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La carta de Urzúa y el reto de persuadir con evidencia
En un contexto con baja institucionalidad y alta politización como el que estamos viviendo, no sólo necesitamos que la evidencia aporte información generada con alto rigor científico, sino también que dicha información sea comunicada de manera adecuada para que logre influir en la toma de decisiones.
Por Emil Salim Miyar
17 de julio, 2019
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La carta de renuncia del exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, pone de relieve un tema tan importante como controversial en la actual administración: las políticas públicas basadas en evidencia.

Sus palabras son muy claras: “Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o de izquierda”. Este fragmento no sólo hace un señalamiento de prácticas propias de la derecha del actual gobierno –como la austeridad llevada al extremo–, sino que ilustra el rechazo de la  administración de López Obrador por la corriente que promueve el uso de la evidencia en las decisiones públicas.

Para quienes nos preocupa que la evidencia no tenga lugar en el gobierno actual, esta coyuntura debe ser una oportunidad para replantearnos cómo comunicar mejor los hallazgos de la evidencia, y cómo persuadir de manera más efectiva al gobierno para que caiga en cuenta de los grandes beneficios que gobernar con evidencia puede traer para la población.

La evidencia es una herramienta que ofrece certidumbre en las decisiones públicas, pues ayuda a prever sus posibles consecuencias con base en hallazgos científicos. También permite trazar un camino seguro a partir de experiencias similares, realizadas en contextos comparables con resultados favorables.

La evidencia que informa las políticas públicas debe ser científica, neutral y, como dice Urzúa, “libre de todo extremismo”. Por ejemplo, hay evidencia de que aplicar medidas de austeridad cuando la economía se acerca a una recesión es, cuando menos, arriesgado. Las decisiones de política pública no deben sustentarse en juicios de valor, ocurrencias o voluntarismos, sino en cursos de acción que tengan expectativas de éxito comprobadas.

Sin embargo, sería ingenuo pensar que los gobiernos son o deberían ser organizaciones exclusivamente influidas por la evidencia científica. De ser así, viviríamos en la oligarquía de los expertos.

En cualquier contexto político, pero especialmente en uno democrático, el gobierno diseña políticas que están influidas por distintos actores y que responden a situaciones diversas. Algunos factores que determinan las acciones de gobierno son el contexto político, la situación de la economía nacional e internacional, los grupos de interés –como los sindicatos o los consejos empresariales–, los acuerdos previos (que limitan las acciones que se pueden tomar) y el capital político de los actores que impulsan o frenan proyectos.

En un contexto con baja institucionalidad y alta politización como el que estamos viviendo, no sólo necesitamos que la evidencia aporte información generada con alto rigor científico, sino también que dicha información sea comunicada de manera adecuada para que logre influir en la toma de decisiones.

Como explicó Giandomenico Majone, la evidencia es la pieza clave en un cuerpo argumentativo encaminado a persuadir. El trabajo de la evidencia no es únicamente demostrar, también debe convencer.

El actual gobierno expresa resistencia a toda forma de política pública que deje entrever en su lenguaje cualquier ápice de neoliberalismo. El presidente mismo ha manifestado su rechazo a la primera propuesta del Plan Nacional de Desarrollo que le presentó Urzúa, por considerar que su lenguaje era similar al que habrían propuesto figuras “neoliberales” de gobiernos pasados.

Esto ilustra que, si queremos una transformación profunda y sostenida, es importante trabajar en cómo comunicamos la evidencia para legitimar su uso en las políticas públicas. No basta con que la evidencia sea técnica y científicamente confiable. Es imprescindible que hable el lenguaje político del momento y que pueda comunicarse de manera estratégica y persuasiva.

* Emil Salim Miyar (@EmilSalimMiyar) es coordinador de capacitación de @CLEAR_LAC.

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