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La banalidad del mal en América
La banalidad del mal racionaliza y burocratiza a las persona sobre la violencia. Esto es, las insensibiliza, las hace irreflexivas y les evita preguntas éticas sobre su conducta: “¿es correcto esto que hago?”, “¿dañaré a alguien si actúo de acuerdo a tal o cual idea?”, “¿conviene a la comunidad y la sociedad ésta conducta”.
Por Roberto Garda Salas
16 de agosto, 2019
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A la memoria de las personas asesinadas en los tiroteos en Estados Unidos, víctimas de la banalidad del mal. Particularmente a la memoria de los paisanos que se les quitó la vida el 4 de Agosto del 2019 en El Paso, Texas

 

Banal.- Trivial, común, insustancial.

Mal.- 1. Malo. 2. Lo contrario al bien, lo que se aparta de lo lícito y honesto. 3. Daño u ofensa que alguien recibe en su persona o hacienda. 4. Desgracia, calamidad. 5. Enfermedad, dolencia.

RAE

 

Después de los hechos atroces del 4 de agosto en El Paso, Texas, en México la opinión pública ha buscado explicaciones sobre por qué un ciudadano estadounidense asesina tomando como “motivo” el origen étnico y una supuesta “invasión”. Si bien sabíamos del racismo norteamericano hacia las personas afrodescendientes, las de América Latina y de México en particular, estábamos lejos de imaginar que ocurrieran algo así. Por otro lado ya habíamos escuchado de los asesinatos en masa en centros escolares, iglesias o centros comerciales, pero nunca se sintió algo tan cercano como el de El Paso.

Algunos analistas señalan que se debe a la facilidad con que se accede a las armas en el país vecino. Otros indican que por el racismo de Donald Trump y la influencia de su discurso de odio en sus seguidores. También hay quien señala que se debe a los videojuegos o por el desequilibrio mental de quien lo perpetra. Finalmente hay quienes señalan que es por el nacionalismo estadounidense, los grupos extremistas y la discriminación y el racismo históricos en ese país. Como en todo fenómeno social estas explicaciones tocan algún aspecto del problema, aquí propongo articular los diversos puntos de vista para una comprensión más amplia de lo que ocurre, y para identificar aspectos que son pasados por alto en los análisis periodísticos y de corto plazo.

Armas, desigualdad y muerte de la palabra

Los tiroteos en Estados Unidos son noticia, pero “…not shocking news”. Esto es, no son noticias relevantes a decir de Stephe Marche, periodista que señala que las noticias de masacres coexisten con otras comunes sin mayor trascendencia. Para Guns and America, una asociación civil que busca hacer conciencia sobre el problema de las armas en la unión americana, la de El Paso fue el tiroteo número 249 solo en este año. Entonces, hablamos de sucesos regulares que no generan una conciencia en muchas personas ni acción preventiva en las instituciones del Estado. ¿Por qué ocurre esto?

Marche señala que alrededor de las armas hay dos culturas. La primera las celebra y exalta, y proclama el derecho a armarse como parte de la libertad a ultranza para mantener el individualismo; y la segunda cultura –que es más reciente- es de resistencia a ésta y consiste en personas que van de masacre en masacre por todo Estados Unidos solidarizándose con familiares de las víctimas en una “…caravana perpetua de duelo por una muerte sin sentido”. Para quienes sostienen la primera el arma es un tótem, algo cuasi sagrado al cual se le da un valor intrínseco que desplaza cualquier argumentación. “El simbolismo del arma es mucho más poderoso que cualquier discusión sobre política”.

Pero cuando el objeto venerado revela su contenido letal, la cultura armamentista lo niega y sus integrantes señalan que es el gobierno quien inventa esas situaciones para limitar la libertad de las personas a poseer el arma. Así la cultura del arma niega el asesinato de un ser querido y borra el hecho atroz de la memoria social. Con ello revictimiza a los familiares y construye un vacío y un silencio que raya en la locura. Debido a esto puede afirmarse que la cultura armamentista no usa el lenguaje, no lo requiere. Quienes conviven en los mercados y grupos de armas renuncian a la reflexión profunda y al diálogo porque convierten las palabras en balas. Sólo se expresan al disparar, y adquiere su verdadero sentido cuando lo es contra otro.

Sin embargo quienes pertenecen a estos grupos cuando hablan se expresan con insultos, prejuicios, odio y descalificaciones. Las palabras son usadas como balas contra quienes se considera diferentes porque dejan de ser personas. Ahora son “objetivos” (targets) y quien emite los insultos pasa a ser simbólicamente un arma dejando su condición humana. Tal es el caso del espacio 8chan de internet donde se anunciaron tiroteos y proclamaron manifiestos contra musulmanes, judíos y latinos que sí se ejecutaron. El de El Paso fue el tercero y proclamó como targets a los mexicanos y al joven de 21 años en el arma que portaba 1.

Pero esa negativa a hablar tiene un componente de clase social. Este silencio irreflexivo lleno de enojo es al parecer característico de la clase baja estadounidense de acuerdo a Tom Nichols, quien señala que la clase media y alta, culta, profesionista y especializada –posiblemente multirracial y liberal- ha relegado históricamente a este grupo social. Y éste la percibe como no “respetuosa” de sus argumentos basados en sentimientos, creencias populares y en el mejor de los casos en datos de Google o Wikipedia. Ante la argumentación científica e informada de temas como el uso de las armas, la inmigración, la salud y el medio ambiente, entre otros, la clase baja opta por ignorarla. El blanco de clase baja ante el médico hindú, o el ingeniero latino, o el especialista afroamericano evita toda conversación profunda. Ese silencio es una actitud precaria de superioridad racial fundamentado en la ignorancia.

Así, ignorar las consecuencias del uso de las armas es parte de una protesta por la desigualdad económica y social del país. El silencio indica polarización atizado por las armas y el blanco pobre no ve ni en la meritocracia ni en la democracia la vía para solucionar la desigualdad. Por eso cuando se adquiere un arma en Estados Unidos se debiera de incluir en el ticket del consumidor las consecuencias del objeto de culto que se ha adquirido. Una leyenda que dijera: “Al adquirir esta arma usted renuncia a su derecho a hablar, explicar o argumentar lo que siente y lo que piensa a través del uso de la palabra. Usted renuncia a la democracia deliberativa y apuesta por una armada, que no es democracia. Usted entra a un submundo que en este país no es una singularidad sino una regularidad aunque le diga lo contrario”.

De nazis, supremacistas y machos

Johann Chapoutot (2018) en su libro La revolución cultural nazi señala que las personas blancas con expresión nazista aspiraron a ser una corriente cultural popular que postulaba ideas opuestas a las de la Revolución Francesa de 1789. Ésta proponía la fraternidad y la igualdad entre los seres humanos, pero la filosofía nazi las rechazaba por considerar que el naturalismo “científico” de los siglos XVII, XVIII y XIX había demostrado que las razas tenían -como las especies de animales y plantas- una jerarquía, y ésta colocaba “…a los hombres blancos en lo más alto de la tabla…” (Chapoutot, 2018). Para los nazis la jerarquía implica superioridad donde unos dominan a otros que son cazados, por ello la convivencia fraterna e igualitaria es imposible, pues son desiguales.

Esta idea la presenta Hitler en Mi lucha, en el capítulo “La nacionalidad y la raza”, donde comenta que “La América del norte, cuya población se compone en su mayor parte de elementos germanos que se mezclaron sólo en mínima escala con los pueblos de color, racialmente inferiores, representan un mundo étnico y una civilización diferentes de lo que son los pueblos de la América Central y la de Sur, países en los cuales los emigrantes principalmente de origen latino se mezclaron en gran escala con los elementos aborígenes. Este solo ejemplo permite claramente darse cuenta del efecto producido por la mezcla de razas. El elemento germano de la América del norte, que racialmente conservó su pureza, se ha convertido en el señor del Continente americano y mantendrá esa posición mientras no caiga en la ignominia de mezclar su sangre”.

Pasajes e ideas como éstas han sido el sustento del supremacismo blanco de Estados Unidos2. Peter Hays Gries (2016) elaboró una encuesta para conocer la influencia de la política exterior en el voto de los conservadores y los liberales en 2016 (antes del ascenso de Trump) y encontró que en general los conservadores autodenominados como “WAPS” (White anglo-saxon protestant) sentía preocupación por su cultura debido a la inmigración mexicana. Los WAPS han apoyado a Trump en su fuerte agenda en la frontera con México. Le siguen en sus ideas más racistas, misóginas y fundamentalistas. Este grupo ha sido fortalecido por la llegada de católicos blancos y juntos se han beneficiado de la meritocracia liberal, que si bien ha permitido el acceso al poder de otros grupos raciales, no les ha restado ni ingreso, ni poder ni ha modificado sus valores fundamentales de blanquitud y superioridad (Heer, 2018)3.

Es la clase baja blanca enojada, los WAPS y católicos blancos antinmigrantes, donde las ideas nazis han encontrado tierra fértil para crear grupos raciales de odio. La asociación civil Southern Poverty Law Center los incluye en esta categoría si demuestran creencias o prácticas de ataque e insulto a personas por sus características raciales, culturales, etc. A estos pertenecen grupos como el Ku Klux Klan, neo-confederados, neonazis, skinhead racista, supremacistas masculinos (male supremacy), negacionistas del holocausto y movimientos de la identidad cristiana, entre otros.

Pero ni la cultura del arma, ni la clase, ni la raza explican todo. Pensando el fenómeno desde una perspectiva de género, la masculinidad justifica las relaciones jerárquicas entre las personas y en particular hacia las mujeres, también valora la no expresión del sentimiento de vulnerabilidad y la expresión del enojo y la ira. Asimismo, la masculinidad evita el ejercicio reflexivo sobre los actos y enaltece el uso de símbolos de poder como autos, bienes, mujeres y armas. A todo ello hay que sumarle que el machismo que expresa Donald Trump indudablemente se convierte en un modelo a seguir para los hombres de éstos grupos. Así nazismo y masculinidad se funden y retroalimentan. La mentalidad jerárquica surge para el racista en el color de la piel, y para el macho en la posesión del pene. Ambas diferencias naturales son imaginadas, pensadas y construidas en símbolos e íconos que justifican una supuesta “superioridad”.

Esto sintetiza la característica de los tiradores en masacres en Estados Unidos. Leigh Paterson (2019) señala que usualmente son hombres jóvenes y blancos con problemas laborales y psicológicos derivados de experiencias de abuso. Al parecer éstos se sienten agraviados no solo por haber vivido situaciones de maltrato en su familia y escuela, sino porque observan que las mujeres y las personas de otro origen étnico tienen acceso y ascenso al trabajo por méritos. Entonces al evaluarse observan que no han logrado una “masculinidad tradicionalmente valorada” centrada en la aceptación de pares y el éxito económico. En ese sentido asesinar a “otros” en masa es la prueba que se autoimponen para demostrarla (Peterson, 2019).

La masculinidad, el supremacismo y el nazismo son en realidad un circo para el espectador latino, el afrodescendiente, la mujer progresista, el miembro de la comunidad LGTTBI o el demócrata liberal. Uno con personajes letales, rutinas tragicómicas y espectáculos grotescos bañados de sangre. Un circo de terror que se extiende en América.

Eichman en América

Sabemos que una de las consecuencias de la ideología nazi en Europa fue establecer políticas de limpieza racial para garantizar la supuesta “superioridad” de la Alemania aria. El Holocausto y su horror fueron un medio para lograr ese fin; le llamaban “La solución final”. Cuando Zygmud Bauman (1997) estudió el Holocausto critica a sus colegas autodenominados como “expertos en cuestiones judías”, pues señalaban que este evento era algo exclusivamente judío y una anomalía en la modernidad que difícilmente se repetiría.

Bauman se da cuenta que fueron millones de alemanes quienes participaron en la máquina del Estado Nazi lo que llevó al asesinato de millones de judíos y otras personas. Plantea que eran “personas normales” quienes participaron en el genocidio, y que estaban organizadas en prácticas racionales, burocráticas y eficientes. Su primera conclusión era que el Holocausto siempre es una posibilidad en la modernidad porque éste no funciona ni con locos ni fanáticos, sino con gente fiel a una estructura burocrática que ofrece una racionalidad instrumental (en éste caso la que ofrece el Estado nazi). Señala que “…la idea del holocausto fue la cultura burocrática que nos incita a considerar la sociedad como un objeto a administrar, como una colección de distintos “problemas” a resolver, como una “naturaleza” que hay que “controlar”, “dominar”, “mejorar” o “remodelar”, como legítimo objeto de la “ingeniería social” y, en general como un jardín que hay que diseñar y conservar a la fuerza en la forma en que fue diseñado (la teoría de la jardinería divide la vegetación en dos grupos: “plantas cultivadas”, que se deben cuidar, y “malas hierbas”, que hay que eliminar” (Bauman, 1997). Y su segunda conclusión es que el exterminio es el resultado de obedecer esta racionalidad instrumental hecha para exterminar. La obediencia a ese mandato y la ausencia de una reflexión ética de parte de los ciudadanos alemanes es lo que le preocupa a Bauman no sólo en la II Guerra Mundial, sino en la modernidad en general.

En esta línea de ideas Haanah Arendt (2016) reflexiona al estudiar el caso de Adolf Eichman (teniente coronel de la SS nazis) cuando fue enjuiciado en Jerusalén por crímenes de Holocausto a mediados del siglo XX. Este personaje operó la transportación de miles de seres humanos al exterminio en los campos de concentración. Al ser interrogado, Eichman no demostraba culpa alguna por su participación en el Holocausto, ningún sentimiento de culpa o arrepentimiento, menos aún de solidaridad con las víctimas. En su defensa señalaba que él era eficiente en su trabajo, seguía lo que se le exigía sin ninguna reflexión sobre el aspecto ético o moral de su actuar.

Hannah Arendt señala que esa frialdad y racionalidad alejaba a Eichman del fanático de la SS, o del sujeto que se opone a éstos y lo colocaba como alguien que simplemente ejecutaba órdenes. La filósofa señala: “…Eichmann no era estúpido. Únicamente la pura y simple irreflexión -que en modo alguno podemos equiparar a la estupidez- fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo. Y si bien esto merece ser clasificado como «banalidad», e incluso puede parecer cómico, y ni siquiera con la mejor voluntad cabe atribuir a Eichmann diabólica profundidad, también es cierto que tampoco podemos decir que sea algo normal o común. […] En realidad, una de las lecciones que nos dio el proceso de Jerusalén fue que tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá, a la naturaleza humana”.

Para Hannah Arendt, Eichman era excepcional; para Zygmud Bauman, un personaje así es común. Para quien escribe estas líneas la banalidad inscrita en la dinámica racional y burocrática es algo totalmente vigente para comprender el odio de los extremismos de derecha de América y otros lugares en el mundo. Esta “racionalidad instrumental burocrática” y la “banalidad del mal” hablan no sólo de un nazi o un supremacista blanco; explican cómo piensa mucha gente que apoyó a Donald Trump, Jair Bolsonaro y otros políticos de ultraderecha que creen firmemente que el otro (inmigrante, homosexual, latino, mexicano, africano, etc) es su enemigo. De la misma forma en que al pueblo alemán no les importaba los campos de concentración nazi, a mucha gente que apoya a estos líderes no les interesa el daño que pueden causar a otros.

Pero esa misma indiferencia además se puede estar viviendo en México donde por más de 15 años se ha librado una guerra contra el narcotráfico. Y ante el dolor de familiares de miles de desaparecidos, tanto el gobierno como la gran mayoría de la población se han mostrado indiferentes. Así, el vínculo de miles con personas asesinadas en esta guerra como hijos, hijas, mujeres, padres, amigos, etc., desaparecidos o cruelmente asesinados, está en un punto muy bajo de empatía con el otro/a.

La banalidad del mal racionaliza y burocratiza a las persona sobre la violencia. Esto es, las insensibiliza, las hace irreflexivas y les evita preguntas éticas sobre su conducta: “¿Es correcto esto que hago?”. “¿Dañaré a alguien si actúo de acuerdo a tal o cual idea?”. “¿Conviene a la comunidad y la sociedad ésta conducta”. No es enfermedad mental, ni culpa de los videojuegos. Tampoco es por el odio. No, los supremacistas blancos pueden ser la SS de Donald Trump, pero sólo crecerán si la mayoría del pueblo americano banaliza sus masacres e ideología (y está pasando). Pero no es sólo en Estados Unidos, lo mismo puede ocurrir en México si la población es indiferente ante las atrocidades del crimen organizado y los crímenes de Estado, o si el pueblo brasileño no toman conciencia y se indigna y protesta contra el nazista que llevó al poder, o el pueblo argentino por el corrupto que ayudó a ascender (me refiero a Mauricio Macri que recién acaba de ser derrotado).

¿Por qué surge el apoyo a estas figuras? Porque el empleado y gente común recibe de éste el salario para que su familia sobreviva. Como al trabajador de Estados Unidos le preocupa su trabajo y a los burócratas de América Latina les preocupa sus salarios, apoyan a quienes les prometen mejorar esos aspectos. Pero es tiempo de que nosotros, el pueblo, pensemos diferente y no sólo con base al miedo de quedar sin trabajo o sin salario. Que comprendamos que no es de humanos cambiar pan por dignidad, y menos sacrificar a otras personas. Porque ese pan o ese bien que adquiero con el dinero está manchado de sangre. Es tiempo de comprender que la persistente desigualdad no se va a solucionar eliminando al otro, sino colaborando con él. Que es resultado de políticas neoliberales y no de los que como yo buscan sobrevivir. La gente deja de ser ciudadana cuando se convierte en súbdito de ideas nazis violentas y de miedos a quienes se ven distintos. El súbdito no sólo se vuelve indiferente ante la violencia y el mal que vive el otro, además participa profundizando los ritos macabros. Esto es lo que de los tiroteos tendría que preocuparnos no solo en Estados Unidos, sino en mundo.

* Roberto Garda es economista, con maestría en sociología de la UNAM, y candidato a Doctor por 17 Instituto de Estudios Críticos. Director de Hombres por la Equidad, A. C. ([email protected]).

 

Bibliografía

  • Arendt Hannah, Eichmann, en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, Lumen, 2016.
  • Aristegui noticias, “Aristegui En Vivo 07/08/19: el robo a Casa de Moneda; ¿qué fue de las máquinas San Román?; las cifras de la pobreza y más” en portal de noticias Aristegui Noticias, 7 de Agosto del 2019. Disponible aquí.
  • Bauman Zygmunt, Modernidad y holocausto, Sequitur, 1997.
  • Beirich Heidi y Buchanan Susy, “2017: The Year in Hate and Extremism”, en Southern Poverty Law Center (SPLC), 2017. Portal de la Asociación Civil. Disponible aquí.
  • Carrie Wong Julia, “8chan: the far-right website linked to the rise in hate crimes” en The Guardian, Agosto 2019. Disponible aquí.
  • Chapoutot Johann, La revolución cultural nazi, Alianza Editorial, España, 2018.
  • Excelsior, “Sí a las armas, no a los videojuegos: así las cosas en Estados Unidos”, en periódico Excelsior, 11 de agosto de 2019. Disponible aquí.
  • Excelsior, “Tiroteo en El Paso era contra mexicanos, confiesa detenido”, en periódico Excelsior, 9 de agosto de 2019. Disponible aquí.
  • González Luna Mauro, “Unas ideas matan, otras salvan la vida”, en Revista Proceso, 9 de Agosto del 2019. Disponible aquí.
  • Hitler, Adolfo, Mi lucha, Editorial Real del Catorce, España, 2014.
  • Heer Jeet, “The Death of the WASP Elite Is Greatly Exaggerated”, en The new republic, Dicie,mbre, 2018. Disponible aquí.
  • Leigh Paterson, “Many Mass Shooters Share A Common Bond: Male Grievance Culture” (2019) en Guns and America, Agosto, 2019. Disponible aquí.
  • Onu, “Ataque contra latinos en El Paso es un “acto terrorista”: ONU”, en periódico La Jornada, 5 de agosto de 2019. Disponible aquí.
  • Pérez Enrique, “8chan: así es el controvertido foro donde se engendró el tiroteo racista de El Paso y que hasta su creador está a favor del cierre”, en Xataka, agosto 2019. Disponible aquí.
  • Peter Hays Gries , “Defending a WASP America: Why Trump supporters fear immigration”, en Panoramas, Noviembre 2016. Disponible aquí.
  • Southern Poverty Law Center (SPLC). Disponible aquí.
  • Sthepe Marche, “Guns v grief: inside America’s deadliest cultural chasm”, en The Guardian, Febrero 2019. Disponible aquí.
  • Valdez AC, “The El Paso Shooting Is The 249th Mass Shooting Of 2019” en Guns and America, Agosto, 2019. Disponible aquí.

 

 

1 Pérez señala que “8chan es hogar teorías de conspiración, discursos de odio y promoción de la violencia […] se trata de un problema de educación, de los propios jóvenes blancos norteamericanos que entre ellos refuerzan este tipo de ideas y no se encuentran con una oposición suficiente fuerte entre sus usuarios. […] Un problema que no debería ser atribuido solo a lobos solitarios, sino a un ecosistema radicalizador que inspira estas masacres”.

2 Hitler habla posteriormente de los judíos, de hecho los ataca a lo largo de todo su texto. Felix comenta que a lo largo del libro pueden contarse al menos seiscientas “expresiones nacidas del odio” hacia ellos, y en ellos reproducía los prejuicios y estereotipos que en aquella época se decía de éste pueblo.

3 De hecho, estos fueron la base social de otros candidatos como Roy Moore en Alabama quien es “rabiosamente” anti-LGBT y quien sugirió que la esclavitud era buena para las familias (Beirich y Buchanan, 2017).

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