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Huelga en la UAM: burocracias sindicales y despojo
Es urgente que los sindicatos universitarios replanteen las formas de lucha por sus derechos, que no deben implicar el cierre de las instalaciones y la interrupción de los valiosos servicios que las universidades públicas, financiadas con dinero de los contribuyentes, prestan a la sociedad.
Por Blog Invitado
7 de marzo, 2019
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Por: Yolanda Cristina Massieu Trigo

La huelga de la UAM ya tiene más de un mes de duración, sin que se vea solución ante la rigidez de las demandas del SITUAM y de la propuesta de las autoridades universitarias. Desde la parte sindical, se insiste en ejercer el derecho de huelga como si la universidad fuera una fábrica que produce artículos que generan ganancias para una empresa, y no una institución pública que brinda servicio a la sociedad. Lo único que cuenta es conseguir un aumento salarial para los trabajadores y plazas para personal sindicalizado, sin consideración para los derechos de terceros que se afectan, especialmente los de los estudiantes. La UAM genera conocimientos relevantes para la sociedad a través de la investigación, función interrumpida en este momento. El servicio a la comunidad tampoco puede cumplirse, por ejemplo, más 1,500 consultas odontólogicas gratuitas que no se han dado. Tampoco hay difusión de la cultura y del conocimiento, como lo muestra la cancelación de la participación de la universidad en la Feria Internacional del Libro de Minería. Hay quebranto económico de los 9,000 trabajadores a quienes no se les paga su salario durante el conflicto.

Es urgente que los sindicatos universitarios replanteen las formas de lucha por sus derechos, que no deben implicar el cierre de las instalaciones y la interrupción de los valiosos servicios que las universidades públicas, financiadas con dinero de los contribuyentes, prestan a la sociedad.  Ejercer el derecho de huelga como lo hace el SITUAM se parece más a un despojo de las condiciones laborales de los trabajadores académicos y administrativos y del acceso a la educación de los alumnos, y un chantaje para obtener prebendas de una institución que funciona con escasez de recursos públicos, afectando derechos de terceros.

La mayoría de los académicos estamos ausentes del SITUAM, que ya sólo nominalmente es un sindicato mixto, los problemas laborales de estos trabajadores no están en las demandas de la huelga, y la mayor parte de los profesores (que no están sindicalizados) no respaldan la suspensión de las labores. La huelga se votó por el antidemocrático método de delegados, de manera que 247 personas decidieron por una comunidad de casi 60,000 estudiantes y 9,000 trabajadores. Los llamados anteriores de académicos para decidir las huelgas por voto universal y secreto han sido reiteradamente ignorados por el SITUAM. Hay una propuesta justa de las autoridades, si bien insuficiente, para los profesores de medio tiempo y tiempo parcial, que padecen de un trabajo precario y carencia de muchos derechos.

Más de cien profesores, a raíz de la huelga más reciente del SITUAM (hace 11 años) formamos un sindicato de trabajadores académicos, el cual no ha podido crecer por la baja participación y el bloqueo tanto de autoridades como del sindicato “mixto”. Los académicos percibimos de manera más clara que la universidad pública genera conocimientos y forma cuadros de nivel superior y posgrado que deben ser útiles a la sociedad. Muchos hemos sido funcionarios universitarios y después regresamos a la docencia y la investigación, sin esa distancia que marca el SITUAM entre la “patronal” y los trabajadores.

Por parte de las autoridades se ha formado un sector privilegiado en Rectoría General y en las unidades, con compensaciones y bonos, mientras que los académicos de base pueden acceder a ingresos altos sólo si son evaluados aprobatoriamente por múltiples instancias internas y externas. Por ejemplo, el Rector General cobra su sueldo como tal durante dos años después de dejar el cargo. En esta huelga se evidencian estas desigualdades, y aparece reiteradamente en las negociaciones y los documentos del SITUAM la demanda de supervisar el presupuesto de la institución, sin mencionar que dicha organización laboral ejerce sus recursos con total opacidad. Por ejemplo, ahora mismo no hay rendición de cuentas pública y transparente de cómo se gasta el fondo de resistencia durante el conflicto, además de las múltiples evidencias de fraudes que se han hecho con impunidad.

Ante este complejo escenario, es necesaria más que nunca la mayor participación posible de la comunidad universitaria (trabajadores académicos y administrativos, estudiantes) para lograr el levantamiento de la huelga en condiciones justas y regresar a una UAM abierta al tiempo y la sociedad.

 

* Yolanda Cristina Massieu Trigo tiene Doctorado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, con la especialidad de Economía Agrícola, Maestría en Sociología Rural por la Universidad Autónoma Chapingo y licenciatura en Medicina Veterinaria y Zootecnia por la Universidad Autónoma Metropolitana -Xochimilco.

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