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La feminización de la búsqueda de las personas desaparecidas
En México, los contingentes de mujeres que buscan a sus esposos, hijos, hijas y demás familiares desaparecidos juegan un papel relevante en la escena política y fungen como actores claves para la vuelta a casa de sus familiares.
Por Paula Cuellar Cuellar
25 de octubre, 2019
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Para constatar que la pobreza es tanto una causa como una consecuencia de la desaparición de personas, el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD) ha llevado a cabo un estudio en las regiones del sur y del centro del estado de Veracruz con 87 familias. Así, para tales efectos, se aplicaron 87 encuestas y 77 respuestas provinieron de mujeres, es decir, el 89%. Esto refleja, de alguna manera, la “feminización de la búsqueda de las personas desaparecidas”. Este fenómeno, vale resaltar, no es propio de Veracruz en específico. En México, en general, sobresale la presencia de grandes contingentes de mujeres buscando a sus esposos, hijos, hijas, padres, madres, hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas y demás familiares víctimas del delito de desaparición perpetrada ya sea por agentes estatales o por particulares. Estas madres, esposas, hijas, abuelas, hermanas y tías, en otra época ajenas y distantes al activismo social, hoy juegan un papel preponderante en la escena política y fungen como actores claves para la vuelta a casa de sus familiares.

Remontándonos un poco al pasado reciente y a la historia latinoamericana en las tareas de búsqueda de las personas desaparecidas, es clave recordar como precursoras de estas iniciativas a las Madres de Plaza de Mayo. Esas mujeres, muchas de ellas amas de casa y ajenas a la esfera pública, decidieron desafiar públicamente al régimen represor argentino de la época, encabezado por Jorge Rafael Videla, para establecer la suerte y el paradero de sus hijos e hijas. Así, el 10 de diciembre de 1977, en el marco de la conmemoración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicaron un desplegado en el Diario La Nación en el que demandaban a la dictadura cívico militar conocer la verdad respecto al destino de sus familiares. En ese desplegado, las Madres de Plaza de Mayo abiertamente expresaban, entre otras situaciones, “saber si nuestros desaparecidos están vivos o muertos, y donde están”. En el mismo sentido, también es preciso resaltar la labor incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina, quienes no únicamente buscaban a sus hijos y a sus hijas desaparecidas, sino también a sus nietos y nietas víctimas de este delito. 

Igualmente, en otras latitudes de América Latina ha sobresalido esta característica. Así se tiene, por mencionar algunas, en El Salvador al Comité de Madres de Reos y Desaparecidos Políticos de El Salvador Monseñor Romero (COMADRES), en Perú a la Asociación Nacional de Familiares Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP), fundada por Angélica Mendoza de Ascarza, Teodosia Cuya Layme y Antonia Zaga Huaña, y en Chile a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, liderada por Sola Sierra, Viviana Díaz y Lorena Pizarro Sierra. 

Como sobrevivientes de la violencia en muchas ocasiones, las mujeres se convierten en las depositarias de la información y de la memoria. En ese sentido, buscar a sus familiares se vuelve frecuentemente una parte intrínseca de su ser. Esto no significa, claro, que los hombres no desempeñen labores de localización también. Sin embargo, llama poderosamente la atención el alto número de mujeres que llevan a cabo estas tareas no para reivindicar sus propios derechos, sino los de terceros que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, muchas veces al igual que ellas mismas. 

Y es que, generalmente, estas mujeres no están preparadas de antemano para enfrentarse al poder público o a la delincuencia organizada que les ha arrebatado a sus familiares. Al dar inicio a su peregrinaje, éstas deben abandonar los roles tradicionales de género que les han sido impuestos por la sociedad en la esfera privada y lanzarse a la esfera pública de lleno, sin ninguna formación previa que las prepare para ello. Así, muchas de ellas, amas de casa, se convierten de la noche a la mañana en abogadas, forenses, peritas, psicólogas, entre otras especialidades, ya que, al ser sacudidas por una realidad ominosa, se ven obligadas a ocupar papeles que en la mayoría de las sociedades desempeñan los hombres. Para muchas mujeres, vale resaltar, estas labores implican ingresar a la esfera pública por primera vez en su vida. Por ejemplo, de la muestra recogida en Veracruz, 49 de las mujeres encuestadas se dedican a las labores del hogar. Del resto, algunas de ellas son vendedoras por catálogo, vendedoras de ropa usada, vendedoras de diferentes artículos para el hogar y un porcentaje menor son profesionistas.

Esta feminización de la búsqueda de personas desaparecidas cobra mayor relevancia cuando esta realidad se confronta con las condiciones socioeconómicas de quienes llevan a cabo estas labores. Esto se debe a que, según la Relatora Especial sobre la Extrema Pobreza y los Derechos Humanos, “las mujeres que viven en la pobreza experimentan dificultades particulares para acceder a los mecanismos de justicia, así como para hacer que se las reconozca y proteja desde el punto de vista judicial y se emprendan acciones contra la delincuencia, la discriminación o las violaciones de los derechos humanos de que son víctimas de una manera desproporcionada”.

De las 87 encuestas aplicadas en este estudio, 78 familias se encuentran en condición de pobreza si tomamos el dato del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Según esta entidad, una familia de cuatro personas es pobre si su ingreso mensual es inferior a 11,290.80 pesos. De las restantes 9 que señalaron que sus ingresos eran superiores al monto mencionado o que no contestaron, 3 de estas personas son hombres, lo que nos refleja que la mayoría de las mujeres que buscan no cuentan con mayores recursos económicos para llevar a cabo esa tarea.  

La búsqueda de las personas desaparecidas en México y América Latina ha tenido y tiene hasta la fecha rostro de mujer. “Adornadas y alegres por fuera, aunque por dentro con los corazones quebrados y lleno de dolor”, tal como lo expresaron en un taller en Xalapa, Veracruz, estas mujeres seguirán buscando incansablemente a sus familiares.

* Paula Cuellar Cuellar es investigadora del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (@IMDHyD)

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