentido que corresponsabilicen a las madres y a los padres del cuidado y atención de los hijos. ¿De qué sirve que la Constitución reconozca un derecho a la igualdad de oportunidades laborales, si el teléfono suena a media mañana preguntando por “la mamita de X” para avisar que debe asistir a la mañana siguiente, a las doce horas, para firmar reportes escolares?

Otro ejemplo: frente a las personas adultas mayores, el Estado mexicano brinda insuficientes servicios de salud y cuidado. Su responsabilidad se ciñe a entregarles pensiones lo cual los coloca bajo la protección de sus familias, recayendo primordialmente el cuidado en las mujeres. Las encuestas de uso del tiempo demuestran que las mujeres dedican a estas tareas entre 2 y 3 veces más tiempo que los hombres.1. ¿Cómo se balancearán estos “trabajos adicionales e invisibilizados” ahora que las mujeres puedan acceder en igualdad de condiciones que los hombres en el ámbito público laboral? Urgen políticas públicas que fomenten los cuidados por los propios hombres y que los haga corresponsables del afecto por parte de ellos hacia sus madres, parejas y hasta con sus suegras, como lo han hecho por siglos las mujeres, pero a la inversa.

Sin duda la reciente reforma constitucional es una oportunidad para transformar la desigualdad de género en este país a fin de romper los techos de cristal de muchas mujeres. Lo que no se puede asumir es que la misma se alcanzará sin una deconstrucción y una reedificación integral en los ordenamientos legales y en las políticas públicas que incidan también en lo privado.

* Gilda Ma. García Sotelo (@GildaMaGarSo) es Doctora en Derecho Internacional de los Derechos Humanos por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Licenciada en Educación por la Universidad Camilo José Cela. Realizó un máster en Acción Solidaria Internacional de Europa y Migraciones y una Especialización en Educación para la Solidaridad y el Desarrollo de la Universidad de Comillas, en Madrid, España. Ha trabajado en el sector público, privado y civil en distintos ámbitos de protección de los derechos humanos. Cofundadora del proyecto de difusión, sensibilización y defensa de derechos humanos Concordia. Es autora de libros y artículos sobre derechos humanos en general y en particular sobre derechos de la infancia, niñas soldados, derechos sobre igualdad de género, educación inclusiva, derechos de las personas con discapacidad entre otros.

 

1 Organización Internacional del Trabajo, Envejecimiento de la población: ¿Quién se encarga del cuidado?, Notas OIT, Trabajo y familia disponible aquí.

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