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La tortura como método para fabricar culpables: el caso de Hugo Martínez en la Ciudad de México
Hugo Martínez Gorostieta fue acusado falsamente y sentenciado por dos delitos de secuestro; actualmente se encuentra en el Reclusorio Norte, en la Ciudad de México, donde lleva casi 13 años separado de su vida, su familia y comunidad.
Por Blog Invitado
17 de septiembre, 2021
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Por: Familia Martínez León y el Grupo de Sobrevivientes de Tortura y Red Nacional de peritos/as y Expertos/as Independientes Contra la Tortura 

En el año 2008, el procurador de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, aparecía en los medios de comunicación constantemente hablando sobre el supuesto éxito de sus estrategias de combate al crimen; resultaba frecuente ver notas periodísticas en las que se hablaba de grandes operativos que “desmontaban” peligrosas bandas criminales y se presentaba públicamente a los presuntos culpables de los más diversos y graves delitos. Pese al protagonismo de esta narrativa, en los años siguientes se fue develando la verdadera “estrategia” de la entonces procuraduría: la entrega de incentivos monetarios o “bonos” a agentes policiales por cada persona detenida, en conjunto con una creciente presión institucional por presentar buenos resultados, lo que fue derivando en una práctica cada vez más frecuente de detenciones arbitrarias y uso de la tortura para fabricar culpables, miles de personas a quienes -a punta de abusos, agresiones y amenazas-, se les crearon delitos y se les forzó a autoinculparse e inculpar a otros y a guardar silencio mientras eran sentenciados a pasar décadas recluidos en las cárceles del país.

Es en el contexto en que fue detenido Hugo Martínez Gorostieta, un hombre hoy de 48 años, casado con Silvia León -a quien conoció desde la adolescencia y quien ha sido su compañera desde hace más de dos décadas-, y con quien tuvo un hijo que, al momento de su detención, tenía apenas 13 años y cursaba segundo de secundaria. Hugo fue acusado falsamente y sentenciado por dos delitos de secuestro; actualmente se encuentra en el Reclusorio Norte, en la Ciudad de México, donde lleva casi 13 años separado de su vida, su familia y comunidad.

Pese a los múltiples recursos que tanto él como su familia han presentado, y a una recomendación emitida por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México 1, la voz de Hugo no ha sido escuchada por las instituciones capitalinas, y ha sido Silvia, su esposa, quien ha pasado los últimos 12 años luchando por obtener su libertad, la verdad y la justicia.

En todos estos años Silvia no ha cesado en esta lucha, con todos los impactos que ha significado, y hoy nos narra lo que para ella, para Hugo y toda su familia ha significado la detención arbitraria, tortura y privación de la libertad de su esposo, y que desde 2008 cambió sus vidas por completo:

El 29 de octubre del 2008 mi esposo, Hugo, fue privado de la libertad de manera violenta a las afueras de la empresa Bimbo, en la Ciudad de México, donde llevaba trabajando ya 5 años y 8 meses. Alrededor de las 18:00 horas, varias personas vestidas de civil que no se identificaron y con pistola en mano, lo obligaron a bajar de la camioneta en la que iba, lo subieron a la fuerza en otro vehículo y lo aventaron en el piso de la parte de atrás, dos personas se subieron con él y comenzaron a pisarlo diciéndole que “ya había valido madre”, Hugo les preguntaban quiénes eran y qué querían, pero ellos solo se reían y hablaban por radio.

Después de varios minutos en movimiento hicieron un alto total y las personas que lo pisaban se bajaron del automóvil, fue apenas ahí cuando Hugo pudo levantar la cabeza e identificó que estaban afuera de Six Flags; al poco rato, las personas que lo detuvieron subieron nuevamente y emprendieron la marcha una vez más hasta llegar a un lugar donde lo obligaron a bajar con la cabeza abajo, pese a esto, Hugo alcanzó a ver que se encontraban en una especie de predio baldío, con piso de terracería y árboles. Ingresaron a una vivienda tipo cabaña, de madera, donde había una mesa, sillas y un pizarrón con fotografías, para Hugo ese lugar fue el inicio de lo que llamó después “el infierno”.

Las personas que lo tenían, hombres y una mujer, le decían que tenía que decir que era el líder de una banda de secuestradores y que él había planeado “los secuestros”; le mostraban fotografías de otras personas y le decían “vas a decir que sí los reconoces”; cada vez que él se negaba le colocaban una bolsa de plástico en la cabeza, como trataba de jalar aire le tapaban a la vez boca y nariz, le pegaban en el estómago hasta que se desmayaba y, luego, para reanimarlo le daban toques eléctricos en los testículos, volvían a preguntarle si haría lo que le indicaban o “iba a seguir de valiente”, lo amenazaban con quemarlo ahí mismo y le decían que nadie sabía dónde estaba.

Tras un buen rato de esta dinámica Hugo cuenta que ya estaba agotado y que sentía mucho, mucho miedo, por eso terminó aceptando lo que le pedían.

Lo volvieron a llevar al automóvil y, de la misma manera que al inicio, se lo llevaron a la agencia 50 del Ministerio Publico, conocido como “Bunker”, en la misma capital. Al llegar ahí la tortura siguió, lo recibió una persona alta y fornida a quien se dirigían como “comandante”, esta persona le decía “vas a firmar lo que te entreguemos y no intentes pasarte de listo, porque ya tenemos gente afuera de tu domicilio y vamos por tu esposa y tu madre”, junto con estas amenazas le enseñaron fotos de la fachada de nuestra casa, además tenían su credencial de elector y su licencia de conducir pues cuando lo detuvieron le habían arrebatado su cartera.

Hugo les dijo que necesitaba avisarle a su familia primero y, nuevamente, les dijo que no firmaría por un delito que él no había cometido, ahí mismo le volvieron a colocar la bolsa en la cabeza y se desmayó. Cuando lo volvieron a reanimar observo que había varias personas en el lugar, riéndose y diciendo “¿no que muy valiente?”, le insistieron “¿vas a firmar o quieres seguir de valiente?”, y de nuevo Hugo aceptó firmar. Él les decía que le permitieran hacer una llamada a su familia porque tenía miedo y quería avisarnos donde estaba, para él esta era una manera de sentirse a salvo.

En el Bunker lo llevaron a un lugar donde comenzaron a sacarle fotos y el “comandante” se reía mientras le decía “ya valiste madre, mañana serás noticia”, le pegaba en la cabeza y en tono de burla le decía “párate bien”, después lo llevó a un cubículo donde se sentó frente a una computadora e imprimió unas hojas que le entregó para que firmara.

Lo llevaron al servicio médico en varias ocasiones, siempre acompañado por policías judiciales, en esas ocasiones el médico legista lo vio en mal estado y le preguntó si le habían hecho algo pero él, por miedo, no le dijo nada; el propio médico pidió a los policías que los dejaran solos y se hizo de palabras con ellos hasta que salieron, Hugo pudo ver que el doctor anotó las lesiones que tenía, sin embargo, ese dictamen fue desaparecido del expediente tiempo después.

Después de haber firmado es apenas que le permiten hacer una llamada. Fue detenido el 29 de octubre, a las 18:00 horas y puesto a disposición a las 23:00 horas…. es apenas a las 4:10 am del 30 de octubre que se dejó constancia de la legal detención. Hugo no vio una orden de presentación o aprehensión, no estaba haciendo nada malo, sin embargo, las autoridades lo justificaron como caso urgente.

El 30 de octubre por la mañana fue presentado a los medios de comunicación por el entonces procurador de Justicia del Distrito Federal como el líder de una banda de secuestradores y, por varios días, fue noticia, recibiendo un juicio social, y sin respetar la presunción de inocencia ni el debido proceso. Con todo esto, ¿quién iba ahora a creer en su inocencia? El 01 de noviembre, en su declaración preparatoria en el Reclusorio Norte y ante la juez, Hugo negó la confesión y relató todo lo que había pasado en esas horas tras su detención, no obstante, la juez lo pasó inadvertido.

El 06 de noviembre puse una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, me asesoraron y acudieron a visitar a Hugo al penal, él narró todos los hechos y no tuvimos más seguimiento hasta después de un año en que recibí un telegrama donde se me informaba que daban por concluida mi queja al “acreditar” que los policías había actuado “legalmente” y Hugo se había “declarado confeso”. Desgraciadamente, la institución encargada de analizar el caso, proteger nuestros derechos humanos y darle seguimiento a la investigación no lo hizo. Fue otra gran decepción.

Durante el proceso ingresamos todas las pruebas necesarias para acreditar que Hugo era inocente de las acusaciones, pero para la juez él era culpable, nos enfrentamos a un tribunal de justicia y poder judicial violatorios del procedimiento penal, violatorio a la constitución política y a los derechos humanos.

En el año 2011 llevamos el asunto hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, en audiencia de enero del 2012, la primera sala -y por mayoría de votos-, determinó que efectivamente la detención había sido ilegal, tras lo cual generaron varias directrices para la puesta a disposición ante el ministerio público; pese a estas determinaciones y esta ratificación de las violaciones cometidas, la corte resolvió “para efectos” y nos regresaban al tribunal colegiado. En la segunda revisión del amparo, y después de 3 años de revisar todo el caso, el ministro Arturo Zaldívar volvió a resolver que la detención había sido ilegal, que se violentó su derecho a ser puesto a disposición del Ministerio Público de forma inmediata, así como la responsabilidad penal y administrativa a las autoridades policiacas aprehensoras al provocar una detención sin justificación, que la detención fue inconstitucional, que se produjo afectación a su libertad personal, así como a los principios de legalidad y debido proceso.

La Suprema Corte determinó que su confesión quedaba anulada por la ilegalidad de la detención y la puesta a disposición tardía ante el ministerio público, se resolvió el amparo, una vez más, “para efectos”. El Tribunal Colegiado, sin embargo, seguía negándose a amparar a Hugo e insistía en sostener la sentencia con pruebas ilegales.

Para el 2015 decidimos solicitar a la Comisión de Derechos Humanos de la ciudad que revisara el caso una vez más, de cara a las determinaciones de la SCJN; insistimos mucho como familia y luego de otros 3 años la CDHCDMX emitió una recomendación en la que reiteraba, con base a diversos análisis, pruebas y dictámenes basados en el Protocolo de Estambul que Hugo había sido víctima de varias violaciones a sus derechos humanos.

En ese mismo año iniciamos una denuncia ante los servidores públicos (específicamente los policías aprehensores); en el proceso, Hugo le pidió al ministerio público que solicitara a la Coordinación de Servicios Periciales todos los dictámenes médicos que le realizaron los días 29, 30 y 31 de octubre del 2008, y fue así como se pudo obtener y comprobar que efectivamente existía ese primer dictamen médico desaparecido, y que los policías lo habían ocultado.

En el 2019, y con todos estos elementos, ingresamos un recurso llamado “reconocimiento de inocencia”, sin embargo, este también fue negado; nos fuimos a la revisión del amparo y llegamos al mismo colegiado que en las otras ocasiones negaba amparar a Hugo. En esta ocasión solicité varias veces hablar directamente con la magistrada ponente -la misma que había negado los amparos antes-, y le pude expresar todo lo que para nosotros ha sido buscar la justicia y la verdad por tantos años, le dije que su proyectista sostenía la sentencia con pruebas ilegales, le mostré las pruebas periciales y que el retrato hablado no pertenecía a Hugo. Ella retiró el caso de la lista para resolver en los próximos días y en la audiencia del mes siguiente decidió otorgarle el amparo para su inmediata libertad; desgraciadamente, los otros dos magistrados negaron el amparo argumentando que era un caso que ya había agotado todas las instancias y que inclusive la misma magistrada le había negado el recurso antes, que la misma Suprema Corte de Justicia no había decidido darle la libertad y, por lo tanto, ¿por qué ellos lo tenían que hacer?… Ni siquiera entraron al fondo del análisis, pero decidieron negar el recurso, la magistrada por una hora intentó convencerlos, pero fue imposible y ella terminó entregando un voto particular.

En estos años nos hemos enfrentado con cosas terribles, pero especialmente nos hemos enfrentado a un sistema de justicia penal precario, uno que no investiga, que no respeta y que tiene privada de la libertad a la gente que no puede pagar por esta libertad, que se deja manipular por organismos corruptos y violatorios de los derechos humanos. Es un sistema que, además, tiene al delito de secuestro como consigna, pues todo lo que intenten promover para su defensa las personas privadas de la libertad acusadas por este delito no sólo no va a proceder, sino que ni siquiera se va a revisar y analizar para asegurarse de que efectivamente las cosas se dieron como dicen que se dieron.

La tortura no se debe permitir porque al haber tortura no hay verdad ni esclarecimiento de los hechos, la tortura destruye vidas y familias.

La tortura se debe de castigar, investigar y tener penas severas, así como lo han hecho con el famoso delito de secuestro, porque sólo así se dejará de practicar y se podrá erradicar.

Me gustaría, y para el bien de todos, que el nuevo decreto que ha creado el poder ejecutivo se tome en cuenta realmente para todas las personas que fueron torturadas, que no haya discriminación, que se aplique para todos.

Han pasado casi 13 años desde estos hechos, 13 años en que Hugo no ha podido convivir con su esposa, con su hijo -que es ya un adulto que tuvo que atravesar su adolescencia y desarrollo sin el apoyo de su padre-, con su familia -que ha enfrentado la criminalización y precariedad por culpa de las instituciones capitalinas y su actuar corrupto y abusivo-, con sus amigos/as y comunidad.

Son 13 años en los que Silvia ha dedicado toda su vida a exigir verdad y justicia, tocando puertas, buscando maneras, llevando siempre por delante la inocencia de su esposo.

13 años son ya muchos años… escuchemos la voz de Hugo, la de Silvia y su familia, sumémonos hoy a la exigencia por su libertad, pero también a la exigencia por la verdad y la justicia, así como por la legítima y necesaria reparación que debe acompañar al reciente acuerdo presidencial, porque la libertad no es el fin del camino, sino un paso más.

Les invitamos también a ir hilando las historias, la ya contada por German Heredia Rebollar 2, y ahora la de Hugo Martínez Gorostieta, para ir develando juntos/as, lo que fue y es la tortura en la Ciudad de México, y nos preguntemos ¿quién tortura y para qué?, ¿a quiénes les sirvió fabricar culpables bajo tortura?

* El Grupo de Sobrevivientes de Tortura está conformado por 15 sobrevivientes de tortura liberados, 11 privados de su libertad y por 30 familiares. Contacto: [email protected].

 

 

1 Disponible aquí.

2 Disponible aquí.

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