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La marcha y el movimiento
Un repaso de lo que fue el movimiento que propició la Marcha del Orgullo que todos los años viste de colores, de formas de ser y de una inmensa y festiva diversidad a la Ciudad de México (la misma que se nutre de contingentes provenientes de todas partes del país), sin la cual no se entenderían los últimos pasos dados, esos que abarcan desde las contemporáneas propuestas presidenciales hasta las luchas de grupos e individuos desde sus nada mediáticos contextos desde hace décadas.
Por Blog Invitado
25 de junio, 2016
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Por: Roberto Rueda Monreal

El objetivo del presente texto es humilde, pues sólo pretende hacer un muy resumido repaso de lo que fue el movimiento que propició la Marcha del Orgullo que todos los años viste de colores, de formas de ser y de una inmensa y festiva diversidad a la Ciudad de México (la misma que se nutre de contingentes provenientes de todas partes del país), sin la cual no se entenderían los últimos pasos dados, esos que abarcan desde las contemporáneas propuestas presidenciales hasta las luchas de grupos e individuos desde sus nada mediáticos contextos desde hace décadas.

Hace mucho tiempo

Desde antes de 1968, ya existían grupos muy aislados de personas que, así, justamente desde su aislamiento, reflexionaban sobre la necesidad de sacar a la luz su estilo de vida y de poner a la sexualidad humana como un tema importante para el país. Pero no fue sino en una marcha ese mismo año en la Ciudad de México, para protestar por la matanza estudiantil recién ocurrida, que un pequeñísimo contingente de homosexuales se atrevió a hacerse visible. Decir esto hoy en día parece una nimiedad, pero para la época no lo fue en absoluto. Todo lo contrario.

De este histórico y extremadamente valiente grupito surgió un grupo más amplio, esta vez particularmente organizado, que saldría cual marcha a las calles en 1979 para gritar fuerte y claro “sí, existimos, estamos aquí, y sí, somos homosexuales”. El pequeño grupo a la postre se dividiría en dos, uno llamado Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) y el Grupo Lambda de Liberación Homosexual.

Las lesbianas

Es en 1975 cuando, por primera vez, la palabra lesbiana aparece en un diario de circulación nacional. El Excélsior cubría una nota a propósito de la Tribuna Internacional de la Mujer, organizada en la Ciudad de México, en donde una joven australiana había tomado la palabra proponiendo que se discutiera en la mesa “el derecho de las mujeres al lesbianismo (sic)”.

El contexto era propicio, pues ese año también se había organizado en nuestro país el 4to. Congreso Mundial de Sexología y el Grupo Lambda participó enviando un documento en donde denunciaba la represión del sistema no sólo en el sentido político, ese que institucionalizaba toda una Revolución, sino denunciando la institucionalización de la heterosexualidad misma.

Las feministas heterosexuales no apoyaron a las homosexuales en dicho evento, así que las lesbianas refuerzan su activismo al incorporarse al Frente Nacional para la Liberación de las Mujeres y al Frente Nacional contra la Represión; se dedican a abrir el debate sexual en sindicatos (SITUAM, STUNAM) y en partidos políticos (PRT y PCM). Se establecieron lazos con otros movimientos así como ciertas relaciones con algunos medios de comunicación, sin dejar de fortalecer el trabajo organizado que cada año mejoraba la organización de la Marcha del Orgullo.

En 1982 surgió un Comité de Lesbianas y Homosexuales que apoyó la candidatura de Rosario Ibarra de Piedra. Año difícil en términos económicos y de poca apertura hacia el desarrollo y los vientos de cambio, 1982 sería el año en el cual el movimiento comenzaría a desdibujarse. Había personajes y corrientes cuya confrontación comenzó a dar visos de abierta división. No obstante, grupos de lesbianas reforzaron por su lado la influencia de su discurso aprovechando los puentes tendidos y su contacto con feministas latinoamericanas.

Contra todo pronóstico, es tal la contundencia de su trabajo que en 1987 se realiza en México el Primer Encuentro de Lesbianas Latinoamericanas y del Caribe. ¿Resultado? La Coordinadora Nacional de Lesbianas Feministas, es decir, las primeras mujeres abiertamente defensoras de la libre opción sexual en 1990.

La voz mexicana es de lesbiana

El movimiento lésbico-feminista adquiere una relevancia mundial y su eco retumbará en eventos de gran envergadura como la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena en 1993, en la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo en El Cairo en 1994 y en la Conferencia Mundial sobre las Mujeres en Pekín en 1995, al poner en casi todas las discusiones los derechos sexuales como un tema fundamental.

Integrantes del movimiento LGBTTTI iluminaron el Ángel de la Indepencia con los colores de la bandera del movimiento, como parte de la celebración de la XXXVII marcha del orgullo gay. // Foto: Saúl López / Cuartoscuro.com

Integrantes del movimiento LGBTTTI iluminaron el Ángel de la Indepencia con los colores de la bandera del movimiento, como parte de la celebración de la XXXVII marcha del orgullo gay. // Foto: Saúl López / Cuartoscuro.com

¿Putos o gays?

Ya hemos mencionado a los dos grupos más importantes que surgieron y, al igual que muchos otros grupos de activistas de otros movimientos que luchaban por temas diversos, el de la liberación homosexual no estuvo exento de sufrir grandes divisiones como resultado de la inevitable influencia de la entonces llamada Guerra Fría.

Así, la vanguardia homosexual cayó en una división y en una cadena de discusiones eternas que hicieron que perdiera de vista su verdadero objetivo, por un lado, y por el otro, que la llevara a ahondar en diferencias de estrategia y planteamiento políticosociales entre sus líderes más representativos.

El FHAR y Lambda sencillamente se fracturaron. El primero se colocó en el ala radical, de corte marxista, y el segundo en el ala más moderada. Ambos trabajaron con células y comités que arrojaron organizaciones civiles importantes. Del FHAR salió el Colectivo Sol, grupo de lucha contra el sida. El Condomóvil es el vochito que surgió de ese Colectivo, y en la actualidad representa a una asociación que no sólo reparte condones sino que también realiza pruebas rápidas de detección de VIH e imparte talleres de educación sexual.

Cálamo, por su parte, es la primera asociación civil registrada abiertamente homosexual en la historia de México. Y esta surgió del Grupo Lambda.

En fin, que estos grupos se enfrascaron en enfrentamientos y debates que, de cualquier modo, siempre trataban de responder a la misma pregunta: ¿cómo debía ser la liberación homosexual mexicana?

El FHAR decía que “las locas” debían de ser eso, unas locas (siempre hombres, acá no cabían las mujeres) cuyo aspecto de obrero travesti retador y demoledor debía ser la norma, de lo contrario los homosexuales se estarían avergonzando de sí mismos. Serían algo así como unos homófobos por no vestirse de mujer en plan “¡A güevo, soy puto! ¡Y qué! ¿Qué me ves? ¿Algún pedo, cabrón?” Mientras que para Lambda no existía sólo una forma de ser homosexual y la homosexualidad no sólo era masculina, por lo que las manifestaciones de esa preferencia podían ser muy diversas y diferentes entre sí.

Al final, el debate bajó mucho de nivel hasta concentrarse, por ejemplo, en ver qué tan verdaderamente radical o qué tan burgués se era. Los personajes del movimiento, intelectuales o no, se confrontaban un día sí y el otro también por el mundo de la jotería, por esa forma de abordar y categorizar la realidad entera en femenino, todo el tiempo. Los que se quedaban en esa realidad se radicalizaban, y los que no, se invisibilizaban, todo, sin dejar de criticarse mutuamente.

La salida del clóset, tema vital de entonces, por ejemplo, y su gran importancia para una verdadera liberación (remember Milk) quedó pues a la deriva.

El VIH y el movimiento

Una de las principales consignas callejeras de este peculiar movimiento de liberación de la sexualidad humana fue el inalienable derecho al placer.

A diferencia de otros movimientos de liberación homosexual en el mundo, la defensa del orgasmo como un derecho fundamental era la síntesis de todo un planteamiento político del mexicano. Fueron innumerables las acciones que se llevaron a cabo para hablar al respecto. Ya se estaba profundizando medianamente en el tema cuando, sin mediar palabra, apareció en el panorama el VIH en 1980. Y al igual que otras epidemias en otras épocas en el mundo entero, esta dio pie para que los sectores más conservadores y atrasados condenaran esa lucha “promiscua y pecaminosa” por el mal llamado, cochino y maldito placer.

Incluso la ciencia se subió al tren de la condena social llamando de botepronto a la epidemia, así, sin ninguna justificación científica concreta y seriamente publicada, “la pandemia rosa”, pues afirmaron que todas las víctimas mortales hasta entonces eran homosexuales. Y si esto ocurrió entre la comunidad científica…

Todos los sectores, todos los grupos, todo mundo le entró a la fiesta de la sidificación de la homosexualidad. Tal vez por eso, quien no se llamara, se identificara o se asumiera a sí mismo como homosexual se permitió todo y de todo, y la proliferación del VIH a partir de entonces experimentó un crecimiento brutal.

Miles de hombres homosexuales, sobre todo, sucumbieron ante la infección e irónicamente la vanguardia del movimiento de liberación se vio obligada a dejar a un lado sus diferencias ideológicas y de estrategia para aglutinarse en función del nuevo enemigo. De hecho, fue así, en medio del total abandono institucional y con la discriminación más feroz y exacerbada que se recuerde, como los homosexuales mexicanos se embarcaron en una lucha sin tregua.

Fue así que grupos como Cálamo y AVE ampliaron su visión más allá del activismo político ofreciendo los primeros talleres de sexualidad protegida. De hecho, de Cálamo surgieron los primeros trípticos mexicanos en donde se explicaba cómo ponerse correctamente un condón.

Los 80, los 90 y la revolución cultural

En estas décadas, por lo ya escrito, se dio una verdadera revolución cultural, pues las demandas de aquel primigenio movimiento lésbico-gay, ligadas a las reflexiones de varios librepensadores, propiciaron poco a poco una apertura a varios niveles en amplios sectores de la sociedad mexicana, tan arraigada en ciertas costumbres e hipocresías propias de su también histórico conservadurismo.

El tiempo ha pasado. Hay muchos muertos y asesinados de por medio. Se han dado grandes batallas. En la actualidad se ejercen en varias partes del país muchos derechos que escaparían al imaginario de los años 60 del siglo pasado, y con la última propuesta presidencial para modificar el artículo 4to. de la Constitución así como el Código Civil Federal se espera hacer realidad la madre de todos los derechos: el matrimonio igualitario en todo México.

Ya hemos tenido diputados de la comunidad. Hoy existe el matrimonio igualitario por ley en algunas entidades, hoy las personas LGBTTTI ahí pueden besarse en la calle, hoy pueden construir y constituir sus amores bajo un millón de esquemas y sin miedo, hoy pueden ser legalmente de otro género, hoy pueden conformar familias en la diversidad, hoy pueden tener o adoptar hijos, hoy pueden travestirse, hoy pueden machorrear, jotear y hablar no sólo de antros, de concursos, de disfraces, de política, de atentados en el país y en otras partes y de desmadre… Sí, hoy podemos, si eso nos place.

Y sin embargo, sí, hoy en día paradójicamente también van en aumento los crímenes de odio, hoy continúan sin pudor los llamados a la exclusión del diferente, la radicalización de los extremismos religiosos y políticos, la inacabada discriminación, un enorme olvido y, sobre todo, una renovada y absurda división, que, para el caso, nos habrá de recordar que sí, que ayer hubo y hay una marcha… ese eco festivo de un otrora gran y precursor movimiento de liberación sexual en nuestro país.

Aún hay mucho por hacer. Hay mucho que reflexionar.

Cerremos junio, pues, llevando el Orgullo bien en alto.

 

* Roberto Rueda Monreal es politólogo, traductor literario, articulista y escritor.

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