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La incertidumbre del teterete: Río Pachiñe dos años después del sismo
En Río Pachiñe no fue solo una casa lo que se cayó, sino toda una vida, y los temores de volver a vivir la misma situación de hace dos años siguen presentes porque sienten y ven que no viven encima de una tierra segura.
Por Susana Vázquez Vidal
7 de septiembre, 2019
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Cuando Don Beto era niño ―ahora ya casi llega a los 70 años― una de sus diversiones era molestar a los teteretes1 que abundaban por la zona: “los agarrábamos de tiro al blanco con piedras”. El teterete, toloque o pasa ríos era una presencia tan habitual que la comunidad de Don Beto, Río Pachiñe, lleva su nombre. Don Beto cuenta que “el río era dueño de los animalitos aquellos (…) päächs en ayuuk -o mixe- significa teterete y ñëë, agua”, lo que en español derivó en Río Pachiñe.

De los teteretes ya casi nadie se acuerda, cada vez son una presencia más rara por la contaminación de los ríos. Al igual que los päächs, la comunidad ayuuk donde vive Don Beto, perteneciente al municipio de San Juan Guichicovi, luego de los sismos de septiembre del 2017 quedó como un nombre lejano para las autoridades municipales, estatales y federales. Dos años después, la incertidumbre sobre el suelo y la inseguridad de los habitantes de la colonia Juan, la más afectada de Río Pachiñe, quedaron latentes.

En la colonia Juan, donde viven aproximadamente 264 personas, 41 viviendas sufrieron pérdida total, 18 tuvieron grietas severas y 22 parciales. Su historia de post-desastre transcurrió casi de la misma manera a la de tantos lugares en México que una y otra vez son trastocados por alguna fuerza de la naturaleza: ocurren los hechos, estancia en albergues, regreso al sitio donde una vez hubo un hogar a reconstruir o a reubicarse en otros espacios.

Lo diferente es que dos años después, algunos de los habitantes de la colonia Juan no han construido sus casas porque tanto las viviendas como el suelo sufrieron afectaciones. Durante un tiempo las grietas en la tierra eran visibles. Aunque ya la mayoría están ocultas, no es una señal de que el suelo haya sanado; así lo han confirmado dos estudios: un primero hecho por el geógrafo Raymundo Lucero Vázquez, especialista en ordenamiento territorial del Colegio de Ingenieros Civiles de México, y un segundo realizado por el Ingeniero Juan Miguel Morales Díaz perteneciente a la Coordinación Estatal de Protección Civil de Oaxaca. En estos momentos la comunidad está en espera de los resultados de un tercer estudio encabezado por la Dra. Rosalba Pérez Gutiérrez, geóloga y profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de Guerrero.

Criselva Juan Santiago es una de las mujeres que no ha podido reedificar su casa por la incertidumbre de hacerlo en una zona dañada y que luego con otro sismo vuelva a pasar por la misma pérdida. Ella prefirió esperar a tener una certeza, pero ya su tarjeta del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) fue cancelada al no construir, y solo alcanzó a comprar unos pocos materiales.

A pesar de que tenían los dictámenes que explicaban las irregularidades del suelo, personas de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) pasaban a cada rato a presionar para que construyeran. Así lo cuenta Estéfana Juan Francisco, artesana de la comunidad (se dedica al bordado de huipiles), quien construyó su casa por tanto énfasis de SEDATU.

Los estudios hechos hasta el momento fueron realizados por la presión y gestión que el Comité de Reconstrucción de Río Pachiñe y Nääxwiin hicieron ante las autoridades y por la colaboración con otras organizaciones. Como desde el inicio no hubo respuesta de la autoridad local y municipal, fue necesario organizarse para buscar la ayuda que se necesitaba. Criselva, tesorera del Comité, narra que “… Cuando sucedió lo del sismo incluso llegó el gobernador, vino, caminó en esta colonia, vio la situación, cómo se encontraba, y nomás lo ocupó para tomarse la foto; fue una burla que él hizo y no es justo. No es justo porque sí nos duele, nos lastimó porque él prometió muchas cosas y aún no las cumplió…”.

Si no te organizas, el gobierno se olvida de ti

Nääxwiin es una asociación civil de mujeres indígenas mixes que tiene su sede en Matías Romero, Oaxaca. Desde su creación hace casi 20 años ha enfocado su trabajo en los derechos de las mujeres indígenas y la violencia de género. Cuando los sismos de septiembre del 2017 decidieron hacer algo para apoyar a las comunidades afectadas. Así fue como llegaron y se quedaron en Río Pachiñe, por ser la que sufrió los más severos daños de toda la región en la que trabajan. Como kunääx (gente mixe) han trabajado en colaboración con los habitantes de la colonia Juan para ayudarlos a levantarse ante la desatención que han vivido por los diferentes niveles de gobierno: “… Yo creo que lo que pasó con Nääxwiin fue la unión entre paisanos, desde un principio, yo creo que eso fue lo que nos enlazó (…) Ellas realmente se comprometieron, vieron la problemática, vieron la intensidad de lo que está, sabían lo que se tenía que aportar”, comenta Edgar, presidente del Comité.

El problema que vieron desde el inicio es que reconstruir no se trata solo de levantar una casa, sino de atender de manera integral diferentes procesos y daños que no se solucionan con entregar recursos e irse. De ahí la atención psicológica que Nääxwiin ha brindado en la comunidad mediante terapias, porque como comenta María Luz Figueroa Ramón, integrante de esta organización, “no fue solo una casa lo que se cayó, sino toda una vida”. Los temores de volver a vivir la misma situación de hace dos años siguen presentes porque sienten y ven que no viven encima de una tierra segura, por eso Criselva dice que “cuando está el trueno, ya no sé si es el trueno o es el temblor, pero sí retumba muy feo, se siente feo”. Por su parte, Don Beto a veces siente que la tierra está temblando, “pero soy yo que tiemblo por dentro porque no sé qué se me quedó”.

Otro aspecto que han trabajado es la recuperación económica, pues entre el tiempo que pasaron en el albergue y las tareas de reconstrucción de viviendas, las personas prácticamente abandonaron el campo, y las mujeres perdieron sus cocinas de leña ubicadas afuera de sus casas. Cuando el gobierno hizo el censo en la colonia Juan de Río Pachiñe no tomó en cuenta las cocinas como parte de las infraestructuras dañadas. Según el censo realizado por el propio Comité de Reconstrucción y Nääxwiin, campesinos, amas de casa, artesanas y totoperas estuvieron dentro de los más afectados.

Para reactivar la economía familiar Nääxwiin promueve la construcción de estufas ahorradoras de leña de tres hornillas, con lo que se optimiza el tiempo de las mujeres, se cuida su salud, porque no respiran directamente el humo de la cocina al tener chimeneas, y consumen menos leña ―con solo 5 o 6 pedazos pequeños alcanza para cocinar todo el día―. También ha intervenido en la reconstrucción de hornos de totopos y ha ayudado a las mujeres artesanas mediante el apoyo con telas, hilos y aros para que puedan crear sus bordados y costuras.

La información es otro de los aspectos centrales dentro del plan desarrollado por Nääxwiin y el Comité en la comunidad. Divulgar, mediante folletos, la situación de la colonia ―lo que hasta el momento se ha hecho y lo que falta― es una forma también de exigir derechos y sensibilizar a las personas sobre las condiciones creadas después de los sismos de septiembre del 2017.

En este mismo sentido ha ido el énfasis que han puesto en los estudios del suelo, pues mientras no tengan la certeza de las condiciones idóneas de la tierra no pueden construir. El problema de los dos estudios anteriores es que no reflejan un análisis detallado del suelo mediante equipos especializados, por lo que no resultan útiles para ofrecer un dictamen oficial. Por eso ahora, mediante la coordinación entre Nääxwiin y el Comité de Reconstrucción, la autoridad de la comunidad Marcelino Santiago Jacobo firmó un oficio para gestionar la visita de un equipo de geólogos e ingenieros civiles de Guerrero, encabezados por la Dra. Rosalba Pérez Gutiérrez, con experiencia en el trabajo en comunidades afectadas por deslizamiento de tierra y actividad sísmica.

Durante los dos días que estuvieron en la colonia Juan hicieron observaciones en cortes de suelo visibles en diferentes partes de la zona y tomaron medidas en distintos niveles topográficos. La observación directa estuvo acompañada por la medición de la resistencia del suelo mediante un penetrómetro de origen francés, PANDA (Pénétromètre Autonome Numérique Dynamique Assisté).

Aunque todavía falta analizar los datos generados en el recorrido, la Dra. Rosalba comentó que “El riesgo ya quedó, por ejemplo, cuando pasa un sismo es como si se rompiera un hueso. Nosotros sabemos que a pesar de que se nos ponga yeso, se nos cuide mucho durante un tratamiento, el hueso ya está sentido, hay una debilidad que se generó, es exactamente lo mismo. El sismo se genera por una falla geológica y eso implica que lo que se rompe es la corteza y esa cicatriz, queda ahí, por decirlo de alguna manera, o esa lesión. En caso de que ocurra otro sismo, o por agua muy intensa, esa herida puede volverse más grave, por decirlo de alguna manera. Puede formarse otra secuencia de estructura, que a la larga lo que puede hacer es formar daños iguales o a veces hasta mayores (…) Nosotros manejamos el término coloquial de decir el suelo o la tierra ya está sentida. Entonces cualquier evento posterior a ahora puede magnificar los daños”.

La fractura creada en la tierra también fue propiciada por la propia composición del suelo en la colonia Juan, que según la Dra. Rosalba Pérez no tiene una buena cohesión. En la observación directa de los cortes de suelo observó una secuencia de material compuesto por arenas y arcillas, que no tienen una compactación, lo que genera poros que filtran el agua y el aire. “El hecho de que haya poros implica huecos y los huecos pueden estar vacíos. Entonces cuando nosotros ponemos carga sobre ellos, o en el caso de un sismo tenemos el paso de la energía a través de los granos, podemos tener problemas. En cuanto al transporte, en este caso de una onda sísmica, tenemos lo que se llama una amplificación y en el caso de que le pongamos peso, simplemente estamos haciendo que se comprima el material de alguna manera extraordinaria”.

En la colonia Juan de Río Pachiñe “las casas no se agrietaron, las casas colapsaron completamente”, algo que Edgar ve como un indicio de la situación del suelo. La experiencia de los habitantes de esta comunidad mixe ha mostrado, por las historias que narra Rubicelia Cayetano Pesado, presidenta de Nääxwiin, que “si no te organizas, el gobierno se olvida de ti, es como si no existieras (…) Gracias al trabajo coordinado del Comité, las autoridades han volteado a ver a Río Pachiñe, si no, Río Pachiñe estaría olvidado (…)”.

Si alguien llega en estos momentos a la colonia Juan en Río Pachiñe puede que no note nada extraordinario en cuanto a devastación creada por un sismo de magnitud 8.2 hace dos años; ya las personas, de alguna u otra manera se han levantado. Pero la incertidumbre e inseguridad están bajo tierra y en la cotidianidad de las personas que cuando arrecia la lluvia piensan en qué pasará con ellos. La colonia Juan necesita aún muchas manos para levantarse y así impedir que su historia termine olvidada como la del teterete.

* Susana Vázquez Vidal es Doctorante en CIESAS Occidente.

 

1 Nombre con el que se conoce en México al Basiliscus basiliscus, lagarto que corre por la superficie del agua.

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