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La no validación de estudios como “política” de educación en México
Pensé que lo más difícil sería sobrevivir uno de los rechazos más fuertes que uno puede experimentar –el de ser expulsada del país que te vio crecer. Aún más doloroso fue llegar a otro país, al cual debería de “pertenecer” por el simple hecho de ser ciudadana, y descubrir que no se me reconocería mi trayectoria académica. Es decir, en México, ante entidades de gobierno como la SEP, mis estudios extranjeros no valen.
Por Nancy Landa
14 de abril, 2015
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Fue hace cinco años cuando me confronté con un monstruo burocrático al que desconocía. Tras un retorno forzado a México después de cursar toda mi carrera académica y profesional en Estados Unidos, no fue suficiente acreditar mi identidad mexicana para que se me reconocieran mis estudios cursados en aquel país donde viví como indocumentada. Pensé que lo más difícil sería sobrevivir uno de los rechazos más fuertes que uno puede experimentar –el de ser expulsada del país que te vio crecer. Aún más doloroso fue llegar a otro país, al cual debería de “pertenecer” por el simple hecho de ser ciudadana, y descubrir que no se me reconocería mi trayectoria académica. Es decir, en México, ante entidades de gobierno como la SEP, mis estudios extranjeros no valen.

Mi caso no es atípico. Más de medio millón de jóvenes dreamers han regresado a México y han sido afectados por la ausencia de una política que les permita revalidar sus estudios en Estados Unidos, una negligencia de la SEP. El requerimiento de la revalidación constituye el mayor obstáculo al reconocimiento de estudios superiores de dreamers que ahora se encuentran en México.

El laberinto de la burocracia

A la mayoría de dreamers retornados no se les reconoce sus estudios superiores. Actualmente, la revalidación requiere una serie de documentos que sólo se pueden obtener desde el extranjero: e.j. el título o diploma, el certificado de calificaciones oficiales, y la Apostilla de dichos documentos, la cual autentifica el origen del documento público, NO su contenido, para su uso en el extranjero.

Un dreamer que ha sido deportado o forzado a regresar a México no siempre tiene la posibilidad de contar con la documentación requerida para revalidar sus estudios porque ésta frecuentemente no ocurre. Son pocos los que corren con la suerte de tener familiares o amistades que puedan acudir a sus escuelas en Estados Unidos en su representación y obtener los historiales académicos, mismos que después requieren llevarse a la oficina de la Secretaría de Estado, dentro del estado donde se cursaron los estudios, para solicitar la Apostilla. Este proceso tiene que hacerse para todos los estudios cursados en el extranjero, pues la revalidación del máximo nivel de estudios alcanzado requiere de la documentación de todos los niveles previos.

Aparte de la dificultad que pueda traer la obtención de los documentos, los costos incurridos por las traducciones de inglés a español por un perito traductor oficial hacen menos accesible este trámite. Al costo de traducción ($200 dólares en promedio), se le suma el de la Apostilla (5-20 dólares), y  también el cobro por procesar dicha documentación en México. Son muy pocos los que llegan a ver la luz dentro de este laberinto burocrático que además tiene precio. No hay ninguna persona o área en la SEP que te guie en el proceso. Con los recursos e información que pude acceder por mi propia cuenta, yo pude descifrar el camino que me llevó al reconocimiento de un bachillerato general. Sin embargo, la revalidación de mis estudios universitarios se perdió en la oscuridad y nunca sucedió. ¿La razón? El requerimiento de la equivalencia académica.

El Acuerdo número 268 (2001) de la SEP establece el procedimiento de revalidación y en su sección 25.1 requiere que el contenido de un plan de estudio extranjero sea el 75% equiparable con uno en México, lo que ya se ha identificado como un requerimiento restrictivo y obsoleto. En el caso de que yo hubiera procedido con la revalidación de mis estudios universitarios, el requerimiento de equivalencia académica hubiera impedido una revalidación total de mi título en Administración de Negocios. En el mejor de los casos, solo tendría una revalidación parcial y hubiera tenido que cursar materias adicionales para completar en México una carrera que ya había terminado en Estados Unidos. Es injusto tener que tomar clases adicionales para que se me acredite una carrera que no requiere una especialización en México (como lo puede ser medicina o leyes) para poder ejercerla. La industria privada  recibió mi diploma universitario, el mismo que todavía no es reconocido por la SEP de manera automática. Con el transcurso del tiempo me di cuenta que sería mucho más fácil irme de México a estudiar un posgrado al otro lado del mundo donde no me pedían una revalidación. En otro país donde NO soy ciudadana, sí me hicieron válidos mis estudios. Irónicamente, me fui al exterior como becaria de CONACYT apoyada por el gobierno mexicano.

La SEP, alejada de la realidad que enfrentan los jóvenes dreamers retornados

El 25 de marzo de 2015, el secretario Emilio Chauyffet tuvo una reunión con prensa extranjera para dialogar sobre los avances de la reforma educativa y por primera vez en un foro público hizo referencia a la problemática de acceso a la educación de dreamers retornados. El secretario Chauyffet reconoce que la SEP no ha actualizado sus programas operativos desde el 1992, es decir, los procedimientos de la SEP se han quedado en un mundo que no responde a las necesidades actuales de los estudiantes mexicanos, incluyendo los dreamers que retornan a un sistema educativo que los discrimina.

La solución a la problemática no requiere cambios constitucionales, sólo voluntad política para resolver un “pequeño” problema del sistema educativo que afecta a cientos de miles de jóvenes que desean continuar su educación en México. El Secretario Chauyffet dejó claro que el canal adecuado para el desarrollo de una solución está dentro de la competencia de la SEP en donde los paneles de carácter legislativo, compuestos por expertos en el tema, podrán trabajar en una iniciativa que se pueda presentar al ejecutivo o al Senado de la República. Recientemente, el Senado a través de un Punto de Acuerdo resalta la necesidad de flexibilizar los criterios de equiparación en la revalidación de los estudios realizados en el extranjero por los jóvenes repatriados o retornados. Ahora se requiere que la SEP tome las medidas adecuadas y deje la negligencia a un lado.

Hay que destacar que dicha propuesta debe considerar todos los obstáculos que impiden el reconocimiento de los estudios que afectan a los dreamers. No sólo puede ser la de expeditar el trámite con la uniformidad de procedimientos como lo plantea el secretario Chauyffet. La solución tiene que desechar el proceso de revalidación por completo y buscar alternativas que efectivamente integren este capital humano a México. Como modelo tenemos un acuerdo que recientemente estableció el gobierno de Enrique Peña Nieto con el Reino Unido para un reconocimiento automático de estudios superiores. Me pregunto, ¿por qué no se empujan estos tipos de acuerdos con Estados Unidos?

La migración de retorno pone en evidencia una política restrictiva que ya lleva años alejando el capital humano. Con el incremento en las deportaciones y retornos forzados debido a la criminalización de la política migratoria de Estados Unidos, los jóvenes retornados que llegan a México con estudios medios superiores y universitarios han sido sujetos a la discriminación institucional por el simple hecho de haber estudiado en el país vecino. Esta situación ya no puede ser ignorada por la SEP y el mismo secretario Chuayffet puso un plazo para la solución: “no pasa de este año en tener una reforma”. Sólo espero que en el proceso de desarrollo de una propuesta y su implementación se tome en cuenta la opinión de los dreamers en México, ya que somos nosotros quienes entendemos con mucha más claridad el impacto de las políticas públicas actuales -la invalidación de facto de nuestros estudios universitarios.

 

* Nancy Landa (@mundocitizen) ha trabajado en proyectos de incidencia y participado en foros públicos para dar visibilidad a la población de dreamers en México, incluyendo el tema de la revalidación de estudios. Su experiencia de retorno forzado ha sido incluida en dos libros: Dreamers (2013) de Eileen Truax y Los Otros Dreamers (2014) de Jill Anderson y Nin Solís. Colabora para publicaciones como Latina Lista y tiene su propio blog bilingüe Mundo Citizen.

 

 

 De acuerdo a las investigaciones realizadas por la Dra. Jill Anderson, en la última década han regresado a México más de medio millón de jóvenes dreamers– entre los 18 y 35 años. Fuente: “Los Otros Dreamers” (Anderson y Solís 2014).

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