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La masacre de Berlín, la negligencia de Tultepec
Lo de Tultepec es corrupción y mala regulación, dos razones por las que mueren más personas en el mundo que por un atentado terrorista.
Por Blog Invitado
21 de diciembre, 2016
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Por: Melissa González Caamal (@MelissaCaamal

Se cumplió apenas un día de diferencia entre el ataque a un mercado navideño de Berlín y el incendio del mercado de pirotecnia de San Pablito, en Tultepec. Del primero han sido 12 muertos hasta el momento y más de medio centenar de heridos al ser arrollados por el camión; mientras que en Tultepec, según el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, han sido 29 muertos registrados y 72 heridos, además de una lista que asciende a los treinta desaparecidos.

No es un afán de jerarquizar muertes, ni de comparar cifras, sino de dimensionar que el primero fue un “ataque” el cual se atribuyó el Estado Islámico, que igualmente deriva en la muerte de personas inocentes; pero a diferencia de éste, el segundo no es más que el resultado de la mala regulación y de la corrupción. Mientras que en el archivo Berlín fue una masacre, Tultepec es negligencia.

Tultepec es un municipio ubicado al norte de la Ciudad de México, cuya principal actividad económica está relacionada con la pirotecnia. “San Pablito” es su mercado más famoso, y quizás el más conocido en el país. Este es un mercado legal a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), que expide permisos que para ser gestionados requieren de documentos emitidos por instancias municipales y estatales reguladas por el gobierno del Estado de México, a través de la Dirección General de Protección Civil en coordinación con el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia.

No es la primera vez que sucede una explosión en “el mercado de pirotecnia más seguro de Latinoamérica”, como lo llamó Juan Ignacio Rodarte Cordero, director general del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia. Ya en septiembre de 2005 ocurrió otra explosión que provocó el estallido en cadena de 700 puestos en el que 300 personas resultaron heridas, sin decesos registrados, y otra más en septiembre de 2006, a pocos meses de ser reinstalado el mercado, en el que 450 puestos estallaron sin que se registraran víctimas —lo cual fue atribuido a las medidas de seguridad tomadas después del incendio anterior—.

El presidente municipal de Tultepec, Armando Portuguez Fuentes, del PRD, quien ha sido electo por tercera ocasión después de haber gobernado durante los períodos comprendidos de 2003 a 2006 y de 2009 a 2012, y luego de haber sido diputado local por el distrito XIX del Estado de México, vuelve al gobierno municipal con un incidente más al iniciar su actual período (2016-2018). Éste tuvo lugar el 21 de marzo, en el que se registraron al menos 3 muertos y 12 lesionados por el estallido de un taller denominado clandestino por el gobernador Eruviel Ávila Villegas.

La existencia de la clandestinidad tampoco es nueva en el municipio. Son conocidas por los habitantes las casas que fungen como almacenes (la ley prohíbe la existencia de polvorines y almacenes a 100 m de líneas de alta tensión, de ferrocarril y de carreteras principales y a 150 m de casas habitación) que anteriormente han tenido consecuencias desastrosas. Incluso a pocos metros del Palacio Municipal se erige un mercado ilegal que ofrece mejores precios y más variedad, todo frente a las narices de las autoridades. Es difícil ver este mercado paralelo, ante el panorama descrito, como algo menor a una bomba de tiempo.

A la competencia a la que se enfrentan, según los comerciantes, se suma la extorsión a sus clientes por parte de la policía de Tultepec, Tultitlán y Ecatepec, que amenazan con llevarlos al Ministerio Público, esto a pesar de que el artículo 60 del Reglamento de la Ley de Armas y Explosivos permite la compra y transportación de hasta 10 kilogramos de juguetería pirotécnica.

Además, advierten que la producción china disminuye las ventas por sus reducidos precios. Esto a pesar de que entre los requisitos para mantener la opinión favorable de la SEDENA se encuentra “no comercializar artificios pirotécnicos de procedencia extranjera”, pues de no cumplir con este punto “el propietario será consignado ante la autoridad federal competente y se cancelará su permiso”. No es únicamente una medida de protección a la producción artesanal local, es también una medida de seguridad, pues la diferencia entre uno y otro es que la velocidad con la que los cohetes chinos prenden es menor, y por lo tanto más peligrosa.

La pirotecnia por sí misma resulta un negocio riesgoso, pero sumado a las condiciones bajo las que se lleva a cabo en Tultepec, es mortal. Suponer el fin de la pirotecnia resulta descartable por ser el sostén económico del municipio y por el valor cultural que tiene en las prácticas de los pueblos de nuestro país. Si se prohíbe seguirá existiendo y entonces sí controlarlo será imposible. Ante esto, la regulación sigue siendo el mejor camino.

Ahora que la noticia de San Pablito resuena en el mundo, y sin enemigos tan “grandes” como lo es el Estado Islámico y lo que mundialmente la narrativa construida alrededor de éste representa, hoy un enemigo conocido se asoma entre las listas de decesos, y no es un enemigo exterior.

Los cacicazgos municipales, la clandestinidad que funge como un sistema paralelo que hace más fácil el no cumplir la ley a hacerlo, la incompetencia de las autoridades para regular, ejecutar y sancionar, todo ello confluye al ser síntomas de un gobierno que sólo llega como lo hizo hoy literalmente: para apagar el fuego.

Entre la noche del lunes en Berlín y la tarde del martes en Tultepec, tomando únicamente estos dos hechos que poseen factores comunes como referencia, mueren más personas en el mundo por corrupción y mala regulación, que por un atentado terrorista.

 

* Melissa González Caamal es estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública de la UNAM.

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